Del taller de Mempo Gardinelli a Yo la peor, una charla con Mónica Lavín

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El escenario es una de las salas para realizar entrevistas de la Fil de Guadalajara. Tengo frente a mí a Mónica Lavín, laureada escritora, pero cuya carrera no es fundamentalmente la escritura, sino la Biología. Le pregunto:

 

¿Son necesarios o no los talleres de poesía, cuento, novela y demás géneros para descubrir o pulir vocaciones?

 

Es una manera de hacerlo bastante grata y efectiva, por lo menos desde mi experiencia personal. Primero, como asistente al taller para mí fue indispensable cuando estudiaba biología, asistía a los talleres de Mempo Giardinelli, el escritor argentino exilado en nuestro país, me formé en su taller.

 

A partir de ahí, ya no asistía a ningún otro, éste me reveló a mí, a través de la manera en que el escritor Mempo nos compartía qué hay que ver en el texto, qué es el cuento: por ejemplo trabajaba puro cuento ahí, para mí fue sin duda algo que me marcó, me hizo tener las herramientas para leerme a mí misma y encontrar por qué funciona un texto, por qué no. Esto si no lo dejas de hacer nunca, es un proceso, ir avanzando en ese camino.

 

Creo que un escritor es de alguna manera una especie de arma u olla o asidero para que otros escritores, que tienen menos experiencia, puedan a la mejor enriquecerse, nutrirse de maneras de escribir, revisar.

 

No es deseable quedarse para siempre en los talleres, luego se vuelven clubes de afecto, tienen ese doble filo y por qué no, hay gente que realmente lo que quiere es ir al taller y goza de manera la pluma de compartir con amigos, no piensa en publicar.

 

Recomiendo el taller y saber, esto me parece importante que el que dirige el taller no tiene la última palabra, la tiene uno: el autor, está bien escuchar, tomar en cuenta las opiniones, pero luego hay que tomar las decisiones de cada quien.

 

En tanto se puede evitar algún posible plagio, porque supongo que ahí se conocen algunas obras.

 

Creo que sí, pero nunca me ha tocado ver que entre mis alumnos o los que van al taller conmigo esté viendo plagiarse. Me acuerdo que había chicos o señores que rápidamente registraban sus obras para evitar que pasara esto, pero creo que el plagio cuando te estás formando, es algo que no sucede fácilmente.

 

Puede suceder, puede haber alguien muy mala uva que quiera hacer eso, pero es el espíritu de un taller, más que publicar aprender el oficio, así lo siento.

 

¿Quiénes más estaban en ese taller de Mempo?

 

Una señora, David Martín del Campo que he visto que sí ha publicado, pero curiosamente en un taller que fui antes que Mempo que no era un taller específicamente de cuento, era un taller como muy abierto de Felipe San José.

 

Este taller salió de un curso que dieron en el Instituto Hispanoamericano que había en la calle de Tabasco, en el DF, y de ese curso, le dije a mi profesor, quiero escribir en un taller y Felipe San José muy diverso, en donde estábamos Miriam MosconaCésar Güemes de los que siguen escribiendo y yo, hemos seguido haciéndolo.

 

Me dijo el otro día Moscona, encontré a Felipe San José, me dio gusto, pero fue un taller en donde unos escribían poesía, otros novela, otros cuento, otros crónica, pero fue un taller inicial de unos años iniciales.

 

¿Cómo era Mempo en su taller?

 

Era 1979, 80 por ahí, casi como somos todos los talleristas o le aprendí a Mempo y soy como él era, porque siempre son estas reglas de cada quien lee su texto, tiene copias para los demás y luego comentan los que quieran y al final toma la palabra.

 

La regla es, el autor no habla hasta el final, porque no se trata de defender su texto, si no se puede defender en el impreso, en la página y esa es una regla que aprendí de él.

 

Si aquí dice esto, es lo que todos entendimos, entonces el que está mal es el autor, porque como son un pedazo casi orgánico lo que escribes tuyo quieres defenderlo y si te sientes vulnerado, claro la crítica siempre vulnera y uno tiene que aprender a ello, a exponerse, a recibir, a pensar y a corregir.

 

Mempo era muy respetuoso, nunca noté que fuera agresivo con nadie, tenía una manera de decir lo que funcionaba y lo que no, del texto, que lo que te hacía era querer seguir trabajándolo, eso es lo que debe hacer un conductor de taller, no que te lastimen, una especie de justeza, de templanza.

