Amores y desamores presidenciales (III)

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Sea por influencia de un espíritu o porque la amaba, Francisco I. Madero terminó casándose con Sara Pérez en 1903, luego de un noviazgo en que él no daba color y llevaba una vida disipada con argumentos del tipo no eres tú, soy yo. En todo caso floreció el amor y en sus cartas se despedían con frases como tu inseparable y amantísima compañera o tu amante esposo. Pero Sara no fue madre y ama de casa sino compañera y revolucionaria, formando una pareja dedicada a promover el cambio político, incluso con voto de castidad de por medio. Por ello Madero fue el primer candidato presidencial en llevar a su esposa a campaña, por lo cual la empezaron a llamar perro faldero o el Sarape de Madero. En tiempos aciagos, durante la Decena Trágica, Sara hizo lo posible, primero por liberar a su marido y segundo por recuperar su cuerpo de las garras de los chacales. Luego de su asesinato, Sara le sobrevivió a su amado 39 años. Todos los días le llevó flores a su tumba.

 

Con esta pareja termina el amor y las historias románticas que caracterizaban al siglo XIX. A partir de entonces comenzarían los amores banales, sin chiste, infieles, por conveniencia y hasta bizarros, como el de Victoriano Huerta y Emilia Águila. ¿Qué le habrá visto esta señora a un hombre que todos en su tiempo consideraron patán, bárbaro, grosero y mujeriego, que podía beber una botella de coñac Hennesy en sólo una hora, con quien tuvo una docena de hijos y quien murió solitario de cirrosis hepática? A la muerte de Victoriano, Emilia vivió otros 24 años. Tal vez desde momento vivió feliz, sola.

 

Al convertirse en Primer Jefe en 1914, Venustiano Carranza tenía de casado con Virginia Salinas (con quien tuvo dos hijas) el mismo tiempo que Porfirio duró en la cima del poder: 33 años. No obstante, Carranza ya había iniciado otra relación con Ernestina Hernández (con quien tuvo otros 4 hijos), aunque se casó con ella una vez que enviudó, siendo presidente, en 1919. Como sabemos, fue asesinado al año siguiente. La nueva le sobrevivió 15 años.

 

Álvaro Obregón se casó en 1903 con Refugio Urrea, con quien tuvo cuatro hijos. Ella y dos hijos murieron en 1907. En 1916 casó otra vez con María Tapia Monteverde, con quien tuvo otros siete hijos. Duraron 11 años unidos hasta que a él lo asesinaron en 1927. La señora le sobreviviría 44 años.

 

Plutarco Elías Calles se casó en 1899 con Natalia Chacón Amarillas, con quien tuvo 12 hijos, de los cuales sobrevivieron siete. Tuvo una aventura fugaz con Amanda Ruiz, con quien tuvo otro hijo. También enviudó siendo presidente en 1927 y al dejar el cargo se casó con Leonor Llorente, con quien tuvo dos hijos más. Volvió a enviudar en 1932. Vivió hasta 1945, sólo y amargado.

 

Emilio Portes Gil tuvo larga historia de amor. Se enamoró a primera vista de Carmen García (él de 30, ella de 17), al verla bajar de un tren en Tamaulipas. Vaticinó que se casarían y así lo hicieron en 1925. Ella cumplió el papel de primera dama moderna y, luego que él salió de la presidencia en 1930, lo siguió a todos lados hasta que murió en 1980. Ello lo alcanzaría en 1985.

 

El día de su toma de posesión en 1930, Pascual Ortiz Rubio tuvo un atentado: una bala rozó la oreja de su esposa Josefina Ortiz y a él se le incrustó en la mandíbula. Prácticamente ella le salvó la vida ya que momentos antes se negó a ir en carro descapotable y lo obligó a que viajaran en uno cubierto. El nuevo presidente convaleció dos meses y ella nunca se separó de él. Se habían casado en 1920, cuando él era gobernador de Michoacán. Luego que salió de la presidencia en 1932, ella lo siguió a todos lados, hasta que él murió en 1963. Lo alcanzaría en la tumba, después de guardarle luto, 20 años después.

 

Abelardo Rodríguez se casó tres veces: en 1917 con Luisa Montijo, con quien tuvo un hijo; en 1921 con la gringuita Earthyl Vera Meyer, quien se suicidó por no aguantar la soledad en que la dejaba; y en 1924, siendo gobernador de Baja California, con Aída Sullivan Coya, 30 años menor, con quien tuvo tres hijos y permaneció el resto de sus días. Él murió en 1967, ella en 1975.

