¿Amor líquido en la educación?  

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En este siglo sin asideros, sin sentido de pertenencia, mirar a los jóvenes educadores con la ilusión por enseñar, es un valor inconmensurable. En esta sociedad líquida, donde la educación y el amor, son dos necesidades del ser humano que cada vez tienen menos elementos para afianzarse a la vocación por ser Maestro, se aprecia con mayor fuerza el camino de la pedagogía que muchos eligen en México.

 

Miro trabajar a mis alumnos normalistas en cada una de las materias;  un maestro por cada salón que puede ser cuna de conocimiento. Hacen las cosas concentrados, entusiastas. Cuando entregan sus proyectos, observo el compromiso y la dedicación con la que los presentan.

 

Los estudiantes arrancan proyectos que revelan innovación, creatividad, pasión y sueños en el  hacer las cosas en sus escuelas. En este contexto que me ha tocado compartir con ellos, me quedo con la admiración que me despiertan cuando muestran sus avances en su hacer educativo. Con una esperanza de cambio tratan de preservar una figura de maestro que cambie el empantanamiento de mediocridad y corrupción que alberga a un porcentaje del magisterio.

 

Las nuevas generaciones docentes, hacen su labor con el alma, con el espejismo de la mística con la que ingresaron a las filas de la enseñanza. Esto me impulsa a no dejar de soñar, de tener la ilusión que, al  llegar al salón de clases,  el aula se convierte en el eco existencial del ser de Maestro.

 

Los estudiantes y maestros de la Escuela Normal, leemos, escribimos, dialogamos sobre lo que estas dos hermanas de conocimiento generan en el pensamiento. En esos vaivenes epistemológicos ellos me comparten: Como docentes tenemos el compromiso y sobre todo la posibilidad de crear esperanza a través de  nuestras acciones, brindando la posibilidad de que cuestionen su realidad; creando situaciones que realmente tengan significado para su vida. Alejandra

 

Vivir en la desesperanza que promueve la paradoja existente entre las demandas y el marco organizativo de las instituciones escolares, más allá de provocar sentimientos de frustración e indiferencia, debe despertar en los docentes la necesidad de comprender los verdaderos propósitos del currículo oculto para actuar frente a ellos, buscando posibles líneas de acción que generen pequeños, pero significativos cambios que permitan dejar de lado la reproducción de las propuestas dadas por el sistema político, aplicando las mismas desde una perspectiva crítica. Andoeni

Nadie sabe a ciencia cierta sobre la situación del sistema educativo mexicano, como quien lo vive día a día. Por lo tanto, ante las dificultades que son muchas y muy adversas por las condiciones de trabajo y otras más. Y ante las críticas a las que estamos expuestos porque estamos en el ojo del huracán. Ha habido cambios sustanciales ya que los docentes estamos transformando nuestras prácticas y desde nuestras trincheras estamos dando respiro y esperanza de vida para con nuestros alumnos. Rocío del Carmen

 

Cuando recorro las palabras de los estudiantes a través de la reflexión, me cuestiono frecuentemente sobre si la desazón o el amor por la docencia debe morir o prevalecer o como  Bauman lo sugiere, ¿Vale la pena permanecer en la docencia desde un amor líquido por la educación?

 

Yo no sé qué ocurre en muchos contextos de la educación en México, sí sé, que como educadora de un lugar en el mundo, el cosmos que me conforma para ser Maestra, son los ápices de esperanza que los alumnos se crean entre los pensamientos generados por una razón dialógica –diría Habermas y una  pedagogía de la esperanza, según Freire, cultivada en el trabajo diario dentro de los salones de clase.