Discursos de la piel, los matices del discurso

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Felipe Santiago Gutiérrez Cortés, pintor oriundo de Texcoco, Estado de México, nació en 1824 y murió en 1904. Considerado como uno de los artistas más emblemáticos que ha dado la entidad, y del cual se presentó el catálogo Discursos de la piel, un libro que recaba las obras pictóricas más representativas del maestro Gutiérrez, notas de especialistas, bocetos y una especie de bitácora gráfica de viaje, además se incluyen obras de otros artistas que se utilizan como referencia de lo que en aquellos tiempos se hacía en pintura.

 

Qué decir de una obra magnífica, pionera en nuestro país, de un hombre viajero que quiso compartir sus vivencias artísticas y reinterpretarlas en el cotidiano de nuestro país, en el momento en que le tocó vivir.

 

Los estudiosos del maestro Gutiérrez aducen que su obra gira en torno a lo humanista, costumbrista y progresista, se intuye después de considerar que el maestro visitó treinta países, es inimaginable todo lo que pudo ver y sentir en tantos lugares, atravesar valles y ciudades; experimentar comunidades precarias como ciudades cosmopolitas, academias, etc. Ver cara a cara la expresión de la humanidad. Y cómo traducir todo eso, cómo colocar todos esos rostros y lugares una tarea nada fácil y la prueba está en sus bocetos inconclusos y la imprecisión cronológica de algunas obras al plasmarlas.

 

Una vida de exigencias entre el vivir y crear, el reflejar y comunicar, hablar por los trazos, gritar la realidad. Exaltar la belleza escondida entre las sombras del crepúsculo y la que se despierta con los rayos del sol y desnuda al mediodía. La seducción de la naturaleza y la precisión que aguardan las formas humas.

 

Se intenta descifrar el motivo del autor, pues desafortunadamente no está para complementar las profundidades de su obra y explicar su proceso creativo, ése que no sabe de rigor ni de forma, pero que sabe de pasión y de asecho, pues siempre está latente en el palpitar del artista, en la pupila hambrienta y celosa de la hermosura que le rodea y provoca. Así es el ingenio, receloso del tiempo y de la mirada, del tacto, del olfato, del gusto; todos los sentidos se vuelven suyos a merced del trazo y el pincel.

 

Para tratar de comprender la obra de un artista no bastan las notas, el momento histórico, su formación académica y moral sino hay que ver su obra; detenerse en los detalles, las formas, el color, las figuras; las palabras, miradas, incluso los olores y sabores que se escapan del lienzo.

 

Los especialistas usan términos como ejercicio estético, rebelión, expresiones del alma, crónica visual de la otredad, en torno a la obra de Felipe Santiago Gutiérrez y habrá otros más que se develen en cada cielo, mirada, cuerpo y paisaje de la colección del maestro y hablarán de acuerdo a su tiempo, pero en el lenguaje del que mire, brindándole los matices necesarios para comunicarse con el autor e impregnar los colores formas y figuras en su alma.

 

A veces las palabras se esconden en formas muy misteriosas y la pintura es una de ellas.

 

Esta publicación fue realizada por el Museo Nacional del Arte, y fue presentada en el Museo que lleva el nombre del pintor, Felipe Santiago Gutiérrez, gracias a los buenos oficios de la directora del recinto Úrsula Cotero García Luna, el viernes 17.