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Déjenme contarles que… Rata Blanca

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La banda heavy argentina con mayor proyección internacional celebra tres décadas de existencia con un tour donde da vida a los temas más representativos de su carrera. Dicha gira pasa por México: once fechas que incluyen principalmente centro y norte de un país que les ha acogido siempre como la gran banda que son. Luego de Pachuca y Cuautitlán, Rata Blanca llega al Salón Rojo de Toluca para un encuentro con sus fans pactado el 9 de septiembre a las 20:00 horas.

 

A las afueras del recinto todo parece una noche normal. Podría pensarse en una cancelación de última hora pero afortunadamente no es así. Hay si acaso, algunos puestos de playeras, discos, accesorios, cualquier souvenir; no hay fila para el acceso, no hay gente pidiendo a gritos abrir las puertas.

Son las 19:40. Al interior del salón unas cuantas almas se pegan a la valla que resguarda el escenario, nadie empuja, nadie pelea por el mejor lugar; otras hacen fila –aquí sí la hay- para comprar una cerveza. La gente va entrando a cuentagotas pero entra y no dejaría de hacerlo.

Mientras llega la hora, movemos los pies y la cabeza al ritmo de los himnos por todos conocidos de AC/DC, Twisted Sister, Quiet Riot o Deep Purple que salen por las bocinas, encargadas de reducir la inevitable desesperación.

Ocho con veintisiete minutos, Danilo Moschen y Pablo Motyczak, los últimos alineados de la banda suben al escenario y con toda calma se acomodan detrás de sus instrumentos. Enseguida sus compañeros ya están arriba también, y sin decir agua va, descargan ‘Los chicos quieren rock, segundo corte de su último álbum “Tormenta Eléctrica” editado en 2015. La gente que estaba sentada, de inmediato se agolpa al frente, todos queremos ser parte de esta esperada noche.

Todavía no se digiere la enérgica entrada cuando Walter ya está haciendo el riff de ‘Sólo para amarte’, tema cantado originalmente por Saúl Blanch en aquél lejano 1988 en “Rata Blanca”, pero que Adrián Barilari ha hecho suyo desde siempre. Se esbozan pequeños saltos de un público que lleva en el rostro el paso de estos treinta años, un público maduro que lo sabe: a estas alturas ya no es tan urgente liberar sus emociones a brincos, es un público que se reserva, que –debe hacerlo- dosifica  la energía: entiende que esto apenas comienza.

Muy buenas noches, Toluca”. Adrián, la voz de la Rata saluda a los asistentes. “¿Cómo están? Muchas gracias por acompañarnos esta noche”. Gritos. “Se les ve con ganas de Rock and Roll”

Suena La otra cara de la moneda’, contenida en el discazo de 2005 “La llave de la puerta secreta”, la gente corea de principio a fin.

Ahora la banda guarda un silencio donde sus seguidores encajan un poderoso ¡Rata!… ¡Rata!… ¡Rata!…

Es el turno de algo de 2008,   ‘El círculo de fuego’ preciosamente ejecutado por el cantante.

He presenciado conciertos de otros grupos igualmente longevos y donde más pega el paso del tiempo es en los cantantes. Algunos van perdiendo poco a poco su potencia al grado de tener que hacer arreglos instrumentales, bajar notas y disimular la lejana gloria. Pues el pequeño Adrián no es de esos, Adrián demuestra que el talento y el poder no tienen molde.

Mientras Giardino cambia de guitarra, Barilari agradece los aplausos por este tema y por todos los aplausos que han tenido lugar a través de la historia de Rata Blanca.”Felices de estar en este maravilloso país”. Agradece por los treinta años de apoyo e invita a vivir con ellos esta fiesta.

Con ‘Rock and Roll Hotel’ se despliega todo el poder de los músicos, Danilo y Pablo sortean perfectamente los coros.

