ADICCIONES TECNOLÓGICAS

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El miércoles 20 de marzo en el hemisferio norte tendrá lugar el equinoccio de primavera, estación del año  que representa el renacer a la vida desde la dualidad marcada por la luz y oscuridad que en ese momento marcan un equilibrio.

Balance que en el ámbito de la personalidad de los individuos se traduce en gran parte como medida de la naturaleza humana, la cual a su vez se rige por una serie de normas morales, religiosas, sociales y jurídicas, con las que se orienta la conducta y se conforman los convencionalismos en el trato entre las personas, debido a que este tipo de normas comparten como característica común la preservación de un valor para lo humano.

Por su parte, el imperativo tecnológico también se encuentra marcado por una esencia humana, que eventualmente puede ser la más contradictoria de los componentes, la de hacer lo que se pueda hacer, tomando como punto de equilibrio el utilitarismo por encima de los valores o justificaciones en torno a la aplicabilidad, es decir, lo que técnicamente pueda hacerse se hará, sin importar si es bueno o malo, o, si beneficia o daña a alguien.

Supuesto a partir del cual resulta fácil adoptar posturas tecnofóbicas, que maximizan el impacto con relación a la probabilidad y proporción del riesgo, puesto que a pesar que en el 99% de los casos la tecnología tiende ser benéfica acorde a las normas y convencionanlismos de las personas, es decir, se utiliza para “el bien” o acorde con un valor humano, en ese 1% en el que el imperativo tecnológico logra desarrollar su máxima expresión, esa desnaturalización atenta contra valores físicos, materiales, biológicos, psicológicos y filosóficos que se han concebido.

Aunado a ello, nos encontramos en una etapa temprana en el desarrollo tecnológico, como para valorar la normalidad de las conductas frente a su uso y su  relación con una nueva definición de la expectativa de lo que debiera considerarse como humano, ya que en la modificación de las conductas, difícilmente se encuentra alguien que escape a desarrollar una adicción o tecnopatía, la cual para ser catalogada como tal, requiere todavía un análisis mayor con relación a los efectos asociados a esta evolución humana.

Por ejemplo, en el caso de la transhumanización entendida en el sentido amplio, que implica, desde la propia posibilidad de las personas de mejorar sus condiciones de vida a través de la tecnología, ya sea desde químicos como los nootrópicos que incrementan las capacidades intelectuales, la inserción de chips que permiten monitorear de manera más efectiva nuestro rendimiento, o, inclusive, la combinación de biología y gadgets para mejorar nuestras características con relación a las demás personas; no solamente cristaliza una vieja aspiración de los humanos y su vinculación con la divinidad a través de la fuente de la eterna juventud, lo que implica a su vez la vida eterna (con una nueva contradicción, ya que esta aspiración humana, es parte de la propia esencia de mortalidad “envidiada por los dioses”).

Postura que para muchas personas pudiera parecer psicótica, sin embargo, si la confrontamos con una de las principales teorías tecno-apocalítpticas, como la de la preminencia de la  inteligencia artificial y desarrollo de robots asesinos, ampliamente identificada por el “Thriller” Terminator, ¿qué pasaría si el cerebro humano pudiera desarrollar artificialmente las mismas o mayores capacidades que las computadoras? ¿la incorporación de humano – máquina lleva al exterminio o a la evolución?

Por ello, al referirme a las tecno adicciones y eventualmente tecnopatías, no necesariamente señalo que se trate de una acción o efecto indeseable, puesto que eventualmente podrá formar de la nueva dimensión de lo humano, a pesar, que inclusive nuestra propia estructura biológica enfrente los primeros efectos de esta adopción temprana de la tecnología, con enfermedades tales como pérdida de capacidad auditiva por el uso de audífonos; síndrome del túnel carpiano, derivado del uso de teclados y  mouses; problemas psicológicos tales como depresión, el aislamiento social, la ansiedad, la pérdida del placer y el disfrute de las actividades diarias; diminución de visión, así como síndrome de ojo seco, derivado de una exposición intensiva a pantallas; tumores y mutaciones derivadas de la exposición a ciertos tipos de radiación nocivas; sobrepeso, obesidad, alteraciones del sistema nervioso y ansiedad, entre otros.

Dejando de lado lo anterior, se identifica una línea muy delgada entre la adicción tecnológica y un cambio comportamental o conductual de las personas frente a nuevos paradigmas o escenarios, por lo que se considera necesario identificar cada una de las características de los nuevos supuestos, con la finalidad de encontrar un punto de equilibrio entre unos y otros, ya que es común identificar posturas extremistas, tendentes a la tecnofobia, como en el caso de que los niños que ocupan tabletas se vuelven personas sin sentimientos; que los seres humanos pierden habilidades esenciales, o que, se debe establecer un equilibrio en el uso de las tecnologías para evitar adicciones.

Existen distintas perspectivas, sin embargo, la mayoría de ellas asocian las principales adicciones al uso de dispositivos móviles tales como smartphones, tabletas o algunos wearables, ya que en últimas fechas es común que en cualquier momento, las personas se conectan a los dispositivos en medio de reuniones, clases escolares, juntas de trabajo, durante la rutina de ejercicio, antes y después de dormir, al grado de que lo último y lo primero que ven las personas en el día es su dispositivo electrónico o su celular.

Lo anterior, encuentra una estimación estadística cuando menos en México, con una cifra que revela que en promedio pasamos ocho horas al día en internet, misma cifra que destinamos a dormir y a un trabajo de subsistencia, por lo que representa una tercera parte de nuestras actividades vitales cotidianas, la cual, como hemos referido, no es culpa de las herramientas, sino de los contenidos, por lo que difícilmente podremos afirmar que existe una adicción a los smartphones o al internet, ya que éstos sólo son el medio.

Es así, que llegamos a que las actividades tecnológicas cuando menos en estadística de acceso a internet, han virtualizado gran parte de las actividades que realizamos en el espacio físico, puesto que de esas 8 horas de conexión, gran parte va relacionada con la investigación y comunicación de temas laborales, que también ha dado lugar a un cambio de paradigma y explotación humana a partir del trabajo ubicuo, que también puede generar adicción.

Otra actividad relevante es la comunicación y socialización realizada por estos medios, destacando las redes sociales por su labor de comunicación, de gestión de contenidos y hasta de ocio, sin embargo, el balance entre el uso de redes sociales y aplicaciones de mensajería como whatsapp, tampoco existe tanta diferencia, por lo que es susceptible de considerarse en esta categoría.

Finalmente, encontramos los contenidos relacionados al ocio y esparcimiento, los cuales se traducen a través de aplicaciones varias y que no solamente se limitan a los juegos, supuesto que también representa un gran tiempo en el uso de dispositivos móviles.

Casos sobre los cuales se pueden identificar las principales dependencias y efectos nocivos de la tecnología, traducidas en adicciones y enfermedades tecnológicas, que de manera particular podremos ir analizando en entregas posteriores, así como a la toxicidad que se les atribuye, de la cuáles hemos comentado en otras ocasiones, .

Hasta la próxima.