Besamos cada libro que tocamos

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Seamos razonables y añadamos un octavo día
a la semana dedicado exclusivamente a leer.
LENA DUNHAM
El hábito de la lectura suena tedioso cuando le anticipamos la palabra hábito, pero
no tendría que ser más que parte de nuestro día, no me considero una lectora
conocedora ni mucho menos, leo poco para los años que tengo, leo más
descripciones de productos en línea que los textos de un narrador de oficio, odio el
tener que “darme el tiempo”, ¿no somos nosotros los dueños de todos y cada uno
del segundos del día?, y decidimos buscar de entre nuestras cosas nuestros
teléfonos para releer mensajes y mails en lo que nos tocó el turno en el banco, o
en mi caso recurrir a mi TOC de morderme las uñas mientras que espero que mi
hija salga de la escuela.
Pero que tal los días que no olvidé llevar mi libro, no me quiero ni bajar del auto,
quiero seguir y terminar el capítulo. En lo que va del mes llevo dos libros, el estado
mental, el alma susurra palabras que a veces ni nosotros logramos entender,
juraríamos que podemos leer a las personas con base a sus gustos o en su forma
de hablar, pero habremos algunos que exploramos rincones de la literatura
extraños, y saltamos de una literatura juvenil a un libro de nutrición y le damos la
vuelta con un clásico de Jane Austen, y aun así, no encontramos el género
idóneo, supongo que debemos estar en el humor adecuado, el humor que un libro
epistolar requiere o de un libro crudo de no-ficción sin color ni portada.

La persona más digna de lástima es la que está sola
en un día lluvioso y no sabe leer.
BENJAMIN FRANKLIN
Leo con mi lápiz en la mano, y algunos mini post-its en la otra, les añado notitas,
expresiones y hasta corazones, siempre pienso que mis libros no van a ser
siempre míos, tengo una extraño pensamiento en que algún día los leerán
personas diferentes, y el poder leer un libro desde la mente de otro lector ha de
ser fascinante, porque encontramos el miedo y la alegría en distinto puntos dentro
de una misma página.
A alguno nos encantan los libros de páginas amarillentas, que sueltan un poquito
de polvo de imprenta y que hasta guardan papeles y tickets de separador, eso sí
me hace falta, un separador digno, termino siempre usando polaroids oscuras o
doblando mi libro, sin duda parece un camino largo para convertirte en un lector

empedernido, sin embargo podemos hacer el ejercicio cuando pensemos que no
hay tiempo, o que estamos en “otra cosa”, ponernos los lentes, bajar el volumen, y
tener a la mano el diccionario, porque no siempre hablamos de la misma época, ni
desde el mismo sofá.