¿Debemos pagar?

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Las instituciones educativas representan, o más bien, debieran representar, los espacios en los que las generaciones de niños y jóvenes encontrasen las condiciones para incrementar sus saberes y, con ello, su capital cultural.

 

Siempre será para reconocer a quienes, por convicción, dedican su vida a la formación de los hombres y mujeres del mañana.

 

Desafortunadamente, no todos los espacios cumplen a cabalidad con la infraestructura necesaria para llevar a cabo sus labores, a la par de que también encontramos profesores que no han comprendido su rol dentro de todo el proceso de enseñanza-aprendizaje.

 

Si a ello sumamos empresarios voraces que han visto en el fenómeno educativo una verdadera mina de oro, mucho me temo que ese futuro no es tan esperanzador como lo hubiésemos imaginado.

 

De la educación pública, decir que en el nivel básico todavía es superada por las instituciones particulares, que ofrecen un plus con el aprendizaje de una segunda lengua; y con profesores que, al tener mejores condiciones laborales (en tanto a salarios y prestaciones) y una exigencia más fuerte de sus autoridades (o trabajan o se van), establecen marcos de acción mucho más favorables para los menores.

 

A nivel medio superior y superior, la balanza se equilibra sustancialmente, y en algunos casos se carga hacia las Instituciones Públicas, particularmente en la Educación Superior, por una simple cuestión: calidad en la investigación.

 

Son muchas más las IES públicas que la hacen, versus las particulares que normalmente tienen un énfasis en la docencia. Y de las privadas, un enorme segmento se encuentra dentro de un estándar de calidad francamente bajo.

 

Hoy día, particularmente en áreas humanísticas y de Ciencias Sociales, resulta relativamente sencillo obtener un Registro de Validez Oficial de Estudios (REVOE); y basta con tener un espacio más o menos digno (entiéndase una casa adaptada, un patio grande o algo similar) para abrir una universidad (si, con minúscula).

 

La necesidad de dar a los hijos la mejor educación posible, hace que los padres realicen sacrificios altos por pagar una colegiatura, y como en el imaginario colectivo existe la creencia de que lo privado es necesariamente mejor, no se evalúa la calidad de la institución, y en muchos de los casos, resultan más caras que aquellas con un nombre y prestigio ganado.

Una Universidad que paga poco a sus profesores, no tendrá a los mejores, sobre todo si hacemos alarde de aquel dicho en inglés:  You pay peanuts, you’ll have monkeys.

 

No es un asunto de dinero, es un asunto de compromiso y responsabilidad de quienes hemos tomado el camino de la educación.

 

Al menos eso pienso yo.