DOS ESCRITORES

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En el recuerdo de aquellas enseñanzas de vida literaria que fue su experiencia al vivir en España en su primera juventud, Borges recuerda que en referencia al choque apasionado entre Ramón Gómez de la Serna y Rafael Cansinos Asséns en la capital de España, en Madrid, dice: Advertirá el lector que están situados en el pasado los verbos y con ello quiero indicar que se ha desbaratado ya esa disputa, vehementísima hace cuatro o cinco años. Toda una escuela que se fundaba en visiones diferentes llevaba al paso de unos pocos años a relajar la batalla, y a volverla un tema de anécdotas por suerte. Esto es bueno cuando lo civilizado se impone a pasiones o fanatismos que, sin base, se convierten en odio para toda la vida.

 

Cuenta Borges: La indiferencia no ha rematado esa rivalidad. Las travesuras leves abaten las austeras lamentaciones; la greguería ha quebrantado el salmo y los paladeadores de apasionadas imágenes que fervorizaban antaño junto a la sombra luminosa de Cansinos Asséns, hoy aventuran chascarrillos en Pombo. Cómo es la vida, vivimos experiencias que debieran sernos enseñanzas para comprender otras cosas que nos suceden en ésta, pero se nos olvida que es bueno, en ocasiones, convertir en chascarrillos la mayoría de las cosas que nos suceden.

 

Alegre Jorge Luis nos relata que este enfrentamiento entre dos ricas personalidades de las letras españolas termina yendo por el camino de lo civil, es decir por lo que es humano y se sobrepone al egoísmo y la envidia. A visiones ideológicas o estéticas que tienen sus cosas nobles pero en muchas ocasiones sus errores de percepción o de acercamiento a la verdad de los sucesos de ese tiempo.

 

Dice: A las veladas y a la orientación de Cansinos —ya de hombres graves que el desengaño hizo ribereños del arte— no acuden otros jóvenes que yo, regresado eventual a quienes esconderán mañana las leguas. Tal es el incidente. El argentino hizo una literatura de toda su vida. Lo hizo sabiendo que era un ser especial que merecía, a través de las experiencias que vivía con el Otro o con los Otros, para decir su pensamiento, para relatar o escribir su propia vida, aunque fuera un escéptico de las biografías.

 

Tan especial que quiero pensar que a pocas personas o escritores llegó a respetar con cierto miedo nuestro Octavio Paz, que bien recuerdo en sus visitas a México, al reunirse en esos admirables programas de televisión, cómo el Premio Nobel mexicano, recibía como invitado a Borges; le miraba con una especie de respeto y sacando su espada, pues bien sentía el mexicano, que ante él, estaba con uno de sus iguales y, no con sus inferiores, como acostumbraba hacer sentir de manera normal en sus programas televisivos. Ese programa debería repetirse una y otra vez en nuestra vida cotidiana para comprender la grandeza de cultura a que puede llegar el ser humano, y Borges como Paz son cumbres de ese ejemplo.

 

Así que recordar sus textos escritos por allá en 1925 y en adelante, nos hace ver al joven sabio a través de lo que vivía con personajes ya grandes en las letras castellanas. Cuenta en sus palabras: Antes, quiero adelantar una salvedad. No es intención de estos renglones el comparar, en menoscabo de cualquiera de ellos, las personalidades verdaderas de los dos escritores. Son dos países muy distintos y enmarañados que distan un incaminado trecho el uno del otro, tan bravamente incomparables como lo pueden ser, por ejemplo, la perfección de dejadez y huraño vivir que en todo arrabal porteño me agrada y la nerviosa perfección de codicia que alborota las calles céntricas. Mago de las letras Borges puede ser leído en sus artículos para revistas o en sus cuentos, y viajar por su poesía que mucho es filosofía o pensamiento filosófico. En todo lo que se lee del argentino es un portento que lleva a enseñanzas de profunda visión y amor por las letras.

 

En alguna ocasión con una poeta argentina que visitó Nepantla, y así conoció el lugar donde nació nuestra Sor Juana Inés de la Cruz. En charla sobre Borges le decía que tenía la percepción que es sobre todo un ensayista excepcional, y con interés participábamos de tan agradable plática. Hoy que le recuerdo, me viene de entender que en el argentino todo se revuelve para convertirse en letras de un Rey Midas, que nos fue dado a los Hispanoamericanos, como privilegio de la lengua y del pensamiento humano para nuestro orgullo americano.

 

El escritor-investigador que es Jorge Luis estudia esas dos personalidades en aquellos tiempos de las primeras décadas en el Madrid del siglo XX; lo hace con ese entusiasmo, que se encuentra también, en quien naciendo en  el año de 1889; diez años antes que el famoso invidente, escribo de don Alfonso Reyes, quien nos comprueba con su talento y gran inteligencia que fue un adelantado al argentino, en ese amor por la sabiduría y por los nuevos caminos que en las letras Hispanoamericanas ha de recrear nuestro literato mexicano. Tal y como lo ha de reconocer el propio Jorge Luis, que amó la prosa de Reyes como la más elevada en aquellas décadas. De un siglo brillante para las letras latinoamericanas, como se comprobará con tantos poetas, narradores, ensayistas o dramaturgos en la vida americana.

 

Los maestros de Borges fueron grandes en su vocación, por eso dice: Yo sé muy bien que Gómez de la Serna es trágico en ese duro forcejear que su índole reseca de castellano y en esa voluntad de fantasía que inflige su visión. (Ramón, queriendo hacer labor fantástica, ha realizado la autobiografía de nosotros todos) Yo sé que en la rebusca de metáforas que a Cansinos suele atarear, hay sospechas de juego. Pero la igualación del escritor madrileño a la travesura y del sevillano a la trágica seriedad permanece incólume, pues corrobora la significación banderiza que en ellos ve la juventud y que rige su preferencia.”

 

Me recuerda su vida, la anécdota de Pablo Neruda cuando recibió el Premio Nobel de Literatura en el año de 1971, a la pregunta de algún reportero sobre si él había asistido a talleres para aprender a escribir poesía, él chileno enojado le contestó que nunca había asistido a ningún taller. Me hizo pensar que no tuvo necesidad, con esas amistades y maestros que tuvieron nuestros poetas en los primeros 50 años del siglo XX, con sólo ello igual que el bonaerense, aprendieron a escribir como unos ángeles. La vida del argentino está rodeada de educadores brillantes, y de lecturas que le hacen el sabio que todos admiramos.

 

No hablaré de culturas que se pierden. La constancia de vida, la duradera continuidad de la vida, es una certidumbre de arte. Aunque las apariencias caduquen y se transformen como la luna, siempre perdurará una esencia poética. Premonitorio, el ciego Borges, ha de terminar siendo poeta.