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Charla con Ernesto Carrión, sobre su novela El día que me faltes, ganadora del Premio Lipp

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La noche anterior, jueves 16 de agosto, Ernesto Carrión había presentado su novela Premio Lipp, precisamente en el restaurante que lleva ese nombre y que está dentro del hotel JW Marriot en Polanco, en CDMX.

Es la mañana del viernes 17 y tengo al autor frente a mí, para desentrañar varios misterios en su entorno y en el de la novela.

Ernesto dime por qué este libro El día que me faltes.

El título sale de un poema de mediados de siglo que se llama El alma de los labios, escrito por Medardo Angel Silva que, con los años, se convirtió en un Pasillo (para los ecuatorianos es un símbolo musical), interpretada por Julio Jaramillo.

Es un poema que va cargado de romanticismo, el poeta era modernista, es una figura trágica, porque se suicida en 1919, entonces este poema hecho Pasillo fue la excusa para un montón de suicidas en el Ecuador.

O sea, mucha gente que se suicidaba escuchando este poema hecho Pasillo, me parecía que allí había un detonante para una historia de suspenso, un poco mezclado con una historia de horror, arranca en el momento en que leo la noticia le habían robado la pierna a la escultura de Medardo Angel Silva en el Parque Seminario.

Dije a quién se le ocurre robarle la pierna y desde ahí empecé a ficcionar y a escribir esta historia, que me sirvió de excusa también, un poco, para tocar a los Poetas Suicidas en Ecuador que es una gran tradición, aunque suene fea la palabra, decir tradición de suicidas, pero la hay y esto aparece mencionado allí en el texto, mientras la periodista va haciendo la investigación, va guiando por esos lugares también.

¿Hay mezcla de ficción?

Es una novela de ficción, es un thriller; la periodista Beatriz Galindo encuentra en este reportaje la posibilidad de ser tomada en serio, por primera vez, por su jefe, porque la tiene relegada solamente al espacio de horóscopos, a los crucigramas y ella quiere ser periodista, pero es un diario de crónica roja, es un poco una crítica que le quiso hacer, porque el diario de mayor venta nacional es un diario de crónica roja, entonces va sobre esa necesidad que parece existir en Ecuador de consumir crónica roja, de consumir la muerte todo el tiempo.

Entonces ella está inmersa y también como es el mundo de un diario de crónica roja.

Ella tiene un compañero que se la pasa alcoholizado todo el tiempo, periodista porque también hay que entender desde el otro punto de vista, cómo vive un periodista que está viendo cadáveres y cosas atroces que suceden en la ciudad.

Es el primer libro o ya hay antecedentes.

Este libro es el octavo que escribo de narrativa, empecé hace tres años a hacer narrativa, tengo hasta ahora cinco premios; en el 2017 me gané Casa de las Américas de Novela, ese mismo año tuve la fortuna de ganarme el Lipp con esta novela.

Son diferentes, no quiero tener un registro o estilo, no creo en el estilo, pienso que se tiene que salir del área de confort, me gusta escribir en cada libro, una puesta distinta.

Éste es un thriller y ahora estoy pensando en hacer otra cosa, aunque en el caso de Beatriz Galindo me gustaría que volviera a aparecer más adelante, porque me gustó mucho el personaje, ponerme la piel de la periodista, me gustó muchísimo y quizá más adelante lo vaya a retomar.

Ese premio Casa de las Américas te lo entregó Roberto Fernández Retamar.

 

Me escribió Roberto Fernández Retamar fue una cuestión increíble, porque no me lo imaginaba, concursé con esa ilusión que uno tiene de poder ser.

Esa novela se llama Incendiamos las yeguas en la madrugada, es una novela sobre mi adolescencia, son cinco chicos que van de los 15 a los 17 años en el sur de Guayaquil y es sobre la imposibilidad de salir del sur, de la condición marginal del sur y el norte y también se vuelve como una cuestión de continentes, es esa necesidad de estos chicos.

Es una marginalidad de la que van tomando conciencia lentamente, porque quieren objetos caros, comprarse una moto, ir al norte a buscar chicas, dinero y tienen que hacer cosas hasta ilícitas para conseguirlo.

