A sana distancia

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Debemos vivir cualquier amor, con tal perfecta intensidad

 como para evocar siempre a nuestro albedrío 

una imagen mental que encierra toda la belleza.

Soren Kierkegaard

 

A don Juan C.

 

Esta sana distancia me enseñó a mirarte con cuidado. Por años te he visto compartir tu fama a través de las redes sociales. El insomnio de este tiempo desarrolló una observación fina que fue abatiendo mi indiferencia al Facebook y en ellos los promocionales de tus conciertos con tu resonante voz poética. 

 

Al inicio, te daba un vistazo, corría por las historias de Facebook: muros que se han convertido en ventanas de horizontes aislados e intocables. 

 

Un día el imán de tu transmisión en vivo me atrapó. No sé si fue la intencionada mirada, dirigida a las admiradoras, que sabes seducidas por el encanto de ese conjunto del todo que te compone como persona o la simple curiosidad de robarme la seguridad de quien se conduce ante la pantalla. 

 

Aquel día, complacida, seguí los movimientos armónicos de un rostro acompasado de brillante vista, labios, voz y rítmicos coqueteos sincronizados. Ladinos ojos y labios mordelones, coquetería acompasada de la letra de cada canción deliberadamente intencionada.

 

No sé por qué me quedé a esa hora de melodías en tu muro. Voz canónica de tonos sonoros que invitan al disfrute. Fue un monólogo-diálogo con quienes te acompañan por la noche, de concierto a la distancia, provocando una sana seguridad de quien se sabe admirado sin exponerse a la vulnerabilidad del amor.

 

Lo que parecía un concierto para cada una de las fans, sólo es la proyección y el gozo de presencia escénica para el Juan que llevas dentro.

 

El amor es un juego ingenuo que crea fantasías inusitadas en la necesidad de sentirnos correspondidos. El amor es un juego meloso que hace uso de trampas epidémicas. No somos lo que proyectamos o al menos, no es todo lo que parece. 

El amor es un juego contagioso. Sólo que, en estos momentos, lo hemos extrañado para tenerlo de la mejor manera. Él no tiene reglas y si las tiene, se vale de ellas para seducir, con miradas melosas, a las fans en un breve mundo virtual de coqueteos  que las hace cómplices de las Trampas de la fe en el amor y del Diario de un seductor