Cuando hablemos de plagas

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Cuando hablemos de plagas lo haremos al pensar en moscas molestas que no dejan de aturdirnos en donde quiera están.  Diremos que hemos visto cucarachas invisibles que salen por las noches de nidos profundos en maderas de la casa a devorar lo que encuentran o ratas que se esconden debajo de la tierra, en las alcantarillas viejas de las ciudades  y se escabullen cuando notan nuestra presencia.

 

Diremos que los perros sin dueño se  han escapado al abrir a puerta, en el instante del descuido de sus dueños, no pudieron regresar a casa, se hicieron de la calle, tienen hambre, muchos de ellos pasan solos por mucho tiempo, aun así cuidan de los escombros que quedaron después de un sismo repetido e histórico, después de un simulacro el mismo día de hace treinta años.

 

No pensaremos en la humanidad que está presente, sonríe, es dueña de sus pasos, sabe palabras de amabilidad. Aquel que trabaja por ideales, tiene un hogar y forma a sus hijos en la línea de ser hombres y mujeres de bien, adquiere la sabiduría de sus abuelos y está orgulloso de sus padres, del hogar donde nació y enaltece el sitio donde vive.

 

Hablaremos de su bondad presumible, de quien va por la vida con una sonrisa, ayuda al desvalido, toma de la mano al anciano para cruzar la calle, guía a un ciego para que no choque con los postes que existen a su paso, mira compasivo al necesitado y ayuda con donativos a los pobres.

 

No es el alguien como sustancia envenenada, que a donde llega extermina la clorofila de las hojas silvestres aunque tenga dueño, mutila el árbol antiguo y deja sin aire a sus hermanos vecinos, la sombra  se aleja de su cuerpo caído y esa plaga como conjunto de insectos termina por talar el bosque hasta que no queda uno en pie. No le importa si mañana habrá agua para sus descendientes. En las ciudades nunca es suficiente, mantos freáticos dejan de existir condenando a todos los ciudadanos a pagar cuotas altas. Inconsciente deja correr el aceite sobre agua clara, tiene la fábrica próspera, será millonario para continuar el mundo.

 

No hablamos de quien maneja responsablemente y no se pasa un alto, no insulta a otros conductores. No, ese hombre que se roba el sueño de mujeres que cruzan una calle oscura, no mutila sueños de niños felices ni busca víctimas que regresan solas a casa. No es esa parvada que se extiende en horizontes próximos para aniquilar ilusiones de mujeres que buscan servir, ayudar, dar en el hogar lo mejor de sí. Ni señoritas extraviadas que desaparecen en viernes por la tarde. No se llevan la libertad a fuerza de sus hombros, se va sin ser visto y destruye vidas de inocentes.

 

Nada hará que se arrepienta, asesino de su sangre, violenta como bestia sin consciencia y se esconde en la oscuridad.

 

Cuando hablemos de plagas que vuelan y desaparecen diremos cifras que no muestran la realidad en cardúmenes que viven en el mar de la inconciencia, sin perdón, son miles que destruye entrañas. Seguirán siendo esa para, escondidos en el chiquero que han construido en la parte de atrás para no ser vistos por personas que confiadas van por la vida.