Del Verano del Amor al Avandarazo

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Rodrigo Sánchez Arce,

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Agosto de 1969. Inspirados por las manifestaciones contraculturales y sociales (el afianzamiento del rock en el mundo del entretenimiento, la onda hippie y la psicodelia, las drogas y sus efectos en el arte, la revolución de la pastilla anticonceptiva y la liberación sexual, el movimiento por los derechos civiles y las protestas contra la guerra de Vietnam) registradas en una convulsa década que estaba por concluir, un grupo de jóvenes estadounidenses se planteó cambiar el mundo, su mundo, mediante la difusión del amor, la paz y el rock.

 

Fue así como hace medio siglo, entre el 15 y el 18 de agosto de 1969, se llevó a cabo en la localidad de Bethel, Nueva York, el evento cumbre del llamado Verano del Amor: la Feria de música y artes de Woodstock, mejor conocido en la historia como Concierto de Woodstock, el cual congregó, de acuerdo a diversas estimaciones, a casi medio millón de jóvenes que se dieron cita para escuchar a rockeros icónicos de la época como Jimy Hendrix, Janis Joplin, Joe Cocker, Joan Baez y Carlos Santana, y a bandas de rock como Jeferson Airplane, Creedence Clearwater Revival, The Who, The Band, entre otras.

 

Woodstock tuvo repercusiones a nivel mundial. Luego de éste, hubo otros veranos del amor, entre ellos, Glastonbury en Reino Unido, Pinkpop en Holanda, Buenos Aires en Argentina y Piedra Roja en Chile, en 1970; Roskilde en Alemania, Vilar de Mouros en Portugal y Avándaro en México, en 1971.

 

Septiembre de 1971. Un grupo de jóvenes empresarios mexicanos de la época, encabezados por los hermanos Alfonso y Eduardo López Negrete, Justino Compeán y Luis de Llano Macedo, organizaron el Woodstock mexicano, que combinaría un concierto de rock con una carrera de autos deportivos, evento que tropicalizaron con el nombre Festival de Rock y Ruedas de Avándaro, aquella que por entonces era una pequeña localidad del municipio de Valle de Bravo, México, y que actualmente es un centro turístico por excelencia.

 

Fue así como la noche del 11 y la madrugada del 12 de septiembre de 1971, el mejor conocido como Concierto de Avándaro congregó, según estimaciones, a entre 60 mil y 200 mil jóvenes inspirados no sólo por influencia del ambiente estadounidense, también por las propias manifestaciones contraculturales y sociales mexicanas que, en mucho, coincidían con ese ambiente, a las cuales se añadió el deseo de superar un contexto autoritario que había provocado la represión de protestas estudiantiles (Tlatelolco 1968, Jueves de Corpus 1971).

 

A Avándaro fueron convocadas bandas de rock que debían cubrir un requisito: interpretar composiciones originales. Cabe recordar que desde fines de los 50 y durante los 60 los grupos de rock mexicanos fueron una calca de bandas en inglés pues si bien eran bandas famosas (Teen Tops, Rebeldes del Rock, Locos del Ritmo, Los Apson), lo fueron precisamente por hacer covers. Eso comenzó a cambiar con la irrupción de la Onda Chicana surgida en el norte del país, representada por Javier Bátiz y grupos como La Revolución de Emiliano Zapata, que llegaron a la ciudad de México a cambiar la escena rockera.

 

De esta forma, en Avándaro tocaron los siguientes grupos: a las 8 de la noche abrió el concierto una de las mejores bandas de rock mexicano: Los Dug Dugs; le siguieron esa noche y durante la madrugada del día siguiente El Epílogo, La División del Norte, Tequila, Peace and Love, El Ritual, Bandido, Los Yaki, Tinta Blanco y El Amor; por la mañana cerró el concierto la banda que a la postre tendría la mayor trascendencia: Three Souls in my Mind (la famosa El Tri).

 

Ni la lluvia, ni los problemas de movilidad y transporte, ni la falta de alojamiento y servicios, ni los problemas técnicos, fueron impedimento para que los jóvenes se divirtieran sana y pacíficamente. Otros serían los problemas que generaría la tocada de Avándaro y que a la larga harían que la famosa encuerada, las drogas y el alcohol, que corrieron a raudales, fueran asuntos anecdóticos.

 

Consecuencias de Woodstock y Avándaro. No podían ser más disímbolas. Woodstock consolidó la industria del rock en inglés que habían dado impulso personajes como Elvis Presley y Bob Dylan, grupos como The Beatles y los Rolling Stones; a partir de entonces el rock se convirtió en gran negocio y una gran industria cultural; además de que se afianzaron los conciertos masivos en espacios abiertos, cuyo cenit llegó con el Live Aid de 1985 en el estadio de Wembley, en Londres, donde Queen puso a cantar a más de 70 mil personas.

 

Avándaro, en cambio, significó el inicio de una época oscura para el rock en México. La opinión de quienes presenciaron ese legendario acontecimiento es que nunca se esperaron la presencia de tantos jóvenes y, aunque realmente no hubo desmanes ni consecuencias que lamentar y el gobierno estuvo siempre vigilante a través de sus agentes de gobernación, del ejército y de agentes de la extinta Dirección Federal de Seguridad (DFS), el número de asistentes, entre 60 mil y más de 100 mil según versiones, fue sorpresivo para un régimen que reprimió protestas de jóvenes en 1968 y en ese mismo año de 1971.

 

Varios testigos coinciden en que el punto de quiebre vino cuando a mitad del concierto, pasada la media noche, el grupo Peace and Love tocó las canciones que se convertirían en poderosos himnos: Marihuana y We got the power. Imaginen a miles de jóvenes coreando el nombre de una yerba que era más fácil fumársela que mencionarla en público; imaginen la energía de los jóvenes asumiendo para sí, un poder que en teoría sólo le correspondía al gobierno.

 

Por supuesto ese gobierno que estaba en el cenit de su poder autoritario no lo podía permitir. La consecuencia es que utilizó todo el peso del Estado para satanizar el concierto frente a los medios y la opinión pública, todo ello sin que los asistentes la debieran ni la temieran y a pesar de que, evidentemente, Avándaro no fue el lugar de la perdición que acusaron. Fue así como el rock mexicano entró en su etapa más oscura, se relegó a espacios subterráneos y a los llamados hoyos fonquis y no se recuperó sino hasta tres lustros después, a mediados de los 80, cuando se hizo el esfuerzo comercial de rescatarlo del olvido bajo el sello Rock en tu idioma (el cual incluyó rock iberoamericano).

 

En todo caso, éste, que a la postre sería nombrado de forma despectiva el Avandarazo, se convirtió en uno de los mayores hitos contraculturales y uno de los acontecimientos juveniles más importantes de nuestra historia. Sin temor a exagerar, se puede decir que ésta, la de la música en vivo, fue una de las últimas vías de desfogue que se les cerraron a los jóvenes de la época antes de que muchos de ellos optaran por vías menos pacíficas para manifestarse.

 

A 48 años de su realización, el Concierto de Avándaro debe servir como un recordatorio de que a los jóvenes se les deben permitir y procurar todos los canales de expresión posibles para que encaucen pacíficamente sus energías. (Fotografías de Graciela Iturbide tomadas del libro Yo estuve en Avándaro de Federico Rubli Kaiser, 2016, UNAM-Trilce-FOEM).