Con el violín en una mano y en la otra el arco, realizando aún más inverosímiles reverencias pese a una rigidez terrible!!

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Fue a la edad de nueve años que nuestro invitado de honor realizó su primer concierto en público donde interpretó una obra creada por él mismo, basándose en un tema popular que impresionó a empresarios de tal suerte juntaron fondos para enviar al pequeño Nicolo a estudiar con el prestigiado profesor Allesandro Rolla quién se encontraba en Parma. Sin embargo al escucharle se percató de que no tenía nada más que enseñarle.

 

Una prueba más se dio cuando el Papa León XII lo premia con la orden Caballero de Espuela Dotada, sin duda para Paganini fue una gran honor. En 1828, viajaría por primera vez a una capital musical, así que después de diez días a través de los Alpes, llegaría a Viena donde fue aclamado a lo largo de catorce conciertos. Más tarde viajaría por Alemania donde a lo largo de unos tres años se reuniría con personalidades como Johann Wolfgang Goethe, Heinrich Heine y por supuesto con Robert Schumann, para este último compartir con Paganini, fue una parteaguas para dedicarse por completo a la música. También en Inglaterra habría tenido su éxito a pesar del costo elevado de las entradas.

 

Hay que decir que el sobrehumano talento de nuestro invitado así como su capacidad histriónica en las salas de conciertos con múltiple piruetas de manera infalible cautivó a las audiencias a tal grado que ya se le vinculaba con leyendas sobrenaturales, inclusive era ya muy común que se hablara de un supuesto pacto con el diablo y que, solamente tal vez, habría logrado todas sus virtudes al verse en prisión por haber asesinado a su amantes. Pero no habrá que minimizar que también generaba gran admiración por su grandeza en el dominio del violín. Sólo por poner un ejemplo, lograba tocar con cuerdas dobles o triples, melodías en una tesitura demasiado alta. Renne de Sausine, un biógrafo destacado de Nicolo susurraba en voz bastante alta que había en su apariencia algo sobrenatural semejando un caso hendido o un ala de un ángel.

 

Se le describe muy alto, muy delgado y demacrado. Se veía tan emaciado (delgadez extrema) que algunas personas temían acercársele por temor a contraer la tuberculosis. Manifestaba una marcada palidez desde la infancia y ya a los 28 años se evidenciaron signos de un prematuro envejecimiento volviéndose más enjuto, su cara era descrita como cadavérica.

 

El apasionado Bennati, también afirmaba con categoría que la mano de Paganini aunque de tamaño normal, tenía una capacidad de extenderse al doble debido a la elasticidad de los ligamentos capsulares de los hombros, de la muñeca y de las falanges y en su mano izquierda que tocaba las cuerdas, tenía una extraordinaria flexibilidad de las primeras articulaciones que le permitían, sin cambiar de posición, la mano, moverse en forma lateral sin tensión anormal, haciéndolo con facilidad, precisión y rapidez.

Sólo tal vez esta condición podría explicar en alguna medida el hecho de que el diablo apareció ante la mirada de Nicolo quien apareció en escena como una figura oscura, que parecía haber salido del infierno, así con un traje negro y chaleco negro también, horrible, como lo hacía ver la etiqueta infernal en la corte de Proserpina, unos pantalones negros que caían temerosos por las piernas flacas. Los largos brazos parecían alargarse con el violín en una mano y en la otra el arco, realizando aún más inverosímiles reverencias pese a una rigidez terrible que rayaba en lo cómicamente animal, que invitaba a una risa que rebotaba en su cadavérica cara reflejada por una chillona luz desde las candilejas. Así que, sólo tal vez, tendría que ver algo el rojo en estampar por sus ventanas del alma el síndrome de Ehlers Danlos que se caracteriza, a grandes rasgos por una hiperextensibilidad de las articulaciones, pequeñas o grandes.