 

Entre los años, principios de los 70, finales de los 60, llegaron muchos autores sudamericanos a exiliarse, ¿influyeron en algo en la escritura?

 

Creo que sí. Pienso en Mempo. Claro eran los años donde estábamos leyendo al Boom, las lecturas eran Julio Cortázar y Jorge Luis Borges, sobre todo en cuento, pero en la lectura también de los mexicanos. Seguramente influyeron.

 

Sabes, por ejemplo, en qué se nota, en la palabra reciente, que la traían los argentinos, o los chilenos, esta palabra no la usábamos los mexicanos y creo que no es correcta tampoco, se dice recientemente, recién entrada a la oficina no? Se empezaron a usar ciertas palabras que entraron en el ámbito intelectual y artístico, pero influyeron porque los talleres, ya los había en Buenas Aires, y la tradición del taller empezó en los 70 en México, creo que sí tuvieron un peso.

 

¿Tanto o más como los españoles que inclusive llegaron a constituir editoriales?

 

De otra manera, lo que pasa es que la tradición de taller, los españoles que llegaron en la Guerra Civil eran profesores de universidad, como dices editores, pero ni siquiera existe esta idea del taller.

 

Creo que lo que hizo la Guerra Civil fue un mayor flujo editorial que nació a partir de ahí, editoriales sin las cuales la cultura en México hoy sería impensable. Creo que fue un peso fuerte, pero no superior.

 

¿Cómo observas estos primeros diez años del siglo XXI, en el panorama editorial?

 

Veo que obviamente hay mucho más escritores, es curioso porque está sucediendo entre las editoriales, las grandes editoriales preocupadas por publicar libros muy taquilleros.

 

Muchas veces se sacrifica la calidad literaria o no se está pensando en lo literario sino en un tema que vaya a buscar al lector y entonces se mantengan los grandes consorcios, se publica mucho libro deslumbrante, mucho libro desechable también y a la par que hay eso o para contrarrestar hay todas estas pequeñas editoriales independientes que uno pensaría que en esta época no iban a sobrevivir.

 

Sin embargo, se está publicando como Sexto PisoFicticiaTumbonaEdiciones, editoriales con publicaciones caprichosas, provocadoras, arriesgadas porque es para pequeño público, ahí están sobreviviendo, incluso se están uniendo y unidas están dando una batalla interesante.

 

Vemos como un tiempo interesante en el fenómeno editorial.

 

Mencionaste libros basura, pero hay otro tipo de libros que son de temas políticos o de políticos, ésos cómo se definirían

 

Libros coyunturales, libros que me acuerdo cuando publicaron lo de Marta Fox, se leyó en su momento, ahora es un libro que no sobrevive y eso le da un aire a la editorial, representa una manera de que a la mejor existan los otros libros y eso depende mucho del olfato del editor.

 

Uno comprende que para la editorial sobreviva necesita de todos estos temas del momento y para mí, sí son fogonazos, me parece que lo interesante es que un libro sobreviva, aguante, que pueda no tener que supeditarse a la moda, al tema en boga, al momento político, al económico, que esté más allá de eso. Comprendo que se necesitan estos títulos para que lo otro a la mejor ocurra.

 

¿El trabajo periodístico sirve para pulir el literario?

 

El trabajo periodístico lo que sirve es para tener una velocidad y una escritura correcta lo más rápido posible, creo que no está mal porque te lleva temas, a lugares, a conversaciones.

 

El problema es que luego la escritura en una novela lo que necesita es de la calma, del encerrón, del diálogo con la propia novela y no de la velocidad batiente de estar en el periodismo que es muy exigente en términos de trabajo y velocidad.

 

Hablabas de algo que dices con acierto que los editoriales hagan eso para sobrevivir ¿qué pasa, cuál es tu opinión acerca que han desaparecido prácticamente las secciones culturales?

 

Me parece una pena y más que la sección cultural informativa, hay muy poco espacio para el trabajo de creación y reflexión, antes se leía cuento, se leía poesía, había espacio para que los jóvenes mandaran un cuento y que hubiera lectores de estos géneros.

 

Es una pena que cada vez más se adelgazan los espacios culturales, se eliminan los suplementos y la internet estará dando su batalla de alguna manera, pero yo no puedo reemplazar el papel del impreso y su relación física y espacial con la lectura, me parece una pena que lo que no es informativo, no tenga espacio prácticamente.

 

Escribiste Yo la peor, pensaste en llegar a siete reediciones.

