El discurso de la política

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“Un partido mudo carece de mensaje y no es partido porque no aglutina, ni tiene nada que decir; un partido que hable demasiado corre riesgos innecesarios. El punto exacto es un justo equilibrio. Actuar siempre. Hablar cuando sea preciso…”

Carlos Alberto Madrazo Becerra

 

 

La política es acción; es el vehículo que te conduce al poder, que te edifica y te permite destacar en tus relaciones sociales; la política se ejerce constantemente, no solo en los partidos políticos, ni en agrupaciones gremiales: la política es un estilo de vida para aquellos que propugnan por una cohesión social basada en un engranaje que no tiene fin pero sí un soporte que conduzca y edifique.

 

La política moderna es en esencia un dialogo permanente en las redes en las que se entretejen las ideas y las pugnas legitimas para defender los ideales más sentidos de la sociedad; pero también se asocia hasta nuestro presente en una simulación de combate; en donde desde la época romana clásica hasta nuestros días sigue imperando la ley del más fuerte, del mejor dotado y capacitado, del que sabe hacer prevalecer su tesis por encima de los argumentos agoreros de sus contrarios.

 

Todo el tiempo el político está comunicando, busca de forma inconsciente hacer cosas con palabras; crea y transforma realidades, atesora entre sus bienes más preciados el bello arte de la palabra, pues es a través de ese vehículo motor como se descifra ante la sociedad y se revela en esencia ante quien aspira le deposite su confianza. Es la palabra entonces, una habilidad básica para los políticos y para la política.

 

A través de la palabra se pretende influir en quien escucha o lee al político, valiéndose de diversos medios como: comunicados, manifestaciones escritas, los propios discursos o los posicionamientos que de acuerdo a su ideología representa y sustenta el político (son su eje motor), las declaraciones que realiza ante los medios de comunicación y por supuesto muy actual, su actividad dentro de las redes sociales; a través de estos medios el político se define y se construye ante la sociedad.

 

Este mensaje cargado de simbolismo en el actuar de la política, es vulnerable a la crítica no solo de los opositores sino de la sociedad a la que se dirige, de ahí la importancia de saber comunicar correctamente en la política, pues como sentencia de centella, recordamos qué el que no habla no existe; qué el que no sabe comunicar o no pretende comunicar poco puede pedir a la sociedad. Por ello, resulta indispensable, aprender a comunicar mejor y sobre todo lograr ser persuasivo; es decir: lograr a través de la palabra y la razón adherir voluntades hacia los fines que se persiguen.

 

En el nuevo discurso político –mismo que ha ido mutando a través de la historia-, la apariencia cuenta más que la esencia (se construyen personajes), la imagen cuenta más que las ideas, la forma tiene mayor peso que el contenido (importa más el cómo se dice el mensaje que cuál es la tesis que se sustenta), las fórmulas retóricas están destinadas a producir impacto, neutralizando el discurso del adversario; derivado de los modernos estilos comunicativos, el discurso político se ha transformado, adecuándose a los estereotipos sociales.

 

Dos son los objetivos que se plantean al proyectar un discurso político: el primero de ellos consiste en transmitir el liderazgo y las características de afabilidad de una persona, es concretamente, conceptualizar las virtudes de alguien a través de la arenga; aquí, se busca proyectar el liderazgo y exponenciarlo, para que el auditorio que lo escucha respalde a la persona. El segundo objetivo el discurso propiamente dicho, pretende transmitir una tesis concreta: es decir, potencializa la idea, las propuestas, la plataforma política de algún agente político, por lo tanto; debe tener una forma y estructura muy particular que le permita conectar con el auditorio y ser recordado en el inconsciente colectivo.

 

A diferencia de otros tipos de discurso, el político; tiende a generar polémica, lo cual es en esencia necesario para que quien lo pronuncie se distinga de los demás actores políticos, haciendo propugnar nuestras ideas como las más asequibles y contundentes para resolver los problemas que aquejan a la sociedad. Debe de estar sustentado; es decir; que cada palabra que tenga eco en la sociedad debe tener sonoridad, manejando una estructura idónea que permita ejemplificar soluciones, y solvente el dicho a través de pruebas que generen credibilidad en el auditorio.

 

Es innegable que todo mensaje político lleva en sí mismo una estrategia, un plan de acción que nos permitirá alcanzar nuestros objetivos. Es el discurso político: el discurso de la razón social, que debe ser palpable para la sociedad; bajo nuestra tesis sustentada al amparo de la palabra –el discurso político- debe cumplir en boca de quien lo propugne con la triada: “pensamiento, palabra y acción”. Pensar antes de hablar para evitar compromisos inalcanzables; hablar cuando es necesario comprometiendo la palabra, pues esta debe ser dignificada por quien honradamente la pronuncia; acción, que nos lleve a generar una buena reputación y convenza voluntades pues se testifica con hechos, el compromiso que con palabras los políticos defienden.