2019: Escasez Vs Abundancia

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Con la memoria fresca de los días festivos motivados por el fin de año 2018 y la resaca de los gastos por los diversas compras decembrinas y primeros días de enero de este ya entrado 2019, sopeso la cartera mientras llego a una larga fila (de dos a tres cuadras, quizá un kilometro) de vehículos que se encuentran formados para dotarse del preciado líquido, que ya se aludía, por su escasez, en la película apocalíptica del año de 1976 Mad Max, la gasolina. Así recibo el año en la capital mexiquense.

Nada de que extrañarse, algunos brotes de violencia verbal entre conductores de taxis y otros abusivos tratando de adelantar el turno; permanezco expectante a mi pretensión de escuchar el conocido bip, bip de la bomba despachadora anunciando la conclusión de la carga, que por lo visto no sucederá hasta dentro de un par de horas.

Ideas antagónicas se cuelan en mis reflexiones; una de las palabras más utilizadas en los pocos mensajes que envíe con destino a algunos familiares y amigos por inicio del año venidero, hacían referencia a la abundancia, vista desde la idea donde cada Ser en sí ya es parte de ella o como la cultura Zen lo considera en la meditación, la mente Es un infinito océano silencioso que habita en nuestro interior; no se debería desear tener abundancia, sino  la prevalencia de la misma; en fin, me pregunto ¿Me falta gasolina (escasa) o me sobra tiempo (abundante), o quizá tengo –en este océano– la oportunidad de asumir mi silencio?.

Los autos avanzan, pronto será mi turno; ahora que fui de visita al pueblo (lugar donde nací), recuerdo el comentario que me hicieron acerca de un amigo que perdió la vida en un choque automovilístico, su nombre, cual sombra, me ha llegado, como cuando niño siempre acudía a nuestra cita a jugar, dijeron que manejaba un compacto, quizá parecido al coche rojo que está adelantándose en la otra fila.

Reflexión, tiempo, escasez, inmensidad, ausencia, son palabras que me incitan a rememorar un poema de Alfonso Reyes:

Ausencia

De los amigos que yo más quería
y en breve trecho me han abandonado,
se deslizan las sombras a mi lado,
escaso alivio a mi melancolía.
Se confunden sus voces con la mía

y me veo suspenso y desvelado
en el empeño de cruzar el vado
que me separa de su compañía.
Cedo a la invitación embriagadora,
y discurro que el tiempo se convierte
y acendra un infinito cada hora.
Y desbordo los límites, de suerte
que mi sentir la inmensidad explora
y me familiarizo con la muerte.

¡No es posible!, se oyó gritar a tres carros adelante de mí, justo donde el despachador colocaba un cono rojo en señal de que ya nadie más pasaría, alguien aclaró se acabó la gasolina, no quise escuchar más, solo me limité a encender el automóvil, mover el volante para retirarme y cavilar que me faltarían sucesos abundantes para llenar el infinito océano que albergo en mi silencio –me familiarizo con mi deceso–, ya habrá gasolina o forma de cómo trasladarme.

Amigos todos, lectores de un servidor, aprovecho para hacerles llegar, mediante estas breves líneas, el mejor de los deseos, sobre todo, que en este 2019 la abundancia continúe invadiendo su interior (silencio y meditación) y les permita proveerse de la salud y/o armonía requeridas para hacer frente a las ausencias o carencias  –auto creadas o no–, del contexto actual de nuestras diversas formas de vida. Mi estima siempre.