Detalle

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Mientras camino, me gusta observar, respirar la ciudad. Escuchar su bullicio. Con el tiempo te das cuenta que no es lo mismo vivir al norte, que al centro y que el sur es más tranquilo. Hoy, por ejemplo, llovió, me encanta cuando la lluvia se anuncia con ese olor a tierra mojada y de pronto se suelta el nubarrón y la urbe es como una sinfónica con el sonido de los truenos y el choque del agua con el asfalto.

 

Las calles se llenan de agua y los periódicos se convierten en barcos de papel. Confieso que prefiero ver llover, a mojarme y aborrezco un tanto las tormentas eléctricas, que últimamente son las frecuentes. También en días más soleados el silbato del afilador. Anunciando su arribo.

 

Ahora somos modernos y muero de risa cuando escucho la camioneta del fierro viejo, con su se compran colchones, refrigeradores o algo de fierro viejo que tenga.

 

Al parecer es la misma chica que anuncia en muchas ciudades. También me gusta cuando me encuentro al organillero en las calles del centro. Imagino que recorro en otra época en ellas y que no hay automóviles que puedan cruzarse con mis pasos.

 

A veces son nuestros pasos tan ajetreados que te pierdes entre la prisa y la urgencia y olvidas ese detalle de disfrutar tu recorrido.