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Cambiemos nosotros

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Tras una larga y tenaz lucha, el pasado sábado tomo posesión el nuevo titular del Ejecutivo, Andrés Manuel López Obrador; lo que testimoniamos es el fruto de años de inconformidad de la gente con los gobiernos en turno y la urgente necesidad de buscar algo diferente en los estilos y formas de gobierno.

 

Con todo lo que se pueda decir a favor o en contra, la realidad es que nadie puede cuestionar la legitimidad con que llega, pues es innegable que en las urnas el pueblo expresó su voluntad y punto, lo que sigue es mirar hacia adelante.

 

Irresponsable resulta hacer juicios sin siquiera dar la oportunidad de que las cosas comiencen a fluir; y por más análisis que hagan los expertos en cualquier área del conocimiento, nada sustituirá la contundencia de los hechos.  Ahí sí, aplaudir el acierto y cuestionar con todo el desatino, que por algo son nuestros representantes.

 

Sin embargo, olvidamos algo esencial; no es una sola persona la que puede hacer que las cosas cambien, porque apostarle a eso es tan absurdo como querer ganar la lotería sin comprar un billete.  Por más cliché que parezca, la solución está en manos de todos, la solución somos todos.

 

¿Por qué exigir al gobierno que cambie las cosas si nosotros no cambiamos tampoco?, ¿por qué pedimos al de enfrente lo que no estamos dispuestos a dar?, ¿por qué tenemos que dejar todo en manos del gobierno?

 

Un ejercicio de congruencia es, a la par del nuevo Presidente y su equipo de trabajo, hacer lo que nos toca en cada ámbito de buena manera.   No puedo exigir seguridad si yo no hago lo que me toca para dar seguridad a los míos; no puedo exigir mejores ingresos si no tengo respeto por mi actual empleo; no puedo pedir apoyos si no colaboro en las más elementales labores de casa.

 

No puedo suplicar por mejor educación para mis hijos, si ni siquiera estoy con ellos (estar no es hacer presencia, es apoyarles y estar al pendiente de cada detalle); no puedo berrear por mejores servicios, cuando nunca los pago.

 

Cambiemos nosotros; comencemos por lo simple, tender la cama, levantar nuestros trastes, lavar nuestra ropa, atender a nuestros seres queridos.  Que sinsentido es exigir cuando yo mismo soy irresponsable en mis deberes y obligaciones. ¿Con qué calidad moral puedo entonces esperar ayuda del otro?

 

Citando a Jimmy Dean, No puedo cambiar la dirección del viento, pero sí puedo ajustar las velas para llegar a mi destino.

 

Sin eso, no esperemos milagros.