CORRUPCIÓN ¿ASUNTO CULTURAL?

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En últimas fechas, han acaparado la atención varios asuntos sobre corrupción y falta de transparencia entre algunos de los actores políticos de la nueva administración federal, lo que ha originado que se escuchen algunas voces de la oposición y de los ciudadanos en general.

Todo comenzó cuando se pidió que ningún funcionario público ganara más que el presidente, muchos se resistieron y como decimos coloquialmente, sacaron el cobre o el colmillo para no ajustarse a la nueva disposición. Surgieron todo tipo de comentarios como el célebre: Nos están obligando a robar del entonces diputado plurinominal por el PRI, Enrique Ochoa Reza.

Después vinieron los nombramientos y declaraciones patrimoniales del gabinete de gobierno, primero, de a poco y unos hasta el último momento, han cumplido, más a fuerzas que de ganas con la fecha de plazo, pues había sentenciado el presidente que quién no la realizara, sería destituido. Empezaron las anomalías, la secretaria que pedía se reservaran datos de terceros en su declaración patrimonial o al secretario que se le olvidó declarar un departamento en Houston.

Continuaron los nombramientos para otras dependencias de gobierno que resultaron un escándalo, porque se trataba de personas que, supuestamente no cumplían con el perfil requerido o andaban dando declaraciones poco acertadas acerca de su trabajo. Y qué tal la terna de candidatos propuesta por el presidente para la Comisión de Energía, vaya que dejan mucho que desear acerca de sus conocimientos respecto al sector energético. Daba pena ajena y ganas de llorar con sólo pensar que estás personas eran la mejor propuesta del presidente.

Y un día apareció el presidente acompañado del director general de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), Manuel Bartlett quien comenzó a revelar nombres de exfuncionarios involucrados en el desmantelamiento de la CFE. Pero con todo respeto, con qué cara se atreve cuando en el pasado, él también, se vio involucrado en varios escándalos.

En el 2014, el entonces presidente Enrique Peña Nieto hacía declaraciones ante la reunión de líderes en la que decía que para combatir la corrupción se debe partir.” de reconocer que es un asunto de orden cultural; por ello, llamó a construir una nueva cultura ética en la sociedad mexicana.

Una declaración que lo llevó a ser fuertemente criticado y muchos se rasgaron las vestiduras por la temeridad de sus palabras pero qué cree, que tiene razón, con todo lo anterior, nos hemos dado cuenta que no se trata de un asunto de partidos políticos, es un asunto que se ha venido arrastrando de años y tiene que ver con la forma que se ha establecido para hacer política en nuestro país y probablemente en casi todo el mundo.

No lo digo yo, lo dicen los especialistas en política, urge una reforma en la manera de hacer política en México, y ello será posible si todos contribuimos.  En términos de teoría, la política depende de la época, los tipos de sociedades, las instituciones, las culturas, las clases, o los grupos de lucha. Hoy nos podemos dar cuenta que la corrupción ha permeado a todos estos sectores, y nuestra responsabilidad es reconocerlo y actuar en forma. Porque como dicen los estudiosos en ética Conocimiento e indignación crean responsabilidad y es una responsabilidad compartida el logro de una mejor nación.

No podemos hacernos ciegos, sordos y seguir silenciados; hay muchas acciones que podemos realizar para erradicar la corrupción de nuestra sociedad, desde el lugar donde nos toque estar. Si soy servidor público, con mayor razón, recae la responsabilidad porque el día en que empecemos a pensarnos como miembros de una sociedad con deberes y obligaciones y no solamente como individuos con derechos ya estaremos dando ese gran paso.