El amor no es quien parece ser

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Una mañana, el cielo despejado, un patio de preparatoria con grupos de hombres y mujeres platicando en las bancas y parejas caminando alrededor del patio y por los pasillos. Un grupo de niñas se dispersa y dejan ver a Andrés, sentado en una de las jardineras mirando fijamente a Sofía, pero baja rápidamente esa mirada por miedo a que ella se dé cuenta. Sofía está platicando y riendo con sus amigas, mientras abraza con ambos brazos su tan preciado diario. Andrés recuerda cuando eran niños y veía de la misma forma a Sofía en el patio de primaria, mientras los niños jugaban basquetbol y las niñas jugaban a tomar el té; Sofía voltea a ver a Andrés y le sonríe. Vuelve a la actualidad, Sofía con la misma sonrisa y Andrés devolviéndola, siempre pensó que Sofía era la niña más hermosa que había conocido; suena el timbre para entrar a clase, Sofía se va al salón con su grupo de amigas y Andrés se levanta de la jardinera y camina solo hacía su salón.

Andrés va caminando solitario en el pasillo de la preparatoria al terminar las clases, se detiene al encontrar un diario tirado en medio del pasillo, lo levanta y se da cuenta de que es el mismo diario que cargaba Sofía en la mañana. Lo guarda en su mochila y se va caminando a casa. En el camino va pensando las distintas formas en las que se podía acercar a Sofía para devolverle su diario, ya que nunca había encontrado una forma de acercarse a ella. Llegó a su casa e inmediatamente subió a su recamara, se sienta en su cama y se queda viendo fijamente el diario, tratando de decidir si debía abrirlo o no. Decide abrirlo, para poder descubrir los gustos de Sofía y poder hablar con ella más fácil. Abre el diario y comienza a leer.

Sofía era una apasionada de las bellas artes, era bailarina de ballet y adoraba la pintura, incluso tenía bocetos de dibujos que quería pintar, tenía anotaciones de las obras que había visto y lo que ella percibía de cada una de las historias, todo escrito con una pasión impresionante y tantos detalles que hacía que Andrés sintiera que había visto las mismas obras y presentaciones de ballet; cada palabra que leía hacía que Andrés se enamorara cada vez más de su forma de pensar y de ver el mundo. Cae la noche y Andrés termina de leer el diario, había quedado encantado con todo lo que había leído, se sentía feliz de que al fin tenía los temas de conversación y las palabras indicadas para decirle a Sofía al siguiente día que le devolviera su diario.

A la mañana siguiente Andrés entra a la escuela, nervioso, pero emocionado, al fin iba a poder hablar con Sofía; la ve a lo lejos con su mismo grupo de amigas, se dirigió a ellas, pero al acercarse se dio cuenta de que Sofía traía su diario cargando bajo el brazo. Voltea rápidamente a ver el diario, preguntándose de quién era el diario, ¿Quién había escrito todas esas páginas que lo hicieron enamorarse de la mente de la autora?

Mientras veía el diario, Miranda se acerca a él y le toca el hombro, Andrés voltea y queda cautivado por su belleza, era la primera niña que había logrado sacar a Sofía de su mente desde primaria; Miranda señala su diario y le explica que lo había perdido el día anterior y se lo pide de vuelta. Andrés lo devuelve mientras sonríe, ella sostiene el diario y le devuelve la sonrisa, mientras se ven fijamente a los ojos.