Ecuador y la maldición Latinoamericana

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Ecuador un país de América del Sur, con más de 17 millones de habitantes. Entre el 2007 y el 2014 Ecuador tuvo un crecimiento económico superior al resto de América Latina debido sobre todo al alza de los precios del petróleo y que permitió disminuir los índices de pobreza, no muy distintos al de sus vecinos de origen iberoamericano. Para este 2019, se espera que Ecuador apenas alcance el 1% de crecimiento del PIB, cosa que no es sorpresa entre otras cosas por los precios tan bajos del petróleo y debido a la desaceleración económica en el mundo.

En estos momentos, 9 de octubre de 2019 13:37 horas de México se viven protestas en la capital de Ecuador, Quito, por parte de la población, particularmente indígena que solicitan tomar medidas con relación a la medida impuesta desde la oficina del presidente Lenin Moreno y que consiste básicamente en retirar el subsidio al combustible.

Como el amable lector sabe, la subida de los precios del combustible trae como consecuencia infranqueable la subida generalizada de los precios, es decir, inflación, y eso a su vez repercute en el poder adquisitivo de los ecuatorianos, y finalmente esta decisión termina por afectar a los más pobres, de ahí que los indígenas sean los identificados como los promotores de estas protestas que han puesto en jaque al gobierno de Lenin Moreno.

La crisis por la que atraviesa Lenin Moreno ha levantado ámpulas en la clase política ecuatoriana, los otrora aliados, hoy, son enemigos. Recordemos que Moreno fue vicepresidente en el gobierno de Rafael Correa, es decir aliados políticos, incluso Correa se atrevió a defender a Moreno cuando era candidato a la presidencia.

Correa está siendo investigado por el Gobierno ecuatoriano por tener, aparentemente, una relación con el caso Odebrecht, Moreno, lo que hizo con esta acción fue romper con el “anterior régimen” y traer de vuelta a Ecuador a una senda económica de más “neoliberalismo” y menos asistencialismo como el de Correa.

Correa señala que Moreno es el gran impostor y que engañó a la mayoría de la población. Traidor le llama, porque se ha puesto al servicio de los estadounidenses y de la clase empresarial del país, antes que ponerse de lado de los pobres. Moreno acusa a Correa y al presidente venezolano de estar detrás de las protestas en Quito y que lo ha obligado a trasladar los poderes formales del poder ejecutivo a la ciudad de Guayaquil, ciudad por otra parte, bastión de la clase empresarial ecuatoriana.

Lo curioso de este asunto es que la confrontación ideológica venga del mismo grupo ideológico que gobernó con Correa y que entre otras cosas, fue marcadamente asistencialista, es decir, a la “típica” formar de gobernar en américa latina, populismo triunfal.

Y no es que el asistencialismo sea “bueno o malo” per se, pero habla mucho y no tan bien de la cultura del no esfuerzo de los habitantes del continente. Sin caer en generalizaciones, no es un secreto que los líderes latinoamericanos, para llegar al poder, necesitan prometer que darán, que regalarán, que ayudarán, pero nunca dicen cual o cuales serán los costos.

Probablemente para el gobierno de ecuador ya no es sostenible, económicamente hablando, mantener precios bajos al combustible, y así seguir manteniendo los índices de popularidad; mientras que el expresidente Correa se refugia en Bélgica y critica con ferocidad la administración de Moreno, el precio político lo paga este último.

El círculo vicioso de una cultura que no termina por despegar y que resulta en:

PAN PARA HOY, HAMBRE PARA MAÑANA. No es el imperio nada más, también somos nosotros. ¿Cuándo asumiremos nuestra responsabilidad como pueblo?