¡Buena serie!

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El asesinato de Luis Donaldo Colosio es, sin duda alguna, uno de los casos que más dudas ha sembrado con respecto a la política y justicia mexicana; a 25 años del hecho, la incertidumbre sigue ahí porque no se sabe a ciencia cierta qué fue lo que sucedió. La versión oficial ha mantenido la idea del asesino solitario en la persona de Mario Aburto; teoría que no satisface a los más escépticos. Inclusive Alfonso Durazo, actual secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, y quien fuese secretario Particular de Colosio, recién declaró que él jamás ha creído dicha versión.

 

En los hechos, la figura del entonces candidato presidencial se encumbró y ha pasado a la historia como un líder que hubiera hecho grandes cosas por el país; posicionado como un mártir del sistema, suficiente para seguir vigente en la ideología de la clase política.

 

Con esta temática, fue estrenada a través de la más famosa plataforma de streaming la serie Historia de un crimen: Colosio. En cada uno de los ocho capítulos que la conforman, se hace una muy bien cuidada reconstrucción de los hechos; desde que Colosio es notificado de su designación como candidato, hasta los días posteriores de su muerte. Recordaremos a personajes como Carlos y Raúl Salinas, Ernesto Zedillo, Manuel Camacho, José Francisco Ruiz Massieu y Miguel Montes, por citar algunos.

 

Al estilo de otras series exitosas como American Crime History, se entrelazan los hechos en una aventurada hipótesis sobre lo que verdaderamente sucedió. Si bien está basada en la realidad y retoma elementos que han sido de dominio público desde aquellos días, quedará ahí como una propuesta de explicación un poco más creíble.

 

De buena manufactura técnica, con actuaciones realmente convincentes y con las dosis de tensión y suspenso necesarias, se trata de una buena serie que dejará satisfechos a los más exigentes.

 

Lo lamentable en todo este asunto, es que tiene que ser una serie televisiva la que trata de dar una explicación de las cosas, en tanto la autoridad no la hizo (y no lo hace) desde hace más de dos décadas. Cuando las cosas no quedan claras, se abre un abismo para las interpretaciones y los supuestos; en este escenario todas las verdades tienen razón de existir.

 

Para el espectador, el deseo de información y el morbo mismo resultan una motivación para verla; imposible no esperar lo que Tarantino hace en Bastardos sin Gloria, que dándose algunas licencias creativas, acaba por matar a Hitler en un cine, lo cual habría evitado el holocausto que todos conocemos. No se llega a tanto, pero el esfuerzo vale la pena.

 

Si usted recuerda esa trágica noticia, aventúrese y véala, después me comparte lo que le evocó.