En el escenario aparece un Walter Giardino con texana, carga una guitarra negra de doble mástil con la que juega un poco, luego comienza la primera canción directamente para las chicas: ‘Ella’ de VII (1997), tomo fuertemente la cintura de mi chica y le grito la canción al oído. Este es quizás el álbum de menos renombre entre la discografía de Rata, donde el encargado de las voces era Gabriel Marian. Por el contrario de ‘Solo para amarte’, aquí sí hay una gran diferencia tanto en voz como en estilo, ‘Ella’ suena rara en voz de Adrián.

Se oye el teclado de Danilo Moschen, quien vino a suplir a Hugo Bistolfi. ‘Días duros’ está entrando suavemente y promete golpear con fuerza. ¡Ahora sí! Comienza el concierto. Lo digo porque hasta hace un momento este público no parecía vivo, mas basta sólo una señal de Adrián para levantarnos a todos en el aire. Es increíble cómo alguien tan pequeño tiene tanta chispa, tanta energía, tanta fuerza, tanto ángel.

La gente hace coros ininterrumpidos hasta el fin de la canción y Adrián reconoce la labor “¿Seguimos cantando?”

Aún estás en mis sueños’, más para las chicas que se hacen presentes coreando, balanceándose al compás de la guitarra.

“Este es el México que amamos… ¡caliente!”

Continúan las baladas. ‘Talismán’ confirma a las chicas como las consentidas de la noche… como deberían serlo toda la vida. Walter amplía los solos, extiende la canción manteniendo el momento romántico entre las parejitas que se dieron cita.

Un reflector está averiado desde temprano y mientras banda y público hacemos lo nuestro, un técnico también realiza su labor en las alturas, entre la estructura de luces. Se gana el aplauso de todos apenas se abre la oportunidad.

Walter comienza un jam con su guitarra, lo alcanzan sus compañeros y esto poco a poco se convierte en un hermoso blues que hace recordar a su compatriota Pappo… grande Papo.

 “¿Hay brujas en Toluca?”, pregunta el cantante que regresa a su sitio. Los riffs de ‘Agord la bruja’ del brevísimo “El libro oculto” del ’93 caen fuertes. La voz de Adrián luce espectacular. Walter Giardino imponente, monstruoso en el solo. La química de la banda fluye. Lo contrario sería completamente raro después de las tres X. Aunque recordemos que esta banda ha pasado por todo, desde la rotación de todos sus integrantes, siendo Walter Giardino –el fundador- la única constante hasta el rompimiento que se dio en 1997, para regresar a los escenarios en el 2000.

Otra vez Danilo monta la base para hacer sonar el single de “Tormenta Eléctrica”. En lo personal, este momento es mágico. Hay tanta historia detrás de esta canción, no por su temática, sino por ser el soundtrack de un montón de eventos tanto buenos como no tan buenos para este par de amorosos que corean a todo pulmón celebrando la vida. Hablo de ‘Tan lejos de aquél sueño’.

Fernando Scarcella quien recientemente celebró su cumpleaños golpea sus tambores y empieza un juego con la gente pero ésta no atrapa el ritmo a pesar de que Adrián viene en su auxilio. Por más intentos, nada, la comunicación no fluye. Fer abandona y  golpea con más rabia –en el buen sentido de la expresión-, Walter, Danilo y Pablo lo siguen para interpretar una de las más esperadas de la noche: ‘Volviendo a casa’, recuerdo a mi amigo Javi y le envío un audio por WhatsApp. También hay muchísimo qué decir acerca de este corte.

Con esto, los argentinos desaparecen del escenario.

Su público fiel no deja nunca de laurear con un clásico ¡Oéh, oéh, oéh! ¡Rata, rata!

Mientras esto sucede, se escucha el ‘Intro’ de “La llave de la puerta secreta” y  el ¡Oéh, oéh, oéh! ¡Rata, rata! Se superpone a la grabación.

