Al pueblo pan y circo, el futbol mexicano hoy

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No basta con recurrir a las frases hechas “Si se puede”, “Échale ganas”, “Vamos con todo”, “Somos los mejores”, “Ganaremos el mundial de futbol”. Las frases que elevan el ego con poco sustento semántico resultan trilladas, huecas; en varias ocasiones esconden desidia, desorganización; incapacidad para reconocer los límites personales y colectivos  en lo técnico, emocional, estético, disciplinado; así como ocultan presión o complicidad con patrocinadores y medios de comunicación esencialmente mercantilistas, quienes buscan vender la imagen deportiva, generar falsas expectativas en ingenuos espectadores, con el fin de obtener ganancias económicas a sabiendas de que los deportistas en cuestión no llegarán muy lejos porque los mercaderes sí conocen niveles de calidad deportiva y estándares de ignorancia  del público masivo: el que vive de imágenes, pero no de contenido lector crítico.

 

Esta cultura del consumo y el engaño en el deporte es un mal crónico en países latinoamericanos como México, especialmente en el futbol soccer de la llamada “selección mayor”, a la que la masa suele entregarle “toda su confianza” (toda su ignorancia) con la idea/ fe en que se logre algo digno, como llegar a semifinales en una copa del mundo, o que un equipo mexicano de futbol gane la  Copa Libertadores de América. “La esperanza muere al último”, después de que ex entrenadores como Hugo Sánchez, ciertos jugadores y algunos medios que “inflan” a futbolistas han  prometido  demasiado, pero logrado poco.  Hace no mucho, el propio Hugo Sánchez manifestó por televisión sentirse preparado para dirigir al Real Madrid porque dijo ser exitoso como entrenador. Ante la burla y crítica de medios europeos, Hugo Sánchez expresó que Florentino Pérez lo tiene contemplado en la lista de posibles técnicos desde hace unos años y que entre más presión y exigencia  del futbol actual,  Sánchez se considera capaz de obtener mejores resultados.

 

Esa cerrazón mexicana radica en no conocer en la vida práctica el futbol de modo profundo, en ser antiéticos y pensar en la comodidad económica más que en actualizarse en lo personal y colectivo para ser muy buenos profesionales del futbol. Ante más fracasos que éxitos internacionales y mundiales, algunos personajes de la “selección mayor” suelen decir frases como “Lo dimos todo en la cancha”, “Tuvimos errores, el rival fue mayor; pero esperamos mejorar”, “El arbitraje no estuvo a nuestro favor”, “No era penal”,  “Es sólo una mala racha”, “No imaginamos que expulsaran a determinado jugador”, “Nos concentraremos para el próximo torneo/ copa…” y el típico “Jugaron como nunca y perdieron como siempre”.

 

La realidad es que México no tiene un entrenador capaz de observar cualidades personales y colectivas de jugadores, potencializarlas, estudiar a fondo a rivales y practicar un futbol veloz, preciso, versátil en el manejo de la pelota (gambetear), sabedor de rivales y altamente técnico. Tampoco tenemos futbolistas realmente  notables en  esos aspectos.

 

Nadie es perfecto. Todo ser humano es falible. Al mejor cazador se le escapa la liebre. Los mejores delanteros fallan penales. Sin embargo, ¿qué técnico mexicano puede estar a la altura, por ejemplo,  de Zinedine Zidane? ¿Qué mexicano puede hoy por hoy tener el nivel futbolístico de Cristiano Ronaldo, Lionel Messi, Luka Modric, Karim Benzema, Antoine Griezmann, Kylian Mbappé, Ivan Rakitic,  Thibaut Courtois y Luis Suárez, entre otros? La respuesta es ningún mexicano, ni en  lo individual, ni en lo colectivo. Si observamos con minuciosidad las formas de trabajar de esos jugadores extranjeros y las comparamos con un alto porcentaje de futbolistas mexicanos (sin generalizar), se amplía la brecha en lo creativo, táctico, estratégico, físico y  sicológico  entre futbolistas nacionales y los otros.

 

La “selección mayor” de México no pasa por una crisis, como algunos lo perciben; sino que de manera progresiva se hunde en un futbol anticuado por lento, falto de inventiva comparado con el variado desarrollo del regate o gambeteo  europeo;  falto de exactitud, de manejo del balón, ritmo de los partidos, astucia, capacidad de improvisación certera para resolver con éxito las jugadas, entre otros elementos estrictamente futbolísticos. A esto, hay que agregar la desmotivación crónica en  lo sensorial, emocional, ético y espiritual; así como un desvirtuado sentido de lo nacionalista; de modo erróneo reducido por el futbol mexicano a la vacua frase “ponerse la camiseta” y, de parte de los espectadores, reducido a embriagarse dentro y fuera de los estadios con desvirtuados atuendos prehispánicos, máscaras de luchadores mal confeccionadas; todo resumido en la frase “Al pueblo pan y circo”.

 

El verdadero nacionalismo implica esforzarse al máximo con humildad, constancia y conocimiento de logros y límites propios y ajenos. El gran ejemplo de ello es la actual selección de Croacia, subcampeona en la Copa Mundial de la FIFA Rusia 2018. En diversas entrevistas jugadores como Luka Modric,  Ivan  Rakitic e  Ivan Perisic entre otros, hablan de la conciencia de humildad, de saberse siempre expuestos a ganar o perder y en función de ello a combatir en la cancha sobre bases físicas, técnicas y  sicológicas firmes, con el fin de dar lo mejor de sí en cada juego, con un profundo respeto por ellos, sus clubes, naciones y los espectadores.

 

Esto se aprecia en su desempeño; su capacidad para jugar, desgastarse, sudar. En sus gestos, movimientos corporales y entrega está la congruencia de su pensamiento y su actuación. Contrario a ello, en varios futbolistas mexicanos se percibe el desgano, simulación, inercia, apatía, falso nacionalismo  y negación a superar obstáculos, como recién se observó, durante este mes,  en los partidos de México contra Argentina.

 

Lejos están excepciones, como el inolvidable encuentro, en Brasil 2014, en que México ganó 3-1 a Croacia; curiosamente, con un resbalón de soberbia de un Luka Modric, quien minimizó a México de forma agresiva en conferencia de prensa, previa al partido. Seguro ésa fue una lección para el croata, quien en una entrevista, ya en el Mundial Rusia 2018, reconoció logros en la trayectoria de Guillermo Ochoa y Rafael Márquez. Ahora se ha invertido el desempeño de estas selecciones.  Hoy, la diferencia en el nivel futbolístico de México y Croacia, por referir un ejemplo, no es un surco, ni un túnel, es un abismo tenebroso. Otro ejemplo es el coco, el muro  del futbol varonil mexicano que suele ser Argentina. Sobran los ejemplos para comparar.

 

Diversos futbolistas mexicanos deberían aprender de la diaria lucha y resultados admirables de otros deportistas mexicanos, quienes sí están conscientes de todo lo anterior en taekwondo, clavados, atletismo, tiro con arco y raquetbol. Me refiero al deporte de alto rendimiento de María del Rosario Espinosa, Iván García, Paola Espinosa, Guadalupe González, Juan Luis Barrios, Alejandra Valencia y  Paola Longoria, entre otros deportistas.