Lázaro Cárdenas del Río

A pesar de que sus suegros no lo querían, Lázaro Cárdenas del Río comenzó a andar de novio con Amalia Solórzano cuando él era gobernador de Michoacán, pero se casó con ella hasta 1932, cuando dejó el cargo. Tuvieron dos hijos: Palmira, que murió de bebé, y Cuauhtémoc, que aún vive y ha sido figura clave de la transición democrática mexicana. Entre ellos hubo amor y admiración mutua. Cárdenas era muy hogareño y cariñoso con Amalia, la llamaba Chula ó Mamu. Ella, además, cuidó a otros hijos fruto de las andanzas del general por el país. Él murió en 1970 y ella tuvo una vida activa hasta su muerte en 2008.

 

Los padres de Soledad Orozco tampoco querían a Manuel Ávila Camacho. Aun así se casaron en 1925, aunque nunca tuvieron hijos. No obstante, ella crio a varios sobrinos como si fueran propios. Como primera dama fue conservadora y muy devota: impulsó la Liga de Decencia para censurar indecencias (por ello le pusieron taparrabos a la Diana Cazadora). Ávila Camacho murió en 1955. Ella le guardó luto hasta su muerte en 1996.

Miguel Alemán Valdés

Miguel Alemán, de 31 años, era todo un seductor y por ello conquistó a Beatriz Velasco, de 18. Se casaron en 1931, cuando él iniciaba su carrera. No obstante, Alemán era mujeriego y gustaba de actrices de cine y vedetes, por lo que ya estaban separados cuando en 1946 él se convirtió en candidato a la presidencia; se volvieron a unir por aquello de la conveniencia. Ya habían tenido dos hijos y estando en el cargo tuvieron un tercero: el hijo presidencial, a pesar de la mala salud de ella. Al concluir el cargo, Alemán se volvió a separar, comenzó a salir con la brasileña Leonora Amar y tuvo otra hija con una mujer austriaca. Pero la más celosa no fue su esposa sino su hija Beatriz.

 

A Adolfo Ruiz Cortines tampoco lo querían en casa de Lucía Carrillo (decían que era asiduo de burdeles y que al trabajar en la aduana de Veracruz fue traidor al no enfrentar la invasión norteamericana). Pese a todo, se casaron en 1915, él de 26, ella de 28. Procrearon cuatro hijos pero sólo una sobrevivió. Se separaron en 1935. Estando en Veracruz, Ruiz Cortines se encontró una antigua novia: María Dolores Izaguirre, divorciada del primer marido, viuda del segundo y con dos hijos. Se casaron, de manera también conveniente, en 1941. Él reconoció que su Mariquita le trajo suerte en su carrera y que por eso llegó a donde llegó: la presidencia. No obstante, al concluir su cargo en 1958 ya no vivieron juntos. Él se retiró a Veracruz a vivir prácticamente solo. Murió en 1973. Ella se quedó en la Ciudad de México a disfrutar las rentas de los negocios hechos al amparo del gobierno de su marido. Murió en 1979.

Adolfo López Mateos

Adolfo López Mateos era guapo, carismático, simpático y además no tan macho ni tan devoto. Tenía todo para triunfar. Gustaba de la soltería, las mujeres y la bohemia en Toluca. Aun así le cumplió una promesa a su madre en el lecho de muerte y se casó con Eva Sámano en 1937 (él de 29, ella de 27), con quien adoptó a su única hija: Avecita. A pesar de que fue primera dama muy querida, Eva debió soportar que a su marido le siguiera gustando la bohemia y las jóvenes bonitas. No en balde la gente repetía el chiste de que el presidente preguntaba a su secretario: ¿Qué toca hoy? ¿Viaje o vieja? Al final de su mandato en 1964, manejando su coche se topó en la calle con una chiquilla que boteaba para la Cruz Roja; el presidente se enamoró a primera vista y la invitó a dar una vuelta; luego la conquistaría llevándole serenata. Casi de inmediato se casó con la joven Angelina Gutiérrez Sadurni de 23 años (la misma edad de Avecita), pero sólo por la iglesia, pues Eva nunca le dio el divorcio civil. Con ella tuvo dos hijos. Al concluir su encargo, López Mateos cayó gravemente enfermo. Eva lo llevó a vivir con ella y prácticamente impidió que su nueva familia lo visitara. Él murió en 1969 y Eva en 1984; están enterrados juntos. Angelina se volvió a casar y al parecer aún vive…