Al maestro con cariño

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Ahora que es tan discutido el derecho del maestro y tan disputado su privilegio como generador de individuos socialmente adaptados, me permito resaltar la función educadora de quienes han sido mis mentores intelectuales aún sin saberlo.

Durante muchos años, los educandos somos expuestos a las corrientes pedagógicas de moda, algunas importadas de modelos extranjeros o de otras índoles políticas, pero, a pesar de esta maquiavélica determinación docente, existen seres humanos que consagran su afán para iluminar los tiernos cerebritos de los alumnos, exclusivamente trabajan en el aula para desarrollar las jóvenes capacidades de los párvulos.

Confieso que tuve pocos profesores así, en general se irritaban con facilidad y perdían la memoria de los apellidos y los números de lista. Tuve en cambio, maestros irrepetibles, como todos, si no es así, invito a rebatir esta lista: el maestro de cuarto grado, recién egresado de la Normal que elaboraba los más bellos dioramas y era compañero, deportista y no gritaba; o la maestra de sexto de primaria que huyó de nosotros para casarse con su prometido en Cancún (todos sabíamos que había  elegido lo mejor), el prefecto de secundaria, especialista en inglés quien implantó el régimen del terror de los exámenes orales o aquellas institutrices de música salidas de una opereta italiana que hacían aprender el solfeo con metrónomo así como esa figura oscura en la que se convertía la más dulce maestra cuando le tocaba el papel de orientadora.

Ya como universitarios, la diversidad de maestros es como un desayuno en bufet, pues uno puede elegir a quién ovacionar o por cuál de ellos guardar silencio.

Siempre fui una alumna dedicada, tuve muchos maestros, cumplía con los deberes, pero mi intención secreta era indagar en el sujeto que vivía frente al pizarrón, logré con éxito frases memorables: ellos hacen como que me pagan, yo hago como que enseño, el diez es para Dios y otras reveladoras.

En la vida laboral, los maestros abundan, supervisores, jefes que enseñan con el ejemplo, pero con un mal método, compañeros que desean ser orientados, tener un guía, enseñan a remediar errores.

También hay tutores de la traición y el engaño, esos dan lecciones de un solo golpe.

En conclusión, al maestro se le recuerda toda la vida, siempre y cuando cumpla con su trabajo y se presente regularmente a su clase, día tras día.