 

No. Estoy sorprendida, ya va en la octava. Me gané un premio, el Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska que da el Gobierno de la Ciudad de México, eso motivó la octava reimpresión.

 

No me imaginaba ni que iba a tener tantos lectores, lectores que me escriben, me los encuentro, ha sido una sorpresa muy grata, el año pasado estuvimos con esta novela, no imaginaba lo que iba a suceder mes tras mes. Estoy impresionada, halagada, emocionada.

 

¿Ese premio cómo llegó?

 

Se supone que es para los libros del 2009, las editoriales mandan sus novelas a la Secretaría de Cultura del Gobierno del DF, ni siquiera sabía si la mía estaba contendiendo, lo recibí en octubre 11, cuatro días antes me habló Hernán Lara Zavala para decirme que lo había ganado, el anterior, lleva ya tres emisiones.

 

La primera lo obtuvo Álvaro Uribe, la segunda Hernán Lara Zavala con Península, península y él como parte del jurado me habló y me dijo ganaste el Elena Poniatowska, maravillosa sorpresa. Es iberoamericano, contiendes con novelas chilenas, argentinas, colombianas, españoles, me da mucha alegría.

 

¿Podemos decir que Pasarse de la raya es un libro de 20 cuentos hechos por una mujer inspirada, parodiando un poco a Neruda?

 

Más bien por una mujer desasosegada, o sea que ciertas cosas le perturban y esa perturbación provoca una historia o una mujer curiosa, me gusta lo del desasosiego.

 

Una mujer con deseos de mirar más allá de lo visible, son 20 cuentos que tienen que ver con -creo que el cuento siempre hace eso- el cuento surge porque alguien se pasa de la raya, a veces de manera muy sutil, pero a veces de manera muy evidente, o sea se sale del cauce.

 

Entonces ahí hay algo que vale la pena contar, si todo es como debe ser y todo va en la rutina, no hay historia, no hay un algo que nos revela algo más de la conducta humana.

 

Pasarse de la raya, son 20 cuentos escritos a lo largo de mi vida de cuentista, siempre creí que iba a serlo, no sospechaba que como 10 años después de mi primer libro me iba a llamar la escritura de la novela.

 

Lo que me doy cuenta de repente después de casi 25 años de publicar cuento o de escribirlo, que éste siempre necesita una segunda oportunidad, el cuento llega difícilmente a los lectores y que hay cuentos que tienen un tema común, un asunto común, una mirada, eso me sorprende y decido hilvanarlo y ofrecerlos en esta nueva casa que es Pasarse de la raya.

 

Agregaré uno más, que es el último, un cuento que ha tenido una historia curiosa, debió haber estado en la segunda impresión de Ruby Tuesday no ha muerto, pero por alguna razón que dicen que esto de los duendes no se publicó.

 

Entonces en un cuento inédito que en Pasarse de la raya encuentra casa, porque sí es un cuento de pasarse de la raya, rollingstonero, con un cierto guiño para lo que he escrito y para mi propia generación.

 

Hay un cuento que dice o se llama Uno no sabe lo que puede pasarpero pasa ¿por qué pasa?

 

Porque uno se atreve, porque uno cruza un umbral que no debió haber pasado, aunque sí, ese es el riesgo, uno no sabe que un día las cosas van a cambiar, es el sentido, es el cuento, uno no sabe que un día se va a levantar y ya no está la mamá y uno no sabe hasta dónde va a llegar el deseo, el dolor por ese momento de abandono. Es un cuento de transgresión absoluta.

 

¿Qué esperas de tu nuevo libro?

 

Espero tener lectores, espero que como los libros de cuento se van muriendo, se van empantanando, tener cómplices de mi mirada. El cuento vive en la complicidad del lector como no lo hace otro género creo, y en este sentido que llegue a lectores nuevos o que llegue a lectores que no conocen mi parte cuentística.

Que los lectores, sobre todo porque eso pido de los libros o de los cuentos que leo, que sean memorables, que cada cuento uno sea memorable, que les deje cicatriz, una huella, alguna perturbación por la cual valga la pena seguir leyendo.

 

Me da mucho gusto que el cuento que difícilmente encuentra eco en las casas editoriales, porque hay pocos lectores o se cree que hay pocos, me da mucho gusto que tengan esa oportunidad en esta visión de bolsillo y ojalá por ejemplo, siempre me ha gusto cómo los jóvenes me leen, ojalá me lean más.