¡300 horrores!  

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Nop, no se trata de las últimas declaraciones de Nicolás Maduro, ni tampoco de alguna de las repeticiones de las negociaciones de la histórica huelga en la Universidad Autónoma Metropolitana.  Por supuesto que no hacemos referencia a las “pifias arbitrales” que dejaron fuera al campeón América (jajaja), ni a los puntos que miden la calidad del aire de nuestros México.

¿Podrían ser la cantidad de muertos semanales en el territorio nacional?, obvio no, porque nos quedaríamos muy cortos; entonces ¿La cantidad de visitas y trámites que debemos cubrir para tener derecho a una cita en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS)?, mucho me temo que tampoco.  (Saludos cordiales a las autoridades del HGZ1 en la Ciudad de Pachuca, cuya incapacidad y necedad merecen un monumento a la ineficacia)

Simplemente se trata de una alusión a las trescientas columnas de “horrores educativos” que gracias a ustedes, gentiles lectores, se concretan el día de hoy.  Se dice fácil, pero son trescientas semanas en las que se ha buscado un revulsivo para que las personas, como usted y yo, hagamos un poco de conciencia sobre el quehacer cotidiano, para ver si en algún momento podemos aspirar a ser tantito mejores.

Hemos tratado de plantear las cosas con naturalidad, ahí en donde todos buscan soluciones, nosotros buscamos problemas; esa es la naturaleza del periodismo, buscar en donde muchos no buscan para encontrar lo mejor y lo peor de una sociedad, tristemente lastimada como la nuestra.

Una tarea titánica que genera polémica y que en muchos casos, por la dureza de las palabras utilizadas, han generado un resquemor que, espero, con el tiempo se convierta en acción para modificar aquello que a todas luces está en el camino equivocado.

No se trata de posturas mojigatas o puritanas, sino de formas de interpretar la vida que buscan la generación de sinergias positivas que unan a las familias, ayuden a los grupos vulnerables, motiven a los profesores, den algo de sensibilidad y sentido común a los padres y hagan despertar a las autoridades.   Nada, absolutamente nada se logra si no existe un convencimiento que comienza por reconocer que nuestra condición humana nos hace hacer, decir y pensar muchas cosas horrorosas.

En un mundo en el que se privilegia la libertad, la opinión debe tener un peso más ponderado en los grupos sociales; mil veces que se enojen por lo que se dijo o escribió, que por lo que se dejó de decir.  Eso es cobardía, y el país no está para andar calladitos y asentando la cabeza a todo aquello que no nos parece.

Decir gracias es lo menos que puedo hacer; por la lectura, por la paciencia, por el razonamiento, por la lealtad, por aguantarnos.

Empíricamente he tenido muchos modelos, que me han dado un estilo; Sergio Sarmiento, Germán Dehesa, Gerardo Galarza, Pablo Latapí, y muchos otros que ahí están.

Amenazo con regresar la siguiente semana; si ustedes lo siguen permitiendo  ¡Gracias!

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