El Dios Tolo duerme la mona

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Descanse en paz: Gente como Fernando del Paso no debe morir, nos seguimos quedando huérfanos…

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…Toluca viene del sacratísimo nombre que los antiguos habitantes de la región daban a una prodigiosa yerba que, bien achicalada y en fumables carrucos, o hervida y en tés o alambicada y en demoniacos brebajes, servía para que todos los Matlatzincas, empezando por el propio Dios Tolo, anduviese siempre con la cabeza caída…

 

“El jeroglífico de la ciudad representa al ídolo que si bien parece un cerro con la cabeza torcida, en realidad es un “toloachero” bien zarazo, que se encoge y se tapa con el zarape, mientras cabecea para dormir sabroso la mona.

 

Ahora que la llamada Cuarta Transformación presentó la iniciativa para despenalizar el uso recreativo de la marihuana, recordé que los tolucos traemos en los genes la práctica de inhalar o untarnos la yerba del toloache, esa planta mágica que crecía a raudales en toda la serranía de la ciudad y que era utilizada por nuestros ancestros para dormirse y soñar, excitarse, alegrarse y curar males de amores (o, por el contrario, acentuar sus males).

Así que voy en busca del libro del Profesor Mosquito de donde extraje los párrafos iniciales: Toluca del Toloache. Guía para turistas alegres. Desafortunadamente en la biblioteca de mi padre no hay ningún ejemplar, así que tengo que sacar copias de otro ejemplar que tiene una prima. Este 2018, Toluca del Toloache cumple 50 años de haber sido impreso, dato que nos recuerda el cronista de Toluca, Gerardo Novo, luego de observar que al editor del mismo, mi hermano Alfonso Sánchez Arteche a sus 16 años, se le ocurrió escribir en el colofón que Este volumen… se terminó de imprimir a las 0 Hs. del día 1º de enero de 1968… (¿acaso mi hermano se la pasó en la imprenta en vez de festejar el año nuevo como se debe?).

 

Considero que éste es el libro más irónico, jocoso, festivo, divertido, alegre y otros sinónimos que le quieran aplicar, que haya escrito mi padre, más aún que otros como sus reflexiones sociológicas en Uso y abuso del vocabulario prohibido (que también cumplió 50 años en 2017) y San Juan Chiquito. Un barrio de Toluca (este 2018 cumple 40 años), sus apuntes gastronómicos en Toluca del chorizo (1976) o sus cuentos en el Anecdotario Zoolatra y Botanista (este año cumple 25) y las Historias de gente y animales (1995).

 

Incluso, no dudaría ni tantito que, a fin de que bajaran las musas y le llegara la inspiración para escribir Toluca del Toloache, mi padre hubiera forjado algún carrujo de esa yerba y se hubiera echado a dormir varias monas.

Me parece que la mejor reseña que se ha escrito sobre esta obra es la que el cronista de Toluca, don Gerardo Novo, publicó en dos sendas entregas semanales a principios de este año. Para aquellos que les interese leerlas, al final de este artículo dejo dos vínculos de internet donde pueden encontrarlas. En este espacio me limito a exponer referencias para invitarlos a leer el libro.

 

En principio, el autor firma la obra sólo con pseudónimo: Profesor Mosquito, aunque los conocedores saben que se trata de Alfonso Sánchez García. Los monos o dibujos, en onda psicodélica, son de Marco Antonio Tourlay. A pesar de que el nombre del libro podría dar la idea de que sólo trata de la yerba que da nombre a la ciudad, como el subtítulo indica, también es una guía para invitar a los visitantes a conocer las partes interesantes de la misma.

 

La obra cuenta con una Introducción, quince capítulos y un apéndice mayor. No obstante, el índice no registra el capítulo XIII. Tal vez no fue casualidad que mi padre hiciera coincidir el número que provoca supersticiones con un tema prohibido pues lleva como título Sólo para hombres, donde da cuenta de una actividad que, supuestamente, no existía en Toluca: la prostitución. Incluso aclara que esas hojas están encuadernadas de manera que se pueden desprender anticipadamente para ser guardarlas en el secreto.

Por lo demás, el capítulo I da cuenta de Toluca y su sicodélico nombre, del cual ya he hablado. Los capítulos II al IV son una guía que conduce al viajero por zonas y barrios de Toluca a fines de los 60, mismos que se muestran en un mapa, psicodélico también, en la contraportada. Específicamente el II está dedicado a la memoria del imperio construido por don Luis Gutiérrez Dosal, el Midas, primer auténtico millonario que conocimos en esta ratonera provincia. El III plantea el contraste entre la zona rural representada por Santa Elena y las fábricas del Barrio sajón (el corredor industrial). El IV habla de la entrada a Toluca, el monumento a la Bandera y el Jardín Reforma.

 

Los capítulos V al XI hablan del centro de Toluca. El V trata de cómo el gobernador Juan Fernández Albarrán sepultó el antiguo Jardín de los Mártires (que el Mosquito llamaba Plaza de los Adefesios) y lo sustituyó por una plaza enorme, pétrea, solemne y apantalladora. El VI ensalza la obra de Arturo Vélez Martínez, primer obispo de Toluca, quien construyó la catedral luego de un siglo de que los tolucos tomaran misa en las ruinas del antiguo convento franciscano (muy mochos los tolucos, pero también muy codos para entrarle con limosnas para la obra). El VII habla del nuevo Palacio de Gobierno (el de Lerdo) y del viejo y feo inmueble que es hoy Palacio Judicial (en Bravo).

 

Los capítulos VIII y IX se refieren a los Portales: centro de reunión de los salivosos de la urbe y campo abierto de batalla para las eternas luchas amorosas; Necesitamos ser sinceros: [los Portales son grandes y anchos, pero feos], no adornan, pero acogen… sin los Portales, Toluca debió ser realmente una ciudad espantosa. En los capítulos X y XI el Mosquito hace una excelente crónica del antiguo tianguis (hoy Cosmovitral) y estamos de acuerdo con él en que Los bardos lugareños [le siguen debiendo] un ardiente y señorial poema bucólico a este que fue punto de reunión popular.

 

Con un lenguaje que hoy sería censurado por sexista y discriminador, en el capítulo XII el autor describe la Moralidad toluqueña asegurando que Toluca, desde el Monumento a los Niños Héroes, hasta el torreón de la Bandera, está limpia de toda prostitución”. Pero ya sabemos que estas líneas fueron escritas para las damas que visitaban Toluca, y que el capítulo XIII es el que realmente interesa a los varones al “ofrecerle el atractivo panorama humano… de modo que se lleve usted una verdadera impresión de lo que es el pueblo.

 

El capítulo XIV ofrece datos sobre población, clases sociales, religiones, prensa, cultura, escuelas y universidades. Llama la atención que en 1968 se estimaba que en Toluca había 120 mil gentes de las que “no matan, nomás tarantan”, como dice el dicho. Mientras que en el último capítulo reflexiona qué tan cierto es eso de Toluca buen gente, concluyendo que eso de los fríos toluqueños y las muchachas heladas no dejan de ser una leyenda negra.

 

No me resta más que referir la sorpresa mayúscula que tuve al saber que, aquellas historias que luego mi padre contaba de manera seria en sus crónicas periodísticas o en charlas de sobremesa, están presentes con su estilo irónico e inigualable en Toluca del Toloache.

 

Pero lo mejor de todo es que muy pronto los nuevos trovadores tolucos podrán actualizar los cantos a su ciudad bajo los influjos de la yerba que vaya creciendo por estos lares (aunque no precisamente sea toloache), sin temor a ser entambados o mal vistos por nuestra sociedad aún provinciana.