Poder EdoMex

Déjenme contarles que…

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Se llamaba Jaime el hombre que me dio el Espíritu

y en mi décimo tercer aniversario

me regaló su muerte…

Tuve un poema favorito y un sueño tomado de su mano. Jaime lanzaba su voz desgastada y ese canto me sacaba el corazón del pecho. Pocas veces leo a Sabines y casi nunca a otros.

Se llama Así es el poema que por muchos años alumbró el camino de mis letras, la intención de mis palabras. Fue el medio que dictó mi oficio de escribir: las entrañas latiendo muerte, lo mismo que sangre y soledad.

Pasaron lustros, quizás, para encontrar a otros poetas que tuvieran obras capaces de atrapar mi alma. Unos y otros tenían y no la desfachatez de reírse de la vida, de su propia vida. Creí que la poesía debía doler a toda costa. Lo que no sabía era que mi alma podía sentir la poesía, pero mi mente aún no estaba lista para digerir la construcción poética donde se reúne el Ser en una sola entidad.

Mi “formación” se basaba en canciones y de ahí sospechaba que brotaban los poemas teniendo como máximos a Saúl Hernández, José Manuel Aguilera, Jaime López entre otros. Ellos me hacían soñar con escribir alguna vez de esa forma elegante, pulcra. Pero yo estaba muy lejos de hacer ese tipo de letras, me daba miedo o vergüenza escribir de la forma en que lo hacía: mis textos no tenían nada de místicos, nada oculto, ningún valor agregado.

Fue hasta unos meses después que un amigo puso en la grabadora un disco llamado “Nueve”. Sonaba artificialmente como un disco de acetato en la consola vieja de mi abuelo. Nunca ningún amante es perfecto / ni tiene la sonrisa adecuada / no siempre dice la palabra dulce / a veces ni siquiera sabe hacer el amor / pero la magia del momento toca muy bien su blues* En este momento me descubro emocionado, conmovido. Alguien de quien no sabía más que el nombre y que tantas veces me negué a escuchar por creer que el blues en México simplemente no existía me estaba diciendo el poema que siempre quise escribir y que jamás podré porque él ya lo ha hecho de una manera soberbia. Descubrí el mensaje más fuerte y definitivo: si uno realmente quiere decir algo y expresarlo con completa honestidad, hay que dejar el miedo en cualquier orilla.

José Cruz vino a confirmarme que los poemas decadentes existían y que lo sublime era posible con un lenguaje aparentemente simple. Con su disco atrapó mi alma y mis oídos. Desde entonces y para siempre decidí ser su alumno.

Es así como Jaime Sabines y José Cruz se convirtieron en los autores intelectuales, los responsables de este crimen que me ata a la pluma.

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* Déjame tranquilo de Real de Catorce