COMUNICÁNDONOS CON NUESTROS HIJOS

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Pensando en la relación padres e hijos, ¿Cuántas veces habremos terminado el día frente al espejo, quejándonos por nuestra falta de capacidad para comunicarnos con nuestros hijos?

Más allá de lo que muchos piensan, para lograr una correcta comunicación se necesita más que solamente un Emisor y un Receptor. No podemos hacer a un lado la voluntad, el motivo, el carácter, la disposición, el interés, la necesidad, la distancia, etc.

Los medios de comunicación hoy día han tenido un avance impresionante, nos podemos comunicar con los demás, de tantas formas, que inadvertidamente perdemos la noción de ello.

Recuerdo cuando era niño –hace ya muchas lunas- que la forma que teníamos para comunicarnos a distancia, o de un lugar a otro, era utilizando el teléfono fijo de casa o el de monedas en la calle. Ambos eran de pulsos recuerdo bien, teníamos que discar número por número hasta lograr concretar la llamada, pero si no lograbas concretar la llamada, por el motivo que fuese, entonces lo único que quedaba, era esperar pacientemente a que la persona con quien necesitabas comunicarte te llamará en algún momento.

Imaginen cuando se trataba de alguna emergencia, o más aún, cuando un ser querido salía de viaje y deseabas saber de él o ella, no existía manera de saber nada de aquella persona, a menos que él o ella reitero, lograrán comunicarse.

En la actualidad, podemos comunicarnos con quien deseamos a través de, por ejemplo: El celular, aparato que hace mucho deja de ser un medio único de comunicación, es decir; el celular te permite hoy día, diferentes medios de comunicación.

Con los famosos Smart Phones, la comunicación se diversificó impresionantemente, ahora puedes comunicarte con alguien por medio de una llamada de teléfono, o utilizando las telefonía de las redes sociales, o bien, simplemente enviar un mensaje de texto utilizando los mismos medios.

Dicho todo esto, quiero plantear un problema. ¿Por qué no logro comunicarme con mis hijos?

La comunicación va más allá de los medios. Tiene que ver más bien, con la intención y la forma, es decir; con lo que esperamos lograr y la manera en que lo haremos.

Lo primero tal vez, que debamos entender, es que nuestros hijos llegaron a nuestras vidas no por decisión propia; ellos no escogieron ni el lugar, ni la hora, ni el clima, ni el hospital y finalmente ni a sus padres, ellos simplemente llegaron, ahora no quiero decir que sean como un premio en una caja de cereales, lo que deseo determinar es que sus opciones son menores que las nuestras.

Nuestra misión como padres, es, de cada día, a toda hora y bajo cualquier circunstancia. La comunicación con nuestros hijos da inicio con el primer abrazo y beso que él o ella recibió al nacer, fue en ese mismo instante que derramamos sobre la vida de nuestros hijos un compromiso de amor y de cuidado.

A partir de ese primer desvelo a su lado, de esa primera caricia, de esa primera sonrisa o lágrima, iniciamos un largo y nada sencillo proceso de comunicación con nuestros hijos.

La comunicación con los hijos se basa en confianza, se fortalece con los valores que sostenemos en nuestras propias vidas para así inyectarlos en las suyas. Es un cuadro completo de congruencia, honestidad y verdad.

Por supuesto que la comunicación con nuestros hijos se verá afectada por muchas cosas en un sinfín de oportunidades, como, por ejemplo; por situaciones de trabajo, por asuntos personales inconclusos, por la separación de los cónyuges, o, por inestabilidad económica; en fin, todo y más alrededor de nuestras vidas.

Sin embargo; siempre podremos confiar en nuestros hijos para salir adelante y no importará que tan grande sea el problema o que tan difícil parezca, si nuestros hijos conocen lo profundo de nuestro corazón, lo grande de nuestro amor por ellos o lo importante que son para nosotros, ellos encontrarán el camino a lado nuestro, a pesar de todo.

¿Por qué mi hijo no escucha?, ¿por qué no obedece?, ¿por qué nunca quiere estar con nosotros? Permítame insistir en esto, nuestros hijos solo están esperando por nosotros.

El rey Salomón decía:

“Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.”

Es decir, si desde la niñez, viertes en el corazón de tus hijos los valores correctos, el amor a Dios y a su prójimo, entonces nunca se apartarán del buen camino y siempre buscarán el consejo de sus padres.

Saulo de Tarso decía:

“Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten.”

No canses a tus hijos con mentiras o evasiones cuando estos necesiten la verdad.

La verdadera comunicación con nuestros hijos será entonces, la práctica de la honestidad y la congruencia de nuestras vidas.

Si ellos perciben un verdadero deseo e interés de nuestra parte hacia sus asuntos, entonces ellos abrirán el canal correcto de comunicación, no esperemos que alguien más ocupe nuestro lugar, dejemos ver a nuestros hijos que el asunto más importante para nosotros, es verlos en un camino de rectitud y bien constante.

No hagas que tus hijos carguen con tus problemas, o tus culpas, vuélvete a ellos con todo tu corazón y entrégales sin medida lo mejor de ti, entonces se abrirá el canal correcto para comunicarte con ellos.

¿Qué es lo que deseo que mi hijo sepa de mí?

Necesito que sepa cuanto lo amo, lo importante que es para mí, necesito que sienta todo el amor que he guardado para su vida, que conozca quien soy y cómo soy, que entienda mis aciertos y fracasos, que perciba cuanto me importa y que camine entonces, por la senda correcta toda su vida.

 

Muchas gracias.