¿Derechos humanos?

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Mucho se habla y se pregona sobre la urgencia de salvaguardar los derechos de las personas en todos sus ámbitos; personal, social y laboral.  Incluso hay organismos serios que procuran esa labor con lo mejor de sus esmeros: La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y la Comisión Internacional de los Derechos Humanos (CIDH), por citar dos casos.

 

Sin embargo, estos esfuerzos son inútiles porque en muchas instancias del país, públicas y privadas, existen acciones y decisiones que no solo violentan los derechos fundamentales, grave por definición, sino que además los incitan (más grave) o peor aún, son omisos ante las agresiones (imperdonable).  Legalmente, tan culpable es el que hace, como el que aun sabiendo que se hace, se mantiene a la distancia, como un testigo mudo de los hechos.

 

De los casos más recurrentes, la violencia de género; hay espacios laborales en los que el comentario halagador, las insinuaciones o la violencia física (desde toqueteos hasta jaloneos), son el pan de todos los días.   Y sucede que las damas afectadas optan por callarse porque, absolutamente cierto, en nuestro país sigue vigente una mentalidad machista que atenúa las intenciones de denunciar, so pena del juico público y la condena social.

 

Pero lo verdaderamente deleznable es que, cuando alguien se atreve a decir las cosas y existe la denuncia de una agresión de esta naturaleza, algunas áreas de Recursos Humanos (que de humanos no tienen nada), utilizan argumentos tan ruines como: fue tu culpa, ¿por qué estaban ahí?, seguro tenías que ver algo con el agresor, y ¡acaban por responsabilizar a la víctima de lo sucedido!  Es decir, la persona agredida recibe una doble sanción; la agresión misma, con las implicaciones que ello lleva en lo físico, mental y psicológico, y la de las empresas que,  sin un poquito de empatía, le juzgan y castigan de nueva cuenta al punto de llegar al despido de quien se atreve a levantar la voz.  ¿Todavía más grave?, sucede en instituciones de Educación.

 

En muchos de los casos, estos funcionarios despreciables violan con toda impunidad los derechos humanos de las personas y parecen vivir sin sanción alguna.  Eso, estimados lectores, es el México que enfrentamos; esa es la realidad en la que vivimos y que tenemos que buscar modificar desde nuestras respectivas trincheras.

 

A la par, resulta que en muchos casos se trata de colaboradores de medio pelo que, además de lo aquí descrito, también arman sus versiones de los hechos para explicar a sus superiores los motivos de la decisión tomada.  Es decir, encima de todo mienten sin tomar en cuenta el riesgo en el que podrían meter a su organización.

 

Casos, desafortunadamente por cientos; ¿Qué hacer?, agotar instancias, sigo pensando que la argumentación es una herramienta poderosa, pero el punto es no quedarse callado.  Eso, sería tanto como solapar y legitimar que estas cosas sigan sucediendo.

 

Por ello, ¿de verdad podemos hablar de derechos humanos?

¿Usted qué piensa?