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Agotamiento en el aula

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Los docentes constituyen uno de los colectivos profesionales más afectados por la depresión, la fatiga psíquica, el estrés y otras dolencias, como el denominado síndrome de agotamiento. Tanto es así que los problemas psicológicos son citados por 9 de cada 10 profesores como principal dolencia de esta profesión. A lo largo de nuestra carrera, debido a la presión tanto en el salón como en nuestras responsabilidades derivados de las políticas públicas de la SEP, sufrimos problemas psicológicos que casi nunca son diagnosticados y menos aún, tratados.

El más común de estos problemas es lo que se ha dado en llamar síndrome de agotamiento (Burn-out en inglés) que tiene como principal síntoma un profundo desgaste mental tras años de carrera docente.

Este problema se atribuye, principalmente, a la falta de motivación, al trabajo monótono y repetitivo. Así como a la ausencia de valoración emocional y de reconocimiento y logro hacia el profesorado. Como consecuencia directa, nos encontramos con una actitud de despersonalización hacia nuestros alumnos. Reduciéndose de manera abrupta nuestra motivación y presentándose claros síntomas de depresión.

Según algunos investigadores (Haberman) este síndrome es una condición en la cual el maestro se considera a sí mismo como un empleado y deja de ser un profesional. El profesor enseña sin ningún compromiso emocional por su labor y sin percibir un sentido de eficacia. Llega un momento en que se convence de no significar una diferencia en la vida de sus estudiantes. Lo cual le hace concluir en que no es necesario seguir preocupándose por ellos. O llevar a cabo un esfuerzo serio por mejorar su enseñan

La pérdida del interés o del placer en la enseñanza tiende a aumentar la irritabilidad. Incrementando la tensión y el miedo al entorno escolar, especialmente al aula. Así como una percepción desproporcionada de los errores propios del docente. Se experimentan, entonces, episodios de vacío o tristeza. Durante los cuales las actividades son marcadas por sentimientos de poco valor o culpa. Culminando en una sensación de fatiga o falta de energía en la enseñanza.

De acuerdo con observaciones realizadas por investigadores de la Universidad de Pennsylvania algunos factores tales como el ambiente físico de la ubicación de la instalación escolar (urbana, suburbana o rural) así como el nivel (básico, medio o superior) de la escuela afecta sensiblemente los síntomas depresivos del docente.

Ante esta realidad, nuestro colectivo se encuentra desamparado sin el apoyo profesional en materia psicológica que esta patología requiere. Ni las escuelas, ni las secretarias de educación (estatales y federales) ni nuestros sindicatos tienen programas continuos y adaptados a nuestras necesidades. Eso si, cansados estamos de que se nos ofrezcan desayunos, sorteos, fiestas para el maestro… migajas populistas y recursos despilfarrados sin control. Parte de la herencia clientelar a la que estamos acostumbrados en nuestro país.