Diecisiete días

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La culpa es de la tecnología. En otro tiempo, no me hubiera percatado ni lo hubiera sentido. Eso de llevar un registro detallado de tu día a día, ahora, me come los nervios.

 

En otro tiempo seguiría con mi vida, estaría feliz o deprimida. Quejando porque hace calor, porque son las cuatro y no logro cerrar los reportes, porque no he cubierto la cuota o porque la comida está fría.

 

Pero son diecisiete días, no son mucho ni son pocos; son casi dos semanas y media, que pueden convertirse en treinta y seis. O peor aún, en noventa días de incapacidad por un bebé que llora y come noche y día.