EL BELLO CUENTO DE LA VERDADERA DURMIENTE

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Desde que nació la Bella Durmiente en un lugar que no aparece en los mapas de ese siglo, sufría de insomnio y no dejaba dormir a sus padres, el Rey y la Reina. Se cuenta que después de una larga espera llegó la niña, y al contemplarla todas las noches con los ojos abiertos, no entendían qué le sucedía. La pobre sufría de Trastorno de Sueño, algo que ignoraron por mucho tiempo, no así sus efectos, pues nunca dejó dormir bien a los habitantes del Palacio.

 

Cuando cumplió un año de edad, le hicieron una gran fiesta y en su honor invitaron a siete hadas las que cumplieron con la función de otorgarle dones positivos, entre ellos:  la belleza y una hermosa voz, pero ninguna de ellas pensó en darle el don de dormir bien por las noches y las siestas por el día.

 

En ese gran banquete se apareció la reina malvada de un país vecino a la que no invitaron por falta de cubiertos. Tan grande fue su enojo que lanzó un hechizo: al cumplir dieciséis años la princesa se pincharía el dedo con un huso y en vez de morir, dormiría siglos.

 

Sin contemplar que la princesa no era de buen sueño, el rey mandó prohibir los husos y ruecas de hilar para que la niña no se pinchara el dedo. En lugar de eso, sus nanas le daban husos y ruecas para jugar, con el fin de que la princesa se durmiera de una vez por todas.

 

La niña se pinchó el dedo muchas veces y no pasó nada, sólo lloraba más por el dolor que le causaba, ya que el hechizo llegaría cuando cumpliera dieciséis años no cuando fuera pequeña.

 

Así pasó el tiempo y la princesa creció con ese problema de salud. En esa época nadie entendía por qué no dormía, todos anhelaban que cumpliera la edad que amablemente la malvada reina había impuesto, contrariamente, no era una gran tragedia para ellos, era una fecha que esperaban.

 

Llegó el gran día del cumpleaños prometido de la princesa quien era muy delgada, cómo no iba a serlo, si nunca hubiera dormido bien en su vida. Le dieron el huso que exigía el hechizo para que se pinchara el dedo, todo pasó tal como la malvada reina del país vecino dijo: cayó en un largo sueño y todos festejaron con alegría este hecho.

 

Lo bueno es que también el hechizo incluía que todos los que vivieran en el castillo cayeran en el letargo de un sueño profundo, esto era para no hacerle ruido a la princesa, no fuera que se despertara otra vez.

 

Pasaron cien largos años, el castillo hechizado se invadió de vegetación, un aventurero que se internó al palacio encuentra a todos sus habitantes cadavéricos, la princesa ya es una anciana que duerme plácidamente y que jamás recibirá el beso que la regrese a la vida normal que nunca tuvo, por culpa de las hadas irresponsables que no le dieron el don de la elasticidad de la piel y la juventud eterna.

 

El explorador es un joven príncipe que quiere extender su reino, se va horrorizado y huye del castillo de los muertos y la anciana princesa. Nunca más nadie vuelve por ahí. La bella durmiente sigue durmiendo por los siglos de los siglos.