CON SUS PUPILAS ENCONTRADAS

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El nació así, con sus pupilas encontradas, porque lo miran, en el morbo de encontrarle defectos, porque no es como ustedes. Qué les importa su rostro. Para mi es el más hermoso. Ríe como nadie, quiere como ninguno, con esa capacidad de asombro por descubrir tantas cosas, que mi protección no ha podido disfrutar.

Alguna vez miré a un niño como él y me volteé para no incomodarlo. Hoy sé que algo de mi quiere Dios, al enviarme a este hijo que tiene una alma limpia que no pueden cambiar todos los humanos contaminados de una vida artificial. Huguito llegó a mi vida como un bálsamo a mis dolores, fue ese regalo que se recibe en la controversia de mirar la vida diferente.

Los médicos le diagnosticaron síndrome de Dawn, primero me desmoroné como el cristal pulverizado al saber esa noticia, poco a poco acepté su condición de no ser un niño como todos. Su padre me abandonó tal solo con mirarlo. Dijo que no lo aceptaba y que no lo quería, le daba aversión. Mi mundo se cayó en pedazos sobre mi cabeza. Me aferré a Huguito con más fuerza sabiendo que era tan indefenso y solo de mí dependía.

Se prendió a mi pecho como única salvación para sobrevivir, era mi hijo, nacido de mí. En medio de toda esa confusión estaba el hecho de que yo era su madre, su padre había optado por el camino de renunciar a una vida llena de amor, hoy es un niño hermoso de 4 años y es muy alegre, casi nunca esta triste, es solo sonrisas, abrazos y baile, siempre baila.

Me hace tan feliz verlo contento lleno de esa vitalidad que nos hace falta a los normales. Es tan inteligente que a su edad sabe escribir y leer, le gusta dibujar, creo que va ser un gran pintor cuando sea grande. Aunque sus ojos rasgados a veces se encuentran sé que me miran de una forma especial cuando se mira él en mis ojos, me dice: mami estoy dentro de tus ojos.

– Si mi vida y nunca te puedes salir de ahí. También estas dentro de mí corazón.

– ¿de tu corazón? pregunta entonando fuerte –si mira aquí está mi corazón– le tomo su manita y la pongo en mi pecho.

–¿Quieres escuchar como dice tu nombre? –asombrado me pregunta– ¿dice mi nombre?, a ver yo quiero escuchar, yo le contesto –ven, ven mi vida acércate pon tu oído en mi pecho, se acerca a escuchar y se queda sin decir nada. –no escuchas? Dice: ¡Huguito te amo, Huguito te amo!– de pronto salta y responde: es cierto, sí dice Huguito, tu mami te ama, te ama, te ama. Me abraza muy fuerte y me dice yo también te amo mami, mucho, mucho, mucho.

No puedo con esa alegría de ser feliz por tenerlo como hijo. ¡Ay Huguito de mi alma! Esta tarde salimos al parque, el corre feliz, tan feliz que no se da cuenta de sus miradas que lo miran con detenimiento, para descubrir que es tan solo un niño diferente lleno de amor.