Conductores cínicos

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Cualquiera que vea un programa de noticias, comprendería que todos los días estamos expuestos a sufrir un accidente de tránsito que, si bien acaba, se resuelve reparando fierros; no todos tienen la misma suerte y muchos terminan en tragedia.

 

Ante la crudeza de las imágenes, uno pensaría que algo en nuestro cerebro se activa para tener tantita conciencia sobre los hábitos que tenemos al conducir, pensando en minimizar los riesgos que, de manera natural, conlleva tomar el control de un vehículo.

 

Sin embargo, lejos de que así sea, encontramos personajes que al estilo de aquella caricatura de Tribilín transformándose en un monstruo en el instante mismo en que se dispone a conducir un vehículo, hacen todo lo que está en sus manos para retar al destino y a la muerte.

 

Por ejemplo, la autopista Chamapa-Lechería, en sentido hacia Toluca por las mañanas, se convierte en una verdadera pista de carreras, es común ver como los vehículos son capaces de rebasar a grandes velocidades, incluso por el acotamiento, sin importar que haya personas esperando el transporte público en diversos puntos. Cuando se les reclama o se les hace ver su chiste, lejos de asumir una postura amable, hacen sonar su claxon en muestra de enfado, o peor aún, valiéndoles 10 de mayo siguen su camino aventando lámina a lo que sea.  Es decir, encima de que rompen toda regla de transito de manera evidente, además se hacen los ofendidos. Habrase visto tal cinismo.

 

Casos similares en la Ciudad de México, todos los días vemos gandallitas que transitan por el carril confinado al Metrobús, seguramente porque se sienten bien chingones porque en su infinita estupidez suponen que eso los hace más inteligentes que el resto.   Cuando alguna autoridad les hace retomar el rumbo (en los poquísimos casos en que eso sucede, porque la realidad es que lo hacen con gran impunidad), no aceptan su gracia y toman posturas de divos o divas, como su fuesen blancas palomas. Insisto, cuanto cinismo.

 

La desvergüenza de muchas personas no conoce de límites, lo mismo sucede en la México-Pachuca en dirección a la Ciudad de México, a la altura de Ecatepec, que se transforma en una vialidad de alto riesgo por la prisa de decenas de conductores que son incapaces de mantener un solo carril por más de 20 segundos; la constante es pasar de un carril a otro, en zigzag, a grandes velocidades, sin importar lo que adelante pueda esperarles. ¿Cuántos accidentes por semana se presentan por semejante imprudencia?

 

¿Cómo hacemos a las personas conscientes?, la única alternativa es un ejercicio de la autoridad más contundente; patrullas, autoridades y gobiernos no pueden seguir siendo tan permisivos. Históricamente, cuando la gente se da cuenta de que sus errores le pueden implicar una buena multa, inconmutable, so pena de no poder circular o verificar, resulta que mágicamente comienza a despertar de ese letargo y paulatinamente se vuelve más prudente.

 

Pero mientras sigamos permitiendo todo, sin sanción, es complicado educar a las sociedades. Todos esos entes irracionales al volante muestran que como sociedad estamos dejando de hacer cosas; esos mismos sujetos son padres de familia y ese es el ejemplo que permean a sus hijos.  ¿Cómo queremos tener otro país?

 

Pobre México, en medio de cinismos que ya ni siquiera se esconden.

 

 

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