Es una novela fuerte, pero muy poética también y fue una sorpresa para mí, me llegó un correo de Roberto Fernández Retamar diciéndome que había ganado, no me lo creí, pero me dijo que no dijera nada, porque se hacía en la noche el anuncio y pasé todo el día abriendo correo para ver si era verdad.

Hasta que se anunció fue una felicidad enorme, este año pude ir a recoger el dinero, recién fue este año porque me invitaron para la Feria del Libro en La Habana y pasé por Casa de las Américas y el premio fue una felicidad porque estaba en Madrid, haciendo maestría de guiones de cine y televisión, justamente me estaba cambiando de departamento con mi mujer y mi hijo, tengo dos hijos, es de mi segundo matrimonio y estábamos en el cambio de departamento con todo encima y justamente recibí un correo donde me piden mi teléfono, cuando yo concursé no me había ido a Ecuador todavía, entonces ya no tenía ese teléfono.

Di el teléfono y me llamaron, fue una alegría inmensa, porque a mí lo que me representa el Premio Lipp es ese valor de tener ese jurado tan importante, un premio está determinado por un jurado.

Un jurado es lo que hace que un premio sea valioso, éste, de aquí, tiene diez miembros de jurado, escritores mexicanos, importantísimos de todo el continente, que demuestran su transparencia y me parece que hace atractivo al lector para que vea lo que es la obra.

Evidentemente tampoco pensé que iba a ganar, esto de los premios es una cosa, no termina determinando nada, por ejemplo tengo algunos premios, como 15, pero la cuestión es porque empecé siendo poeta.

Un premio para mí, muchas veces, está también delimitado por el jurado, si entra en concordancia con lo que tú escribiste, sobre todo en poesía así y de pronto no le gusta tu registro y le gusta otro y la otra persona, no es que tu libro haya sido malo.

Por eso te decía, a mí me encantó todo esto y sobre todo es idea de que está respaldado por todo este jurado de México.

Entre ellos Alberto Chimal, Xavier VelascoCristina Rivera GarzaMónica Lavín, Ana García Bergua.

Remarco  lo de Chimal, porque él es de Toluca, de donde vengo. ¿Cómo te enteras del Premio Lipp?

Me llegaron las bases, no me acuerdo si me llegaron al correo o si las encontré, de hecho iba a concursar un año antes, pero no tenía terminado el libro, me resultó interesante sobre todo por lo de la puesta de que la editorial manda y de que hay un monto para la editorial con la que publica la obra.

Me parece que era un premio, lo que me parecía más atractivo era el jurado, un jurado tan increíble, entonces el año pasado le propuse al editor, a José Córdova, tenemos años publicando, él ha publicado algunas obras mías de poesía y tenía la novela y le digo, por qué no lo mandamos a concurso, puede ser que pase.

El lo mandó a concurso y me llegó el correo, me llamaron por teléfono.

¿Tienes algún parentesco con Benjamín Carrión?

Parentesco real no, pero el asunto con los Carrión en Ecuador es bastante claro, todos vienen de la zona de Loja y mi abuelo paterno Carrión era de Saruma que era pegado a Loja, entonces en teoría se entiende que los Carrión vienen a ser como de misma rama, pero se sabe que directamente no.

¿A Demetrio Aguilera Malta, lo conociste?

Esos son los autores del Grupo de Guayaquil que vienen haciendo del realismo social, el Grupo de Guayaquil fue importante en el Ecuador, sobre todo, porque llevaron la literatura del costumbrismo, a la mejor los Montubio claves para la gente del campo.

A mí me gusta mucho, Las cruces sobre el agua, pero me parece en el Ecuador quiso pasar la página de eso y se fue como hacia la ficción por la ficción, sobre todo en Quito se empezó a hacer la ficción de un modo más burgués de hacer literatura.

Hay ciertos autores que pretenden ser europeos, poniendo referentes en sus novelas, en Madrid etcétera, entonces como que se trató de desligarse de esto, pero ellos son importantísimos.

Por ejemplo Alfredo Pareja Diez Canseco era tío de Miguel Donoso Pareja, fue un escritor que vivió aquí en México mucho tiempo, fue maestro de Juan Villoro.

Con Miguel Donoso Pareja tuve una amistad, fui a su casa un par de veces conversamos, es para mí uno de los principales escritores del país.

 

Yo conocí a Donoso Pareja, lo entrevisté varias veces, pero te preguntaba de estos dos, esperando a que por el apellido fueras pariente.

