DON CLEMENTE DÍAZ DE LA VEGA

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“Hay hombres cuya existencia se aquilata con el paso de los años, hombres cuya razón de existir se vuelve ornamento de su tiempo, hombres que son voluntad férrea, que nacen para ser creadores, artistas de su pensamiento, tan fuertes y pertinentes que su sola presencia ilumina el entorno y a la comunidad con la que comparten su existencia”

Jorge Olvera García

 

 

El recuento de la historia trae consigo sus anécdotas, sus personajes distinguidos y una límpida flor de enseñanza. Cada instante, las chispas de luz refulgen en el rededor de nuestra historia, iluminando nuestro porvenir, tiritando la melancolía de los ecos inmortales plasmados en los hechos de quienes con aplomo surcaron el universo y nos legaron sus alas de pensamiento libre y el azadón con el que seguiremos arando la tierra fecunda del progreso.

 

Reconocer a nuestros prohombres es engrandecer nuestra existencia, al darle potencia a las ideas que siguen edificando en nosotros, un porvenir venturoso; a la manera Aristotélica: aprendamos de las virtudes de la historia y construyamos una Patria más prospera aún, de la que nos han legado nuestros personajes ilustres.

 

Y es que, el hombre trasciende el tiempo y el espacio con sus ideas, da brillo a su existencia a través de sus actos; pero es la magnificencia de su palabra convertida en crisol de luz (para quien le rodea): el sello infinito que marca su paso por el mundo, transformando realidades, recreando conciencias, conquistando voluntades. El hombre, es la medida de sus circunstancias y la capacidad sonora de repicar diáfano e imponente, el camino del progreso por el que ha andado.

 

Gracias a don Clemente Díaz de la Vega Ruíz, conocemos el gran caleidoscopio de formas y colores con el que se reviste el suelo mexiquense; su obra no puede pasar desapercibida para el lector asiduo. Escritor, historiador, periodista, locutor, profuso cronista de la vida mexiquense, pero ante todo: un humanista que legara a través de sus letras, las más suaves muestras de identidad y orgullo de pertenencia a la tierra mexiquense.

 

El arrebol del firmamento mexicano fue testigo del alumbramiento de don Clemente Díaz de la Vega un 22 de junio de 1917 en Zacualpan, Real de Minas; lugar de paisajes enarbolados en el Estado de México, de cielos transparentes que sin duda inspiran a recrear nuestra existencia. Estudiante del Instituto Científico y Literario Autónomo de Toluca (hoy Universidad Autónoma del Estado de México); vive en primera persona el deleite de pertenecer a la prestigiada Institución humanista que dio cobijo a los grandes hombres de su época, ahí abreva de sus maestros el gusto por lo descriptivo, el ánimo de exaltación en las virtudes del hombre y el poner al servicio del pueblo la lámpara divina del verbo.

 

A temprana edad, tramonta por la senda de la palabra libre, incursionando en la radiodifusión a través de creación de la primera estación de radio del Instituto, la: XEXS la cual funge con gran éxito como una estación de radio cultural; posteriormente dirige la estación de radio comercial XECH, misma que en nuestros días sigue transmitiendo y que tiene la huella indeleble de la libertad cultural, del análisis certero y que por mucho tiempo ha sido en el Valle de Toluca referente del periodismo independiente.

 

Hombres de la estatura moral e intelectual de don Clemente hacen falta en nuestros días, dispuestos a trabajar por la cultura de su Estado; propensos a engrandecer la historia de su país a través de sus propios actos y la exaltación del valor humano; preocupados por el hilo conductor de la espiral, en el que  hombres y mujeres -generación tras generación- abreven de las letras de identidad institutense; luchadores incasables que defiendan el escudo de armas de nuestra laureada Universidad Autónoma del Estado de México: la autonomía universitaria, símbolo de libertad e integridad.

 

A don Clemente le reconocemos la finura de su pluma, la claridad de su escritura, pues en cada artículo periodístico deja nota de su anchura de miras, de su pertenencia universitaria y de su exaltación patriótica; su amor profesado al campo tiene cabida en su famosa revista “Agro”, en donde a la sazón de compartir artículos sobre la realidad del campo mexicano (estigma social de nuestro México) abreva de la cultura para iluminar espíritus e incendiar conciencias, dejándonos bellas notas de esplendor sobre personajes que han dejado su nombre inscrito en el pináculo de la inmortalidad; porque las almas buenas nunca mueren, porque los que sirven a su país desde su propia trinchera tiñen de luz su epitafio.

 

No tenemos duda que la contribución de don Clemente Díaz de la Vega a la cultura y el legado mexiquense ha sido profusa; desde el periodismo, indagando para recrear en las letras, la vida de un tiempo diáfano y vehemente; desde las ondas sonoras de la radio, mediante las cuales multiplico las ideas de identidad nacional, humanismo y libertad; desde la escritura donde ha dejado pinceladas de su tiempo y de su espacio; en la defensa aguerrida del campo mexicano, donde hacen falta voces libres que postulen la defensa de la tierra y por supuesto, en la Oratoria donde fue voz del pueblo mexicano, apoyando desde su trinchera de tribuno el paso atronador de don Isidro Fabela Alfaro.

 

Con luces centellantes debemos encausar el reconocimiento de un hombre que nos deja en el alma universitaria un legado a perpetuidad: saber reconocer a los hombres y mujeres que han hecho crecer a nuestro Instituto (hoy Universidad); esa fue la misión más grande de don Clemente; acrisolar en el infinito centellas de gratuidad.

 

Definir al bardo de Toluca como el “Savoranola Laico”, es sinónimo de elegancia cultural y sí, el Maestro Horacio Zúñiga fue un Savoranola; un guía de almas que cree que en la cultura está la epígrafe redentora de la humanidad; recrear en una de las más connotadas biografías al presidente orador Adolfo López Mateos le da el sustento de un hombre de luz que alumbra desde su pluma a quien le lee; asiéndose así, acreedor de innumerables reconocimientos; no dudamos en que don Clemente “el biógrafo ensayista” tiene ya reservado un sitial entre los personajes ilustres de nuestro Estado, confiamos en que la sonrisa de Hermes le vuelva el rostro y se le otorgue el reconocimiento que ya tiene merecido.

 

Impulsamos como antaño -en su terruño amado: Zacualpan, Real de Minas-, la idea de que don Clemente debe ser recordado en todas las potencias de su existencia, para que a manera de memoria taumaturga, se le conciba en dos sentidos: cronista mexiquense y personaje ilustre no solo de su solar natal, sino del Estado de México. Sí, don Clemente Díaz de la Vega Ruíz debe gozar del prestigio de ser considerado un cronista, un huehuetlatolli de tiempos modernos; que nos relata con creces la vida de los grandes hombres que han forjado su destino mediante la entrega generosa de su vida a favor de: la sociedad, la enseñanza o la administración gubernamental, en síntesis: el apostolado del servicio, hombres con espíritu franciscano y con una cosmovisión erudita de su tiempo.

 

Por eso, humildemente venimos a pasar lista a Don Clemente Díaz de la Vega Ruíz, porque el 25 de mayo del 2002 no se llevó la existencia física de este hombre, sino que le abrió las puertas de la llama inmortal de la libertad, donde los pensamientos se expanden, donde la luminiscencia se convierte en el resonar de hombres y mujeres preclaros que han forjado la historia de nuestro Estado y nuestra Patria, impulsándonos a alcanzar en el infinito la estrella que ilumine nuestros pasos.