Corpus

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Hay cosas que no caben en lo infinito.

Y cabrían en mis manos, si las tuviese en mis manos.

Antonio Porchia

 

 

Aunque la literatura es un mundo que nos lleva a vivir todo tipo de fantasías y realidades, esta vez la situación supera lo leído. En la cúspide de esta pandemia todo pasa por la mente y la sensibilidad; desde verse espectador hasta ser protagonista de la tragedia.

Para quienes han sentido la cercanía de la muerte, la vulnerabilidad finita de la naturaleza humana se convierte en una lucha de pensamientos encontrados que detonan en las distintas percepciones del mundo y de la persona.

Sales de la casa transitando el vacío sórdido de silenciadas calles. Sobresaltado al toque de la muerte, regresas a ella con la sensación de traerla en las manos, en el cuerpo, en el cabello y en los ojos. Limpias cada objeto que portaste. Uno huele a contagio, a peste, a lepra ¡a humanidad!

¿Cuál es el verídico mal? Airosa incertidumbre que transita en el ambiente. ¿Cuál es el verdadero contagio? ¿Aquel que ha ido cobrando aversión por nosotros mismos? ¿la brecha creada hacia el contacto y la despersonalización de los sentidos: no oler, mirar detrás de las caretas, esconder la sonrisa que no se revela con los ojos, retirar lo más posible los cuerpos portadores de cicuta.

La angustiosa caída hacia un abismo que no revela fondo, que nos aleja de la más íntima cercanía con el otro ¿Cuánto tiempo pasará para volver a tener una vida de sentires a través del tacto humano? Recuerdo las películas futuristas que veía de adolescente y mi mente sonreía irónica ante la imposibilidad de que ocurriera.

Cuerpo; templo que habitamos para entrelazarnos con la existencia convirtiéndose ahora en un portador de rechazo y temores.

El cuerpo: casa de la vida, cuna del amor; beso y abrazo del espíritu, extensión de nuestros amores, manos ancestrales pródigas de afectos filiales, calor de los amantes.

Si libramos esta muerte, miraremos con esencia, jugaremos con la vida, sellaremos el pasado tomando cada instante como único en la vida, respiraremos la paz y viviremos con disfrute. Dicta el dicho no hay muerte que sea en vano. Si libramos esta pandemia, ¿qué habremos de buscar con nuestros cuerpos? Habremos de buscarnos con el alma, habremos de besarnos con el espíritu hasta saciar esta soledad con olor a muerte que nos ha templado el interior porque: El que enseña mis manos para la pelea, y da con mis brazos quiebre el arco de acero [1] .

 

[1] Cita bíblica