Cafecito

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Dos niños sabios, crecidos

a la sombra de un árbol,

conversan reunidos.

Ya se sorbieron los años

en una blanca taza de café.

Bajo las ramas de ese extraño

olivo del que cuelgan corazones

rojos de vidrio tan brillante

como sus amoríos.

Hacen recuento de los planes idos,

mientras oseznos de felpa y listón

les cuidan las espaldas del olvido.

Una canción cruza el viento

entre las mesas y ellos

recuperan la postura, ahora son

dos hombres de negocios

sentados, confundidos.

Yo los miro dentro de una azucarera

y la vida se me antoja con vainilla

qué se yo de los asuntos mundanos

de toda la gente que se agolpa

para secarse de la lluvia,

para arrancarse de la garganta

el nudo frío y probar

un viaje expreso al oriente.

Único  placer de tomarse

un cafecito.