Cierre escolar

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Esta semana significó el cierre de Ciclo Escolar para cientos de miles de estudiantes en todo el país; las redes sociales invadidas por padres y madres orgullosos por los éxitos académicos de sus hijos, muestra del esmero dedicado. Aplauso para ellos por sentar las bases para mejores cosas para la generación que viene.

 

Como toda actividad humana, es necesario un balance; en él, debemos ser realmente autocríticos y procurar, o más bien prometer, que todo aquello que no se hizo en el pasado se modifique con urgencia para mejores resultados en el futuro.

 

La ecuación es simple: que cada miembro de la familia haga lo que tiene que hacer, y bien, para minimizar los riesgos de un posible fracaso, no sólo escolar, sino en la vida misma.

 

En consecuencia, queridos papitos y mamitas, debemos recordar que en el proceso de formación de un chico, son muchas las actividades y responsabilidades que están, citando a los clásicos en nuestra cancha, máxime si los retoños viven bajo nuestro techo y con un énfasis cuando son menores de edad (lo que abarcaría Educación Básica).

 

Si un hijo (independientemente de la edad) no se quiere levantar, discúlpenme pero no hay opción, se le levanta y punto.  Lo cómodo es decir, es que no quiso; versa el adagio, mi casa, mis reglas.  No forzarlo nos hace permisivos y las consecuencias son negativas en el corto plazo.

 

Si un hijo menor de edad llega tarde a la escuela, no es su responsabilidad; como padres debemos hacer lo necesario para que le llevemos o lo enviemos con el tiempo suficiente para no pasar por la pena.  De nueva cuenta, ¿en dónde está ese compromiso parental?

 

Si un jovencito obtiene un 6 de calificación (aunque sea festejado por éste como un logro cum-laude) es por falta de supervisión en casa; todos sabemos que el Sistema Educativo está diseñado para que los alumnos sean promovidos sin tanto problema.  ¿Cuántas veces preguntamos y acompañamos en el proceso de evaluación?

 

Si un alumno se presenta a la escuela sucio, despeinado, sin el uniforme completo, los zapatos sin bolear y demás encantos, evidentemente es porque alguien en casa no asumió sus compromisos a cabalidad. Sé que se tedioso, pero no basta con doblar perfectamente la ropa tras lavarse; afortunadamente hace décadas se inventó un artefacto llamado plancha, que invito a utilizar con más frecuencia.

 

Es decir, muchas de las acciones que permiten que un estudiante sea capaz de obtener mejores resultados son responsabilidad de quienes les tienen bajo su tutela; es una tristeza que muchos pequeños crecen a la buena de Dios, sin un adulto que les procure sus necesidades al cien por ciento.

 

Por lo pronto, a disfrutar del receso escolar, porque si entendemos lo que aquí se ha planteado, el reto es más grande para el ciclo escolar siguiente, al menos que consideremos que no es necesario hacer modificaciones, lo cual me parecería un error que, con el tiempo, nos acabará poniendo en nuestro sitio.

 

¿Tendría que ser diferente?