 

Así como una hiperelasticidad de la piel, con una pobre cicatrización de los tejidos, asociado a trastornos hemorrágicos. Hay de varios tipos, pero al parecer en el caso de Paganini habría que centrarse en el tipo hipermóvil o el vascular. Sin embargo por su fenotipo, de nariz y ojos prominentes, con labios finos, mejillas hundidas y la gran hipermovilidad de pequeñas articulaciones, concuerda más con el vascular.

 

En otra entonación, el poeta alemán Heinrich Heine de forma especialmente romántica nos dice que… Por lo que a mí se refiere, ya conoce usted el otro lado de mi afición musical, la capacidad que tengo de ver la figura adecuada de cada nota que oigo sonar; y así sucedió que, con cada movimiento de su arco, Paganini ponía ante mis ojos imágenes y situaciones visibles, y en una escritura plástica de sonidos me contaba todo género de historias estridentes, que desfilaban ante mí como un fuego coloreado de sombras, en el que él mismo, con su música, era el protagonista (…) Si Paganini me pareció ya harto extraño y fantástico, al verle venir (…) ¿qué sorpresa no habría de producirme en la tarde del concierto su estremecedora y extraña figura?

 

Es tiempo de terminar esta loca charla, lo haremos con una de las historias más bellas que diluyen un poco el misticismo e inclusive el aire paranormal que rodeo el espacio del, sólo tal vez, más grande violinista que ha dado la humanidad, aún cuando pudiera parecer que tal personaje pudiera tener poco de humano o venir de otro mundo. Sin embargo la siguiente historia expresa la parte del ser que va antes de la humana, la parte creativa y del espíritu de nuestro invitado, que siempre tendrá más impacto que el homo sapiens sapiens. Así es que colocó su violín en el hombro, buscó con su mirada los ojos verdes de Natacha, el siguiente acto fue indescriptible, más allá de la palabra, más allá de los sentidos. Blancas y negras, fusas y semifusas, corcheas y semicorcheas que parecían tener alas y volar con el toque de aquellos dedos encantados.

 

Ante aquello sublime, un sonido intruso interrumpió el ensueño del palco. Parecía obra del diablo arrepentido, una de las cuerdas del violín se le rompió impactando a tal nivel qua la orquesta dejó de tocar, parecía invadir casi la depresión al público, pero Niccolo no podría estar dispuesto a que aquellos ojos verdes se opacaran, así es que le dio vuelta a la página de la partitura y con una fulminante sonrisa extrajo exquisitos sonidos con las tres cuerdas que le quedaban. La orquesta se llenó de admiración y su música volvió a tocar, los espectadores se animaron de nuevo y Natacha sonrió. La música comenzó a fluir viva…

 

Nuevamente Satanás, parecía molesto por tal sonrisa y envío otro sonido perturbador. Otra cuerda se había partido en dos. El director paralizado, la audiencia manos a la cabeza, pero Paganini no se inmutaba, como si nada hubiera ocurrido y sin dejar de mirar fijamente a la hija del lutier, siguió arrancando sonidos imposibles de su fiel violín generando acordes con cientos de palmas. La energía se podía sentir en el aire, los corazones latían acelerados… Todos los presentes, incluida Natacha, con un terror indescriptible y con un último aliento antes de que pararán corazones gritaron un ¡ohhh! que retumbó por toda la sala cuando una tercera cuerda del violín se rompió.

 

El magnífico Guarnerius quedó casi desnudo, la orquesta abatida dejó los instrumentos, el público sin respiración y Natacha sin contener lágrimas. Pero pasó lo inverosímil  Paganini sonrió profundamente y comenzó a crear sonidos inexistentes tocando a dos e incluso tres voces, parecían varios los violines los que emanaban de una sola cuerdas.  El director comenzó a mover con vigor su batuta. La orquesta tocó con una fuerza jamás vista. El público pasó del silencio a la euforia, de la desolación al delirio. Natacha le entregó su corazón.