Ellos publicaron aquí en una editorial muy famosa, Joaquín Mortiz que los impulsó mucho, ya desapareció ahora, la absorbió Planeta.

¿Cómo observas el paso de los años en uno de los libros Los que se van escrito por Joaquín Gallegos Lara y Enrique Gil Gilbert?

Da un sorbo a su agua Perrier. Había llegado con lentes de sol. Venía desde Coyoacán. Me dice:

Como veo los años. Me parece que lo que trata es de relatar la situación, no es un paisajismo, pero son novelas costumbristas que de alguna manera tratan de meternos en la realidad de las casas, las familias que también tenían dinero en el campo, que mandaban a los hijos a Europa, pero también sobre la vida en sí de los Montubio y de la vida en la ciudad, está muy vinculado con la política, de alguna manera si hay una mirada política, de todos ellos, de todo este grupo.

Las nuevas generaciones a las que supongo tú perteneces, han rebasado o han rescatado esta literatura de realismo social.

Te diría que me parece justamente, porque sobre esto hablé, me invitaron a dar una charla en la Universidad Autónoma de Madrid ahora que estuve allá y a mí me parece que lo que está pasando ahora es como un intento de pasar la página y que yo lo veo mal, porque son obras valiosas, muy valiosas y ahora se ha puesto la bandera de Pablo Palacios.

Pablo Palacios es un autor que en esa época que estaban todos juntos, son de la misma generación, él estaba haciendo ficción, pero de una ficción al estilo, de hecho le dicen que es un KafkaPablo Palacios, Kafka perdido en el Ecuador.

El hombre muere a los cuarenta y pico años en el psiquiátrico y deja este cuento, sobre todo Un hombre muerto punta pies, que es el que menciono en esta novela que es un cuento famosísimo de él y que es una crónica roja.

Es como que ahora solamente los cuentos de literatura, los ensayos que se trabajan se trata de rescatarlo, se trata de hablar de la ficción por la ficción, como lo más importante es la ficción.

Hay una mirada que me parece que se ha generado, sobre todo centralista, como son autores de Guayaquil se trata un poco de desvincular.

Siempre, evidentemente, en nuestros países, se maneja el poder de la capital y los cánones fusionan, desde la capital y dejan como contenidos de las universidades en los medios de prensa.

Creo que no sólo se trata de recuperar, se trata de pasar la página, por lo cual considero que es un error, hay que leerlos.

En los colegios si bien se leen Las cruces sobre el agua, sí la leen que habla de la matanza del 15 de noviembre de 1922 que se llenó de sangre por Guayaquil, en los colegios sí lo repasan, pero a nivel de grupos de literatura o de escritores se está abrazando la bandera de la ficción por la ficción.

Incluso se está llegando a ese reclamo de la autoficción, ese debate que hay que si es válido que un autor meta su vida en un libro o la no ficción de Manuel Carrera, hay gente que está en contra, que cree que un libro tiene que ser ficción.

Ante ese debate, dije que es imposible vincular ambas cosas, pienso que Roberto Bolaño ficcionó, pero Roberto Bolaño está en todas sus novelas, porque él vivió en México, estuvo en Chile en la caída de Allende o sea es imposible.

En esta novela aparece un grupo de estudiantes en una universidad que forman un periódico que se llama el Tanatorio, ese grupo existió, yo lo formé, en esa universidad.

Sí hay algo de realidad, algo de lo que tú echas mano, incluso para darle más similitud a todo.

Hay o no una frontera en textos como éste, el premiado, con lo que se ha denominado novela negra.

La pregunta le gustó y contesta de corrido:

Creo particularmente… sé que ahora está en auge la novela negra, sé que Leonardo Padura tiene mucha fuerza con las obras de Mario Conde y Benjamín Black.

En mi caso no lo tomé por allí, es una novela negra, pero mi intención no era meterme en un registro, sino que, cada libro es distinto, había terminado de hacer con el que gané en Cuba, tenía esta historia, me parecía que lo que quería contar era una historia de suspenso, pero que generara terror, miedo y me parecía que la historia de este poema convertido en Pasillo y que por esto mucha gente se suicidó en Ecuador, era perfecto y no sé cómo a nadie se le había ocurrido antes

Tenía la excusa de la pierna robada, entonces empecé a lucubrar todo y metí la de la crónica roja, la periodista que trabaja allí.

