Aniversario

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¿Dónde hay una pista de hielo en el Estado de México? Creo es evidente el lugar al que me refiero, ¿concuerdan conmigo? Veo mi reloj y sé qué están por dar las cuatro, 13 de marzo del año 2016. Típico lugar de reunión de la sociedad milenial, sí, aquí he tenido varias primeras y monótonas primeras citas. El fragmento de aquel representativa significo nuestro, digo, su tercer o cuarto encuentro verdadero, pues la primera vez que se vieron simplemente para mí no cuenta.

Me he puesto a pensar y sé que fue nuestro cuarta salida ¿Soy un narrador ajeno o protagonista? Sinceramente pensar en la perspectiva narrativa no me es relevante y me iré más por la emoción, contrario al capítulo, fragmento o parte (como ustedes le quieran llamar) de esta historia. Sé que posiblemente no lo recuerdes, sí me dirijo a ti, la persona que verdaderamente quiero que lea. Retrocedo el video que te hice para tu cumpleaños 19 y allí está, nuestra primera foto.

A… muy nervioso espera por Pamela Hernández, espero alrededor de veinte minutos en la entrada de las diversas puertas eléctricas. Viste la misma ropa de hace un año: un par de jeans entubados, una playera polo blanca y un suéter/ gabardina (la verdad es que no sé cómo se llama) gris. Está nervioso debido a que lleva más de seis meses sin verla, está nervioso por lo que viene para su futuro, está nervioso por el obsequio un poco tonto que le fabrico.

Por fin llega, pensándolo bien creo fue su quinto encuentro, recuerdo tu chamarra verde, tenías la estatura de siempre. Para motivos de la reunión ambos acuerdan no utilizar el teléfono en caso de emergencia, entran a ese lugar que vende su marca en vez de café, él odia esta bebida, de hecho, le causa asco y mareos por lo que no suele ser su lugar preferido para platicar. No recuerdo lo que ella pidió, lo de él sí, su orden fue un cheesecake.

Fue una plática amena, se pusieron al día y él aprovechó la ocasión para disculparse por situaciones incomodas que él causo. Estaba nervioso porque recurriría a un escrito que acompañaba el llavero/collar. Nunca te dije esto, pero fue un plan algo elaborado pues dos amigas me dieron una cadena para hacerlo, entre ellas A…E… No tengo el escrito, ni puedo transcribir todas las palabras que el dijo, así que recurriré a la ficción:

“No sé que me depara el futuro, ni si quiera dónde estudiaré. No sé si seguiré viviendo aquí, tampoco si pueda volver a verte, pero quiero decirte que sé que vas a estar ahí. Pamela Hernández eres una persona muy especial para mí, tu corazón pura, tu voz cambiante, tu efecto retardado de Dory y tu apoyo condicional te caracterizan. Eres una gran amiga, de las mejores que he tenido, sino es que la mejor.

Tengo esta estúpida tendencia de idealizar a las personas, pero ¿quién no lo hace?  Y más si eres tú y nadie más que tú quien construye a esa persona. Tenía dos semanas de platicar contigo y fui a Guadalajara con intenciones de verte, obviamente me limité a decirte, corrijo, escribirte que me gustabas.

Sé que te miro con unos ojos, con los que no quieres que te mire y sé que también crees que te conozco poco, pero eres alguien de quien quiero conocer todo. Pamela, me esforzado por no hablarte, por no buscarte y hasta olvidarte, nunca pude hacerlo y siempre regresé a ti, porque siento algo por ti más allá de lo explicable. Eres alguien que me hace sentir bien, quien me alegra mi día y me hace ser mejor persona, pasé lo pasé te llevaré aquí” señala su frente “y aquí” señala su corazón.

“Quiero agradecerte por todo lo que has hecho por mí: por ir a mis obras de teatro, dejarme hacer tu tarea, conversar y calmarme en situaciones familiares, por siempre confiar en mí. Sé que perdí el collar de tachón que representaba nuestra pasión por el fútbol y lo repongo con este otro de Verona, que tiene dos caras: el coliseo y la tragedia shakesperiana. Romeo y Julieta se reescribe para mí en tres significados: el amor, la amistad y el sacrificio que estoy dispuesto a hacer por ti.

Pase lo que pase serás un fragmento de mi memoria y al mismo tiempo quiero estar en la tuya. Te quiero muchísimo y veremos cómo será esa novela que te prometí. ¿Quién diría que hace un año te estaba conociendo?” Lee todo esto con voz quebrada y a nada de llorar.

No recuerdo ni las palabras, ni lo que hicimos aquel día. Me es difícil escuchar a ambos protagonistas, pero puedo ver esa foto a blanco y negro, la primera de muchas de dos mejores amigos, amigos y desconocidos. ¿Creen que el título de La verdadera Chica Futbolista sea el correcto para esta novela? Dejemos que el tiempo pasé o retroceda para el encuentro y desarrollo de nuestros personajes.