Poder EdoMex

Desvelo

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A la memoria de mi mente.

Esta noche no volverás a ser la maldición que me tortura porque mi conciencia quiere olvidarse del mundo que me habita durante el día. Hoy, es una de esas madrugadas en las que nuevamente me abordas; sólo que esta vez, a diferencia de otras noches en vela, te gano la guerra con la estrategia de la escritura.

Estoy  aprendiendo a conciliar contigo porque desde hace algunos años te he peleado en inútiles intentos por vencerte. La verdadera cruzada no estaba en revolcarme en las sábanas desordenadas de mi cama, ni en los ruidos ocasionados por cada uno de los movimientos contra de ella, sino en no enojarme ni desesperarme por no alcanzar el plácido mundo de Morfeo.

Por eso, hoy que empieza esa cuenta regresiva donde el tiempo de la escritura cobra una inevitable vida,  garabateo para mí misma. Desde niña me cuestioné qué era la vida y hacia dónde iba la propia. Ahora que el tiempo va pasando las respuestas caen por su propio peso.

Quizá preguntarme, desde mi pequeñez, sobre todos esos asuntos que no se resuelven, han procurado en mi mente la factura de quitarme el sueño.

Cada uno de los sucesos que se han venido dando para mi existencia van cobrando vida en proporción a lo que me toca hacer de mí  y respecto de esa misión de vida que millones de seres humanos se han planteado y que difícilmente se resuelven.

Estoy a la puerta de los cincuenta años; jamás pensé llegar a esta edad. De los seis años a los cuarenta y tantos que me corresponden, ha habido una brecha de sucesos que escinden el espíritu. Trato de recordar cuál ha sido el camino que he recorrido para llegar al grado de supuesta lucidez en la que estoy dándome cuenta que no son los hechos como tal, los que me han formado, sino las decisiones que se van tomando en el camino; decretos que toman vida en las acciones.

Últimamente he aprendido a sorprenderte, evadiendo la tortura de verme despierta mientras el desvelo se burlaba de mi conciencia. Como buena contendiente he aprendido a jugar por sobrevivencia.

Te he cachado mirándome en la noche, jugando a invitarme a la cama para burlarte de mi insomne conciencia. He aprendido a escribirte mientras me acechas. Escribo hasta que el sueño se apiada de mí, hasta que mi cuerpo no soporta más estar esclavizado por la razón.

En esta táctica aprendí a no pelear acontecimientos perdidos.  Ya no lucharé más contra las sábanas de la desquebrajada cama que por años se ha escarnecido de una mente inquieta invadida por ideas y pensamientos que surgen de mirar el mundo que me anida.

Ya no me ridiculizarás con las vigilias de saberte ahí. En esta noche de insomnio bebo contigo la cicuta del desvelo.