Ballena 52

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Jorge Contreras Herrera tiene la llave y por lo mismo la pasión que es necesaria para que el poeta sea poeta. Los temas que son su diario vivir son aquellos que preocupan a quien de profundidades se viste. Desde aquél primer festival Internacional de Poesía llamado José María Heredia y Heredia, donde él leyó en el escenario admirable que es la Sala Felipe Villanueva, escuché su voz y el lento manejo de las palabras y las letras, dichas con la musicalidad que corresponde a quien ha bebido el verso y el poema como expresión del alma, de sus angustias y existenciales sentimientos que le ponen siempre al filo del abismo.

 

De eso se viste el poeta. Y en ese caminar por el acantilado de la existencia, al filo de la vida. Pues el poeta cuando lo es no puede estar en zona de confort, ni mucho menos de vivir una existencia donde el discurso, la composición de las palabras es sólo instrumento de sofistas o embusteros de toda laya.

 

El poeta tiene una responsabilidad enorme ante su sociedad. Guardar los sentimientos, destilarlos a través de las palabras para decir a su humanidad que hay un espejo que sabe descifrar a lo humano en su más pura desnudez del alma que le resume, que le hace vivir su vida en la angustia que corresponde también al filósofo, pero a diferencia del gran pensador, su angustia tiene obligación ante el tema del arte.

 

Pues toda poesía que valga es una expresión del espíritu humano, pero es también la más acabada joya del lenguaje humano. Jorge anda en esos senderos y tiene en su madures expresiones que le hacen un escritor que dice algo, que navega con sus angustias, pesares y alegrías como si de un navegante fuera.

 

No se detiene ante nada con tal de vivir la vocación poética como si fuera la única experiencia que le queda antes del fin del día, sabiendo que viene la noche. Los poetas que lo son viven el día a día con sus noches como si fueran los últimos en su existencia, y dicha angustia les corroe el alma y también la idea de que no hay mañana para ellos. De esos es Jorge Contreras Herrera.

 

Ha sido para la ciudad de Toluca no un viento que ha pasado sin dejar huella. Al contrario ha sido un tornado, que tanto bien le hacen a las ciudades o comunidades adormiladas cuando de zonas de confort se habla o se escribe.

 

Desde el primer texto que tuve en ese año del Primer Festival de Poesía. Es necesario ir a la raíz para comprender el largo camino que el poeta emprende a lo largo de su existencia, cito el texto de Los poemas que nunca te leí / las heridas son monumentos de la memoria, / la tristeza un dictador que nada permitía. / Fue un turno sin ruinas, en la ruina. / Las promesas no fueron cordilleras. / Todavía paso las noches pensando qué hacer: / ir a la cocina a tostar un par de tortillas, / poner más café en la olla, / leer los poemas que nunca leí. / No tuvimos un cigarro que nos sobrara,  / Nuestro abrazo bastaba pleno de sobra. / Nunca te interesó bailar rituales conmigo / pero hacíamos el amor como el amor quisiera. / Cierto que la música llegó a tocar la luna / y la luna era una música menguante. Cierto estoy ante un poeta, me digo.

 

Así en mis manos tengo las plaquettes, una editada por Casa del Poeta Dolores Castro del escritor Francisco Navarro; la otra por Héctor Sumano Magadán, la afamada Hoja Murmurante, en su número 466 del año 2019. En las mismas brilla esa preocupación existencial que no le deja reposar. Los títulos son emblemáticos: Adiós a todo esto; Rapiña mía; En tu herida; Soy un río; Los dados sobre el espejo; Síndrome de perro; Oración del viudo; Saber del inconstante; Salario; Magnus tempus. Sus títulos hablan de lo que es la desnudez de su alma.

 

Llegar a su libro Ballena 52, por lo tanto, ha sido un seguir detrás del poeta que va de prisa, que se quiere comer la vida a puños, y uno se pregunta del porqué tal angustia, cuando el talento está ahí completito, pleno de angustia, sí, pero también fresco y vigoroso para deslumbrar con sus imágenes, con sus palabras que se convierten en pequeños frescos con el colorido suficiente para pintar el cielo, y en él a la luna que lo mismo le coquetea, que le hace sufrir por el abandono a que le somete.