Acuérdate de Acapulco

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Sí hubo una bahía abierta al desengaño, esperándome para tomar lo funesto y lo barato.

También hubo su mar azul cobalto y la arena más doliente bajo las plantas de los zapatos.

Acapulco de las bellas mujeres de cuerpos candentes y el deseo colándose entre los  vasos de los restaurantes con la pobreza acechando.

El agua no se toca salvo para entregarle tus encargos y los barcos no zarpan de este puerto inhumano.

Hay otro Acapulco, no es el de los enamorados, siempre emerge entre los sueños de personas rotas, de amantes arrepentidos que, sin embargo, vuelven a intentarlo.

Acapulco de niños flotantes, que por primera vez suceden el milagro. Dinero bien habido y la dicha de la fiesta ajena. Mientras Acapulco viva no morirá la resaca.

Yo también tuve las estrellitas entre mis manos, pero no las enjuagaba.