Deporte y literatura, las reglas del juego

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Pareciera que los deportes y la literatura tienen poco en común; incluso, para algunos se trata de universos distintos al argumentar clichés como: 1) los deportistas suelen ser vistosos y estar mediados por el gran mundo empresarial (marcas, administración, mercadotecnia) que generan riqueza económica, especialmente a deportes como futbol soccer, futbol americano y baloncesto; 2) los deportistas trabajan esencialmente con el cuerpo, cuidan sus horas de sueño, dieta, entrenan temprano y se rodean de médicos, fisiatras, nutriólogos y terapeutas, sobre todo los de alto rendimiento; 3) los prejuicios dicen que los deportistas no suelen ser buenos lectores, en especial, de literatura.

 

Por su parte, los escritores, creadores literarios, suelen ser estereotipados por: 1) vanidosos, pero poco hábiles para vender su obra, con ciertas (semi) encumbradas excepciones; 2) tienen poca o deficiente relación con los mundos empresarial y publicitario; 3) los escritores tienen horarios y épocas literarias variables, son inconstantes, viciosos –sin generalizar–: tabaquistas, (semi) alcohólicos, farmacodependientes, ansioso-depresivos y hasta suicidas; 4) son tan emocionales y algunos muy espirituales que su nivel de introspección los lleva al individualismo, ya se trate de escritores místicos, anímicos, underground.   De esto,  algo es cierto y otra parte son prejuicios, clichés mundiales y legendarios, puesto que existen escritores muy prolíficos, disciplinados y poco o casi nada viciosos, como San Juan de la Cruz, Sor Juana Inés de la Cruz, Jorge Luis Borges, Octavio Paz y Mario Benedetti, entre otros.

 

Por otro lado, hay  deportistas que caen en etapas emocionales y socioeconómicas desequilibradas; cuando tienen más fracasos o derrotas deportivas, lesiones severas, ello los conduce a periodos depresivos acompañados de alcohol, drogas, inactividad; cuando deben cerrar ciclos como tales, por la edad, para dedicarse a ser entrenadores, administradores, funcionarios públicos u otras actividades y fracasan al intentarlo.

 

De modo que deporte y arte, en este caso literatura, tienen en común manejar simultáneamente lo sensorial, cognitivo (habilidades como observar, clasificar, coordinar, comparar, competir, rivalizar, argumentar), lo emocional (emociones y ego, necesidad de reconocimiento social), socioeconómico (por dedicarse a profesiones/ocupaciones “no indispensables” para ciertos sectores “productivos o proactivos” de la sociedad) ético, legal psicomotriz y espiritual en diversos grados, formas y medidas.

 

Además de ello, lo que más une a un deportista y un escritor es el sentido lúdico, el juego, la inventiva que deben generar día con día para lograr un objetivo único, eficaz en su técnica y estética. Ambos profesionales juegan con cuerpo-mente-espíritu para sobresalir entre miles. Son un tipo de héroes que desafían, luchan contra todos los aspectos negativos referidos. Para ambos, el deporte y la literatura tiene elementos como la libertad personal creativa, insisto, lúdica, que les permite ser relevantes. Ambos están conscientes de que la libertad implica dominar técnicas, estrategias, audacia, astucia (habilidades y destrezas) para ganar a los rivales, sean ellos previamente conocidos o no. Ambos toman en cuenta lo siguiente: 1) el Agon, sentido de competencia que implica fuerza, resistencia, ingenio, memoria; 2) el Alea, manejo del control del juego, ya sea deportivo, ya sea literario, en sus facetas de lo previsto e imprevisto, lo azaroso de las jugadas rivales, la capacidad para improvisar y, aun tiempo, usar la experiencia personal para resolver jugadas o situaciones inesperadas en la labor personal/de equipo; 3) el Mimicry, la capacidad de esconder habilidades, destrezas jugadas avanzadas; guardarlas para el mejor momento.

 

Por ejemplo, en el caso de un atleta que va en la punta de carrera, se trata de saber cuándo engañará a los competidores en cuanto a ritmo y velocidad para lograr un cierre vertiginoso y espectacular que logre el primer lugar. En un taekwondoin se percibe en su agilidad al  distraer al rival para colocar un punto con la pierna trasera. En un narrador literario, lo observamos en los ritmos variados de escritura, situaciones auténticas y efectos sorpresa para los lectores. En un poeta se aprecia en el elevado y elegante empleo de imágenes retóricas, en cierres de versos contundentes por su fuerza rítmica, emocional, social, ética.

 

 

Los aspectos Agon, Alea, Mimicry, concentrados en Ludus, lo lúdico del deporte y la literatura son ejemplos de trabajo disciplinado, sacrificado, ético y estético que debería ser más remunerado por la sociedad en todos los ámbitos: emocional, económico, legal, en general, educativo. También sirva esta columna para que deportistas y creadores literarios encuentren puentes que les permitan apoyarse, derribar fronteras de prejuicios, estereotipos e imágenes negativas creadas por grupos sociales de cuello blanco, godinez y personas que, en verdad, no valoran el trabajo deportivo y artístico como tendría que ser, con dignidad.