Detener el mundo

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Dentro de nosotros existe algo que no tiene nombre

y eso es lo que realmente somos.

 

Ensayo sobre la ceguera

José Saramano

 

Cuando era niña, ante mis terrores nocturnos sobre detener el mundo, jamás imaginé que, alcanzaría a verlos hecho realidad.  De pesadillas infantiles a las lecturas de Albert Camus, La Peste, y la de José Saramago, Ensayo sobre la ceguera, al recorrido de pasajes cruentos de la Historia de la humanidad, lo sucesos catastróficos sobre nuestra madre tierra, han sido demasiados.

Detener el tiempo vertiginoso de la existencia capitalista del siglo XXl liderado por empresas controladoras de la economía mundial capaces de renunciar a los ingresos descomunales con que se mueven por segundo es de poner especial atención.

Seguramente quienes han vivido tragedias reales como las guerras y las enfermedades que han minado a la raza humana, sabrán con certeza que, lo que estamos viviendo en este mundo líquido[1]  es una película de horror llevada al suspendido pánico de una muerte intermitente.

Al tener un mundo de inconsciente y desenfrenado consumismo, como habitantes del cosmos, no esperábamos esta llamada de atención. Hoy el tiempo del hombre se convierte en el espacio de reflexión para encontrar respuestas concretas y certeras. Callamos el exterior para aprender del resguardo íntimo de nuestra persona escuchando los estertores que nos mueven dentro del sigiloso hogar al que estamos obligados en esta cuarentena.

Caminamos una vida vertiginosa, ruidosa y materialista inerte de pensamiento y capacidad de asombro. Es tiempo de retomar qué somos y hacia dónde vamos.

Hoy, hemos de mirar hacia nosotros mismos en espacios cotidianos con una visión que me enuncie ¿qué tenemos que valorar? ¿qué tenemos que cambiar?  Quizá todo desde la más íntima convivencia con nosotros mismos y con nuestra desconsiderada relación con la madre tierra.

Tenía que cambiar el ritmo del planeta para sentir la efímera y finita sensación de la existencia humana.

Es tiempo de detener el mundo que nos habita, de tener un mundo para nuestra persona. Son períodos de guardar, de guardar los pensamientos y las acciones que nos separan de la sensibilidad humana. Debemos evitar caer en el abismo de la deshumanización y despersonalización que brinda el materialismo.

Espero que, cuando pase todo esto que amenaza con detener el mundo haya valido aprender a convivir consigo mismo, con los demás y con la madre tierra.

 

 

 

 

 

[1] Zigmunt Bauman