Poder EdoMex

Conciencia extraviada

Views: 137

Con cuanta frecuencia encontramos personas que, aun sabiendo lo que deben hacer, se empeñan en hacer lo incorrecto.  Lo mismo en el trabajo que en la casa, en la calle que en la oficina, en el espacio público como en el privado.  Pareciera que se trata de una competencia por juntar puntos negativos para caer en la clasificación de incumplidos, arrogantes o mala leche.

 

Duele descubrir que, en muchas oficinas gubernamentales o paraestatales, no es un cliché aquello de que los trabajadores llegan a deshoras y, encima de ello, prefieren hacer su “desfile de salutación” o sus “reuniones para desayuno (torta incluida)”, antes de iniciar puntualmente con su jornada de trabajo. Si esto no fuese suficiente, hacen alarde de negligencia dando pésimo trato a quienes tienen la desfortuna de caer en sus manos.  Linduras dignas de análisis.

 

Enoja ver como en la calle, hay decenas de “gandallas” que, conociendo el reglamento de tránsito, invaden el carril confinado al Metrobus con el único afán de “ahorrarse el tráfico” de diversas zonas.  (Quien lo dude, lo invito a circular por Avenida de los Insurgentes en dirección a Pachuca después de las 18:00 horas, eso es una escena común).

 

Encabrita aún más darse cuenta de que la “autoridad” está pendiente de los parquímetros y espera justo el momento que se agota el tiempo para colocar la dichosa “araña”, mientras que permite que esos gandallitas hagan de las suyas en el ejemplo referido.   ¿En dónde están cuando deben hacer su trabajo?

 

Espanta ver que muchos conductores son capaces de conducir como si se tratara del Gran Premio de México, haciendo gala de pedantería, inconciencia y estupidez, con una agresividad que cualquier luchador de la triple A, envidiaría.

 

Entristece darse cuenta de que, por la incapacidad de renunciar a la vida fácil, hay personas que son capaces de renunciar a sus valores con tal de verse beneficiadas, aunque eso implique atropellar los derechos del otro, incluso de los que decimos “amar” más que a nada.

 

Sorprende que el ser humano ha perdido la capacidad de sorprenderse; asumimos como parte de la vida la violencia de género, la poca probidad de los gobernantes, el abandono a los hijos, el fraude, el mercantilismo y el abuso sistemático de los grupos vulnerables.

 

¿Mundo al revés?, probablemente, pero más que eso, un sutil pero peligroso comportamiento que nos ha transformado en una caricatura de lo que en el papel estaríamos en condiciones de dar.

Tal parece que en nuestra conciencia extraviada, no tenemos memoria sobre nuestros lazos maternos.

Ese es el punto.