Ecos Ancestrales

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En la alquimia de palabras, las lenguas de México tienen un universo que gira en entornos de quienes las llevan en su vida cotidiana. Existe una resistencia a perder la identidad de los pueblos que han luchado y siguen luchando por no ser desconocidos. Su pensamiento, su manera de estar en equilibrio con lo que les rodea es muestra de la semilla, sigue germinando en raíces que no quedan olvidadas.

 

La Antología poética bilingüe Español-Náhuatl Ecos Ancestrales reúne a cuarenta y dos voces de poetas mexicanos de diferentes Estados de la República Mexicana, entre ellos Chihuahua, Zacatecas, Ciudad de México, Hidalgo, Puebla, Baja California y  Estado de México. Escriben desde su propia vivencia, en el contacto de las lenguas en sus lugares de origen y conocimientos sobre los pueblos originales, este libro es parte del proyecto: Ni una lengua más extinta ni un universo perdido, con el eslogan porque cuando muere una lengua muere un universo el segundo libro en lenguas. El anterior fue Voces que no se apagan Español-Otomí. Pronosticando que vendrán en lengua Mazahua, Maya, Mixe, Zapoteco, Rarámuri y otras que se adhieran a este proyecto.

 

Este libro se divide en cuatro apartados que nos llevan a adentrarnos a mirar, con otros ojos, ese mundo paralelo de pueblos hermanos que, en su tiempo y espacio, siguen en comunión con la naturaleza que los rodea y le ofrendan sus pasos y sus vivencias.

 

En esa cosmovisión de mundos contiguos al nuestro: como las aves en su trino y las caracolas con su canto dice Rosalí de la Fuente, de Hidalgo. Con las palabras del libro sagrado te fui guiando al río. verso de Violeta Lara, del Estado de México; Tierno canto/ aviso de alborada, Aurora Fuentes, de México. Se agita el alma como colibrí Witsitsilin, Lilia Rivera. De Ciudad de México. Soy de dorado legado de sol, Edith Carrasquedo, de Jalisco. Ometeotl, nuestro origen/ invisible e impalpable, Pedro Romero Roja,s de Hidalgo. Tlaloc por la madrugada/ con su sonido arrulla mi alma, Eva Hilda Cuevas Ruiz, de Michoacán. En el centro de tu caracola se agita en el universo, dice Daniel Olivares Viniegra, de Hidalgo. Se mojarán las almas de los que aquí habitan, Martha Lujano Valenzuela. Castos espíritus que abrevan palabras, Susana Argueta. Se termina con José Carlos Monroy Rodríguez  Nosotros hablamos nuestra lengua/ y es con ella que queremos nombrarnos.

 

En el tema de las costumbres y tradiciones, está alimentado por esas vivencias que tenemos de nuestros lugares de origen, donde se congregan las comunidades a convivir en fiestas desde el seno familiar hasta el compartir con la población el rito, la ofrenda a la naturaleza y se hace con distinción. En el cambio de una estación a otra, en la siembra y la cosecha. Dice Olga Hernández Natividad de Chihuahua, Yumare, un mito, un ritual, un simbolismo. Raspa magueyes/ con manos callosas/ obtiene agua miel. El abuelo Simón, de Ernestina Guerrero Chávez, de Hidalgo. El lamento viene de la voz de Sian Ka’an Castelo Torres, de Morelia. Se ha muerto el viento santo, Arnulfo López Gómez, de México, recuerda su infancia y a su abuela mazahua la matriarca de matriarcas, la reina del bien hablar. Salvador Martínez Santana, en la raza mística descubre a Esas viejas sabias consejeras. Mario Cruz Palomino, de Zacatecas, en su padre jornalero nos dice: La cultiva con esperanza/que se sostiene en la casualidad. Jessica Jazmín García Vázquez, del Estado de México, en las artesanías nos dice: Trenzar las canas es un arte muy antiguo. Daniela Quintero Hernández, de Guanajuato, suplica ¡Ay! Hierberita no desaparezcas, que tus menjurjes, ¿Dónde quedan? Ayari Ailed García Cuevas, del Estado de México, haré un altar con nuestros momentos más bonitos que viví contigo. Margarita Guadaña, del Valle de Chihuahua, Tu alma es un paisaje de miles de años. Obdulia Ortega Rodríguez, nos dice en Cedrón: Ni temblor, ni tormenta me arrancan/ aquí me pariste, enterraste mi ombligo.