Para mí sí es una novela negra definitivamente, está allí, pero me parece que su pretensión, sobre todo, es dejar en pie de página por decirlo así, la sospecha de que Medardo Angel Silva fue asesinado, no se suicidó porque la bala entró por detrás de la oreja.

Qué suicida dice me voy a matar delante de la novia como dicen que fue, mírame bien dos segundosatiéndeme y se dispara y ella, tenía otro novio, para mí alguien sale detrás de él y es una casa que tiene apenas unas velas, alguien sale de atrás de una cortina y le dispara, lo mata.

La madre se murió diciendo que su hijo fue asesinado en esa casa, el presidente de la República, en ese entonces José Luis Tamayo estuvo en el entierro, caminó detrás del féretro y le había dado el puesto de agregado cultural en París,  entonces por qué se iba a matar.

Los amigos de él dicen que era imposible, porque habían compartido su cumpleaños dos días atrás, y que él estaba feliz porque se iba a Francia, entonces él llega con tres balas a la casa de la chica.

Es como la subtrama que está dentro de la historia que es otra, hay una mezcla de recursos, porque es algo histórico, también mi intención era dejar claro que la poesía como tal, es peligrosa, se lo tiene que tomar como un juego, es  la poesía de verdad, es la que entra para los avaladoscuando hacen sus lecturas, la poesía es lo que se explica en el Génesis, el origen del mundo, la interpretación, todo está allí.

La palabra poética, la antigüedad antes de que todo esto fuera condenado, los reyes tenían un mago al lado, ahora los presidentes tienen un publicista al lado que todo tiene que ver con el trabajo y el poder de la palabra, hay que tener mucho ojo con eso.

Por ahí hay esa intención que me parece que excede la idea de la novela negra, que muchas veces se queda en el relato. El detective resuelve casos, si vamos a esa simpleza, de construcción, sí es una novela negra, es una excusa para ir diciendo otras cosas.

¿Qué significa la violencia en tu escritura?

Creo que más que violencia, tengo una fuerza, como una rabia, la utilizo en el caso poético, en el caso de las construcciones metafóricas, en el caso de cómo organizo el lenguaje.

Me parece que allí es donde pongo a nivel de piel, de lenguaje, utilizo un tipo de rabia y de rapidez.

Hay una parte del libro, de la periodista, que él va baleado, es tuerto se saca el parche y le deja ver a la periodista el ojo y en el ojo aparecen sombras rápidamente la vida en el cielo, pero parece una forma poética, una violencia.

En el caso de la violencia como tema, me interesa muchísimo, sobre todo denunciar cosas que están allí y que no hemos visto.

Escribí Tríptico de una ciudad, la primera novela que escribí en la que pongo a este grupo de chicos de dinero de Guayaquil, de los años 90, que iban a buscar travestis en la calle de Primero de Mayo como un policía encubierto que tenía problemas mentales evidentemente y lo secuestraban, lo cortaban y lo golpeaban, en una zona que era alejada de la ciudad.

Toda esa violencia es como el lado B de una ciudad que está allí, en este caso también lo de crónica roja y que está expuesto, un personaje habla con ella y le dice tu periódico es una basura lo que publica todos los días, entonces empieza a decir lo que aparece y lo que puse son noticias reales, un hombre asesina a su mujer y a sus dos hijos y se suicida.

O un cadáver de un extranjero es encontrado en la sala de una casa, enterrado unos metros, ese es el tipo de violencia que existe, que me interesa, porque me interesa que de alguna manera se genere, si se genera en mí la conciencia, me parece también que es un poco atractivo que el lector entre en este tipo de violencia y descubra ese tipo de cosas, que están allí, que no hay que ser un genio para verlas, pero que a veces estás tan allí que pasas la vista simplemente.

Además de lo que me has dicho, podríamos decir que Ecuador es asiento u origen de una novelística que registra la violencia.

El agua casi se termina. Doy un sorbo a mi exquisito café a la francesa y refiere:

Me parece que Ecuador es un país en el que la literatura ha sufrido evidentemente una invisibilidad, imagínate esto, el escritor del boom ecuatoriano es Marcelo Chiriboga, que no existió, lo inventó José Donoso y otros más y que los ponían en sus novelas.

