El ansia de saber

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En 1819 y 1820 Benito se quiere comer el mundo a puñados. Por eso cuenta: Ansioso de concluir pronto mi rama de escritura, pedí pasar a otro Establecimiento creyendo de este modo aprendería con más perfección y con menos lentitud. Me presenté a don José Domingo González, así se llamaba mi nuevo Preceptor, quien desde luego me preguntó ¿en que regla o escala estaba yo escribiendo? Le contesté que en la 4ª. Bien, me dijo, haz tu plana que me presentarás a la hora que los demás presenten las suyas. Llegada la hora de costumbre presenté la plana que había yo formado conforme a la muestra que me dio, pero no salió perfecta porque estaba yo aprendiendo y no era un profesor. El maestro se molestó y en vez de manifestarme los defectos que mi plana tenía y enseñarme el modo de enmendarlos sólo me dijo que no servía y me mandó castigar. Esta injusticia me ofendió profundamente no menos que la desigualdad con que se daba la enseñanza en aquel establecimiento que se llamaba La Escuela Real.

 

Imaginar la edad que tiene el ya adolescente y sufrir este tipo de vejaciones, por parte de quienes durante años se han dicho docentes, maestros, educadores profesores, y no son más que personajes falsos del mundo educativo. No tienen paciencia para enseñar, ni les importa el alma de sus alumnos, por lo que se les hace muy fácil ofenderlos frente a los demás alumnos. Dice Benito: … pues mientras el Maestro en un departamento separado enseñaba con esmero a un número determinado de niños, que se llamaban dicentes, yo y los demás jóvenes pobres, como yo, estábamos relegados a otro departamento, bajo la dirección de un hombre que se titulaba Ayudante y que era tan poco a propósito para enseñar y de un carácter tan duro como el Maestro.

 

Mucho recuerdan sus palabras a Sor Juana Inés de la Cruz, aunque parece en los dos casos, si revisamos que los sufrimientos para aprender que tanto anhelaba Juárez le fueron de mayor dolor. Indígena y pobre. Es decir, sinónimos: pobre para el siglo XIX en que vivía era ser indígena, con el sentimiento de racismo que sigue vigente en este siglo XXI. Así lo sufrió al llegar al Instituto Literario de Toluca, Ignacio Manuel Altamirano y su padre, vejados por una mediana autoridad de este Instituto: al pedirle al padre que se vaya a sentar a esperar en otro lado, pues esos lugares sólo son para mestizos y criollos de abolengo. Dicha afrenta le hará pagar con el tiempo Ignacio Manuel a dicho individuo, cuando el destino los junte para ofrecerle la venganza en charola de plata. Al mandar a que se siente en otro lugar, al mismo que ofendió en otro tiempo a su padre y a él.

 

El talento y la sabiduría son las más poderosas armas que el hombre o la mujer pueden tener a su lado cuando tienen esas dos fortalezas. Benito Juárez, Sor Juana Inés, Leona Vicario, Ignacio Ramírez El Nigromante e Ignacio Manuel Altamirano son prueba de ello. Muy duro fue para Benito Juárez el poder lograrse como estudioso y capaz de ser un profesionista respetable. Fue una de las odiseas más crueles en su realización. Y como así lo fue, por eso estuvo preparado al llegar el tiempo de los grandes retos, como para poder ser el símbolo entre sus conciudadanos de que la patria no se vendía ni se ofrecía al mejor postor.

 

Los mexicanos debemos tener como libros de cabecera La carta de respuesta a Sor Filotea de la Cruz y este libro emblemático, de un presidente de la República que como nadie sufrió para serlo, y al serlo, no tener tiempo para ejercer dicho mandato dentro de un civilizado espacio. Apuntes para mis hijos es otro de los libros didácticos, que nos habla igual que lo hace Sor Juana en La carta… de cuán difícil fue educarse y aprender en un mundo de injusticia contra la mujer, e igual con lo que le sucede a Benito Juárez —si bien es hombre—, tiene la tragedia de ser huérfano e indígena. Pensemos en ese contexto histórico y comprendamos que estamos ante lecciones pedagógicas de enorme importancia: haría bien el sistema educativo nacional, los docentes por cientos de miles, que deben, por obligación estudiar dichos textos. Tanto como los que se ven en necesidad de estudiar y leer en el mundo de la pedagogía y la didáctica. Proponerlos como textos obligados en la ruta de enseñanza-aprendizaje para todos los alumnos, que desde la primaria están en la etapa de aprender a leer y escribir sobre libros sencillos que nos dicen cuán difícil fue a Sor Juana y Benito Juárez el aprender lo que hoy en muchos casos es según el artículo 3º. Obligatoria educación dentro del laicismo y la gratuidad.

 

Doloroso es leer cómo Juárez busca los caminos para ser mejor estudiante. Para aprender lo que para muchos es algo sin importancia. El estudio de las biografías es una de las mejores enseñanzas que —lección pedagógica—, debería también de ser tarea diaria. De la vida de los otros al aprender lo hacemos de manera inteligente: no es necesario aprenderlo en primera persona.

 

Cuán difícil es para Juárez el lograr una educación en sus primeros años en la ciudad de Oaxaca. Nos cuenta: Disgustado de este pésimo método de enseñanza y no habiendo en la ciudad otro establecimiento a qué ocurrir, me resolví separarme definitivamente de la escuela y a practicar por mí mismo lo poco que había aprendido para poder expresar mis ideas por medio de la escritura, aunque fuese de mala forma, como lo es la que uso hasta hoy. Entre tanto, veía yo entrar y salir diariamente en el Colegio Seminario, que había en la ciudad, a muchos jóvenes que iban a estudiar para abrazar la carrera eclesiástica, lo que me hizo recordar los consejos de mi tío que deseaba que yo fuese eclesiástico de profesión. La angustia de esos tiempos seguramente no se la deseamos a nadie. Aunque sabemos que la vida se repite de muchas formas en uno mismo o en los vecinos y familiares.

 

La Odisea del hombre o la mujer tiene muchos rostros, cada ser humano al venir a la vida viene con su propia odisea que ha de estar plagada de llantos, sufrimientos, pero también de alegría y felicidades. La odisea de Juárez es una enseñanza pedagógica de gran importancia. Estudiar, cómo le voy a hacer para que en esta ciudad que no es la cuna de mi origen, pero es la posibilidad de superar el destino que mi familia me había deparado, y que entiende en este caso Juárez que sólo la educación ha de darle una posibilidad de aspirar a otro futuro que no sea la pobreza extrema o ser sólo sacerdote sin tener vocación para ello. Igual sucedió con Sor Juana Inés de la Cruz, tener que ir a parar al Claustro, pues sólo así podía dedicarse a la lectura que le ha de hacer la mujer más sabia de su tiempo en toda América. Se dice fácil, pero esto sólo se logra con leer y más leer. Con estudiar y más estudiar: esas fueron las pasiones de ellos y de don Ignacio Ramírez El Nigromante llamado al morir el Santo de la Reforma.

 

Escribe en su libro a sus hijos y a los mexicanos de todos los tiempos: Además era una opinión generalmente recibida entonces no sólo en el vulgo sino en las clases altas de la sociedad de que los clérigos y aun los que sólo eran estudiantes sin ser eclesiásticos sabían mucho ya que eran respetados y considerados por el saber que se les atribuía. Esta circunstancia más que el propósito de ser clérigo para lo que sentía una instintiva repugnancia me decidió a suplicarle a mi Padrino. Todo con tal de lograr estudiar en un lugar donde si aprenda la cultura de la academia. Muy rara en el México de entonces.