Cincuenta vueltas al sol

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A Ricardo García Paredes

De mi niñez al día de hoy, no supe cómo pasó el vertiginoso y sabio tiempo. Ya soy  un adulto y el miramiento afligido del pasado, se impone a la breve memoria de las estaciones.

Cumplir cincuenta años se toma en cuenta. Desde hace días, mi alma se pasea impaciente entre sensaciones encontradas: vienen los recuerdos aislados y otros concretos. Me miro pensando algunas cosas con imágenes de mi vida y salto a otra idea imprecisa del presente.

Otras reflexiones aíslan la existencia y un silencio prolongado contempla el diálogo de mis ancestros y monstruos interiores.

En el preámbulo de mis cincuenta, hay quienes me felicitan. Muchos no saben qué decir cuando les comento emocionada que llegaré a esa edad; algunos ponen cara de desconcierto, otros preguntan con su mirada ¿por qué tanto desparpajo para enunciar que cumplo cincuenta años?

Entre las felicitaciones, hubo una que encendió mi quinta esfera de luz, me dijo mi amigo Ricardo: No son cincuenta años amiga: son tus cincuenta vueltas al sol desde que empezaste a transitar por este universo de oportunidades, experiencia, aprendizaje, crecimiento personal, amor y mucha bendición.

Cuando me dijo eso pensé: con cincuenta vueltas al sol, puedo mirar el día y la noche como si fueran el naciente de la vida. Con esos días puedo recordar que la vida me ha dado mucho y que mirar al pasado sólo es para recordar cuántas cosas buenas y malas he pasado. Que han sido más las buenas y que las malas me han recordado la humildad para valorar todo de ellas.

Con cincuenta vueltas al sol puedo recordar cada una de las sonrisas que me llenan de vida: ver el brillo de los ojos de mi hijo con la que se entrega a la existencia.

Con cincuenta vueltas al astro, puedo agradecer la vida que mis padres y familia me dieron y que, aun cuando ya no los tengo sé que me miran más allá del sol donde yo tengo un hogar.[1]

Con cincuenta vueltas al sol, he sido afortunada de conocer a quienes se han dicho mis amigos y son parte de mi familia interior.

Con cincuenta vueltas al sol, he conocido el amor y su desazón sintiendo en él lo indecible, lo inasible y lo maravilloso de vivirlo. A veces le he llorado por conservarlo pero también me ha dejado libre para conocer más de él.

Con cincuenta vueltas al sol, he llegado a la quinta esfera de luz y no puedo pedir más porque como diría Amado Nervo: Vida, nada te debo, vida estamos en paz.

[1] Cita bíblica