 

En otra parte, descubrir lo que nos hermana, lo que nos hace sentir orgullosos de ser de esta tierra, eso que nos identifica en cualquier parte del mundo, a donde vayamos, son esas raíces que se enredan en la vida cotidiana indios, criollos, mestizos, somos de este ideal. Gwenn-Aëlle Folange Terry, de Ciudad de México en: de Pablo nos lleva al Tajín A ustedes dioses de este centro ceremonial… Silvia de la Vega, de Puebla, en el ritual y llene mi cara de barro para que no supiera quien era yo. Rocío Prieto Valdivia, de Baja California, En donde hemos de encontrar los colores de las faldas de las tehuanas. Cleotilde Guadalupe Gordoa de la Tejera, de San Luis Potosí, Con la aguja entre sus dedos/ mezcla todos los matices. Lupita Tzibi, del Estado de México, en mis enseñanzas Me enseño a sentir sus hojas enlazadas a la tierra. Raúl Castelo, Hidalgo, en su Monologo de identidad, deletreando siendo Nahua, Purépecha, Yaqui, Mazahua, Tzeltal, hombres murciélago… indio, mestizo, negro… ¡no vencidos!. Diana Hernández, del Estado de México, en su viaje, Vamos a caminar descalzos sobre las nubes. Alma Lucía García, de Quintana Roo, en de por vida los hombres han sido cazadores/ y agricultores. José Luis Calderón Vela, de Guanajuato, en su Canto desde el azul celeste Tlaxcalteca Se escucha el rumor de pasos, el ruido del huéhuetl, teponaxtles y caracoles. Luis Antonio Aranda, en Xólotl por ti Me haces ser mitológico cenceño/ creas un dios del ocaso en la algaida.

 

El objetivo de esta antología es la preservación de las lenguas maternas de México por lo que se tiene ese apartado donde las voces de los poetas se dejan escuchar en ese pensamiento de no dejar que las lenguas enmudezcan. Silvia Margarita Vázquez Torres, de Zacatecas, Voz de quien el universo a creado. Maura Angélica Ramírez Rojas, en voces que mi lengua no se pierda, sea orgullo de mi nación. Mateo de Jésus Sánchez, alza la voz en ¡basta ya! Quiero verme protegido en mis raíces/ que se borren esas hondas cicatrices. María Guadalupe Carbajal Martínez,  en un ruego nos dice: Vuelva la palabra viviente/ a nacer en el corazón mexicano, Ellos del Estado de México. Norma Pérez Jiménez, de Hidalgo, Y oi las voces de mis ancestros/canto bullicioso de la tierra y la obsidiana. Bere Reyal, de México, resalta la voz mexicana la de la mujer tehuana/ la de la niña de la montaña/el niño de la costa. Kary Cerda en sembrar la palabra en la tierra  …sobre pechos/y gargantas multicolores. Ana Marisol Reséndiz Pizarro Con la sabiduría de la palabra sagrada”, en reminiscencia mística, voz ancestral. Ambas de Ciudad de México. Alma Delia Cuevas Cabrera, de Estado de México, en la voz del universo dialogo con la naturaleza, equilibrio con la luna. Sixto Cabrera, de Veracruz, en travesía no sabe escribir en la tabla de su alma.

 

Somos los no hablantes quienes aportamos lo que ha sido transmitido por generaciones, lo que nos enseñaron nuestros abuelos, los que hemos vivido cada noviembre en el día de muertos, hemos hecho un altar en casa o el cementerio y esperamos el retorno. Nos han enseñado a curarnos con hierbas que la madre tierra nos ofrece, iremos al temazcal y entre vapor con olor a hierbas se purificaran los cuerpos, son miles de prácticas que continúan con nosotros y que hoy en la poesía damos cuenta de ello.

 

Es importante mencionar que en esta antología poética bilingüe se realizó la traducción de Ana Marisol Reséndiz Pizarro y José Carlos Monroy Rodríguez,  ambos de la Ciudad de México, que nos presentan dos variantes de las muchas que existen en nuestro país. Ya que se habla en varios estados de la Republica. Muchas fuentes no hacen referencia de que en el mundo cada quince días o catorce porque -difieren-, muere una lengua en el mundo, un hecho lamentable es la perdida de un mundo distinto en palabras y pensamientos. Además de hablar el español, inglés u otro, qué lenguaje aprenderás tú, para que sigan existiendo nuestras lenguas nativas. Los lenguajes; riqueza de comunicación y conocimiento siguen vivos en quien aún los hablan, los piensan y los viven. Que nunca exista un último hablante.