Ecuador está en una línea imaginaria y su línea imaginaria que tiene un escritor imaginario, porque su literatura tal vez es poco imaginario, poco se ha visibilizado.

Pienso que tenemos grandes poetas y grandes narradores, pienso que la narrativa actual está metiéndose en asuntos de violencia, está tratando de soltarse de los esquemas de los libros bien escritos por decirlo así, hay una libertad un poco más clara, sobre todo, la gente joven.

Si hay un registro de la violencia ecuatoriana, que ha pasado de lo político, de ser una literatura que acaba de registrar sí esa violencia y esas situaciones vitales no, de un compromiso por decirlo así, a una ficción luego en la que está y ahora está como en ambos espacios.

Por ejemplo mi novela Hombre futuro, que se la he dado a mi padre cuando fue asesinado hace unos años, habla en cambio sobre los 80, en Ecuador, sobre todo la muerte del presidente Jaime Roldós Aguilera y la guerrillera que hubo y trata a través de este muchacho que busca a su padre, trat a de ponernos en la piel de los 80.

Tiene algo que ver con lo que denominó tremendismo en España.

No sé, pienso que lo que pasó en Ecuador… si volvemos al grupo de Guayaquil, los 5, se da porque todos ellos tenían compromisos, eran socialistas, están comprometidos políticamente, ellos querían darle la voz al campesino, querían hablar de lo que había pasado y están comprometidos políticamente y su literatura también tiene ese compromiso, pero ahora lo que está mal es tratar de decir que eso es inferior, porque para mí no es así.

Algunos escritores tienen dimensiones y los políticos están dentro de esas dimensiones.

¿Tampoco se puede decir que es una temática impuesta?

No, no creo que sea una temática impuesta, pienso que la literatura ecuatoriana, la primera novela ecuatoriana que se escribió es La emancipada de Miguel Ríofrío, es una novela donde este escritor habla de una mujer a la que quieren obligar a casarse y que trata de luchar contra este matrimonio.

El primer personaje de la literatura ecuatoriana es una mujer y no solamente eso, sino que habla de alguien que está con todas las trabas sociales y quiere su independencia, es una novela feminista.

Como que los escritores se pusieron en ese intento de decir cosas que nos afectaran, que nos estaban afectando, mientras Pablo Palacios está siendo otra cosa.

Me has hablado de Julio Jaramillo, ¿lo conociste?

No imposible, yo era un niño.

Yo tengo 41, pero Julio Jaramillo es un gran referente, sé que vivió en México también, vivió en Perú, Jaramillo es el autor de los Pasillos más hermosos que existen y se sigue escuchando en todas las esferas, en todas las clases sociales.

Por ejemplo César Dávila Andrade es otro de los suicidas, se suicida en Venezuela cuando se entera que muere su madre, se corta la yugular escuchando Carnaval de la vida de Julio Jaramillo.

Por ahí está todo, va de la mano un poco; es un cantante importantísimo Julio Jaramillo, sobre todo esta música que genera esa tristeza, porque si algo somos los ecuatorianos es que somos nostálgicos y tristes, entonces está ligado.

Ha permeado el hijo,

Julián Jaramillo.

Allá hay algunos que cantan igualito a Julio Jaramillo, de hecho hay un gordito que anda en sillas de ruedas que canta idéntico, lo he escuchado cantar.

Julio Jaramillo tenía fama de mujeriego, decían el pinga de oro, casado, tenía hartísimas mujeres, que tuvo bastantes hijos entre reconocidos y no reconocidos.

Me siento feliz por el Premio Lipp, me siento muy feliz en México, siempre me ha encantado, tuve el placer de estar en Veracruz, como un mes, luego en Oaxaca, otro mes, otro más aquí en CDMX.

Siempre me genera esa fraternidad y ese calor, siempre quisiera venir a México, me gusta mucho como país y la alegría sobre todo, que el premio sea aquí en México, que es mexicano y que entre en colaboración con una editorial que es peruana y que genera esa hermandad ante Ecuador, pero hoy México me parece que se genera algo bonito.

Mi dedica su libro con esta leyenda: Para Guillermo este libro donde la poesía es peligrosa y puede significar la vida y la muerte, hacemos las fotos y hace sus preparativos para regresar a Ecuador.