Los aludidos responden al llamado y se montan ‘La llave de la puerta secreta’, a mi consideración, una de las mejores composiciones de la banda. Todo lo que hace Walter Giardino sobre el escenario es deslumbrante, pero este solo siempre será un punto y aparte. Danilo hace unas armonías preciosas, la batería a doble bombo contagia a los latidos en el pecho, el bajo aquí tiene una mayor oportunidad y Pablo no decepciona en nada, haciendo sonar los acordes heredados por el querido Guillermo Sánchez (q.e.p.d.); y bueno, ya lo había dicho pero lo repito: Adrían, siempre Adrián quien no viene a especular, viene a darlo todo y a quedarse con nada. Se amalgama un quinteto de músicos de un súper nivel.

Ligada viene ‘Guerrero del arcoíris’ del álbum del mismo título aparecido en 1991. Por mucho, mi disco favorito. Disco que me prestó Javi, por cierto, con el que inició mi gusto eterno por el heavy metal. Aquí también se multiplica Walter quien ya nos tenía en la bolsa desde las primeras notas de la noche.

El encuentro está llegando a su fin y el cuerpo lo sospecha y a la vez agradece. Adrián no concede un solo descanso, si se está aquí, hay que dejarlo todo aquí.

Siempre con espacio para el amor vuelven a la carga con uno de los himnos del legendario “Magos, espadas y rosas” (1990): ‘Mujer amante’ pone a todo el mundo a volar. Las chicas se abrazan, se cantan entre ellas. Los hombres; hasta el más barbón, greñudo, rudo y mal encarado  está derramando ternura, está conmovido ya sea por la belleza en la melodía o por la nostalgia en la memoria. El ambiente huele a otro tiempo, la mirada ve hacia otro tiempo, el alma vibra como en otro tiempo.

Son treinta años en que una banda ha acompañado nuestras vidas, treinta años que hemos pasado escuchando sus discos. Treinta años de música. Rata Blanca tiene nuestra vida y nosotros tenemos la suya.

Se apagan las luces y de súbito nos sacude ‘La leyenda del hada y el mago’. No. No hay canción más poderosa de Rata en vivo que ésta. Walter Giardino, Adrián Barilari, Fernando Scarcella, Danilo Moschen y Pablo Motyczak cierran una velada soñada por todos los que estuvimos ahí y también por los que no.

Fue un concierto a la altura de la celebración.  Regularmente Rata Blanca se había presentado en Toluca para cerrar festivales larguísimos donde se presentaban más de veinte bandas, las llamadas Expo Rock. Esta vez lo hizo en otro tipo de escenario, sin banda telonera, sólo ellos y su rock and roll.

 

Lo que sí y lo que no

Sí: La asistencia de gente joven y sobre todo de chicas por igual número que hombres hace ver que estamos evolucionando. A pesar de la falta de propuestas actualmente en el rock, la juventud se acerca a uno de los últimos exponentes dignos de este género dejando claro que difícilmente va a morir.

No se registró ningún percance, la violencia no se vio por ningún lado. En todos los conciertos anteriores había siempre una rencilla, alguna persona ensangrentada, algún empujón, algún codazo. Hoy no, hoy el respeto y la convivencia estuvieron por encima de todo.

Fue bello encontrar amigos de años que hoy disfrutaron del concierto junto a sus esposas e incluso junto a sus hijos pequeñitos.

Admirable por parte de la banda que el nombre del gran Guillermo Sánchez no se pronuncie durante los shows y se le deje descansar tranquilo. Con ello dignifican a la vez el buen trabajo de Pablo Motyczak.

No: Dentro del festejo se extrañó bastante alguna canción de “Entre el cielo y el infierno” del que si bien Adrián no formó parte, sí se pudieron hacer un par de temitas, ya que es un disco fabuloso.

A pesar de sacar a la banda de aquellos peligrosos festivales, los organizadores siguen programando este tipo de eventos en domingo. Habría agradecido bastante que hubiera sido en viernes o sábado, sin la presión del día siguiente (lunes).

Sé que hay gente encargada y contratada para limpiar el lugar, pero eso no da pie a que los fans dejen como un cochinero el recinto. Los vasos de cerveza estaban aventados por todos lados. En ese aspecto no hemos cambiado nada.

En general fue una noche mágica, digna de no olvidar.

¡ F e l i c e s   3 1,  R a t a   B l a n c a !