Después de la controversial consulta realizada el fin de semana, para definir el lugar donde se realizará el nuevo aeropuerto, es preciso vislumbrar los costos que tendrá el resultado obtenido

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Según el análisis del Instituto Mexicano de Competitividad, es trascendental la construcción del nuevo aeropuerto porque en los últimos años, México  se ha convertido en un suministrador aeroespacial; donde las exportaciones  han crecido alrededor de 14.5%; lo cual se traduce en aproximadamente 2.7 millones de dólares al año, representando cerca de 2.5% del Producto Interno Bruto mundial; lo cual, hace del transporte aéreo, una clave para el desarrollo económico del país.

Por otra parte, precisamente porque el sector ha ido en aumento, requiere de mejoramiento en infraestructura para brindar servicios de calidad, de acuerdo a la demanda que va incrementando día a día; en este sentido, se debe considerar que el aeropuerto internacional de la Ciudad de México, es el principal del país, ya que uno de cada 3 pasajeros que llega a México, lo hace en éste, así como las principales cargas de mercancías.

Sabemos de la importancia que tiene la capital del país en todos los ámbitos de desarrollo, por ello era fundamental dar continuidad al proyecto original que señalaba a Texcoco como la opción más viable para la construcción del nuevo aeropuerto.

Habría que valorar entonces, de qué manera podrá operar la Fuerza Aérea Mexicana, ahora que los resultados de la consulta, optaron por Santa Lucía, ya que ésta es la base más importante que tienen para realizar sus operaciones de seguridad y auxilio a todos los mexicanos; siendo ocupada únicamente como opción para aterrizajes forzosos o de emergencia.

Evidentemente las pérdidas serán bastante elevadas, ya que el 30% aproximado que ha avanzado el proyecto del nuevo aeropuerto en Texcoco,  y la inversión que representa, se convertiría en un costo hundido, que pagaremos los mexicanos.

Socialmente, la generación de empleos se verá mermada con el cambio de proyecto; el Consejo Coordinador Empresarial, rechazó públicamente el resultado de la consulta y el método de la misma al no ofrecer garantías de imparcialidad, certeza y objetividad, (lo cual se evidenció desde las primeras horas en que se realizó dicha consulta, al hacer pública por los ciudadanos, la posibilidad de votar una persona, hasta 4 veces en diferentes mesas).

Lo anterior, señaló el CCE, son señales negativas por parte del próximo Gobierno, lo cual traerá graves consecuencias en la economía del país, lo cual pudimos comprobar al día siguiente de los resultados de la consulta, con la depreciación del peso frente al dólar.

La postura de próximo Presidente de México y su equipo de trabajo, están dando mucho que decir, no solo el próximo Secretario de Comunicaciones y Transporte, quien en días pasados al ser cuestionado respecto a la consulta advirtió “yo de eso no sé nada, yo estoy metido en el circo del aeropuerto”, sino también de quien se presume, sería en responsable de ejecutar la obra, el empresario Riobóo que argumentó  que gracias a la tecnología de hoy en día, los aviones no pueden chocar porque automáticamente se repelen por los mismos radares.

Habría que considerar también el costo económico y tiempo de traslado para los usuarios del aeropuerto en Santa Lucía, al final de cuentas, beneficiar a los ciudadanos, en vez de afectarlos, es objetivo primordial para cualquier Gobierno.