El educando y su penar

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Nada fácil la vida para Benito Pablo Juárez García. Nada desde su infancia, en su juventud, que vio directamente la rebatinga que era el país apenas llegado a su independencia formal. Nada había cambiado como muchas veces ocurre en contra de los intereses de la mayoría del pueblo. El partido republicano adoptó después la denominación de El partido Yorquino y desde entonces comenzó una lucha encarnizada y constante entre el partido Escocés que defendía el pasado con todos sus abusos y el partido Yorquino que quería la libertad y el progreso; pero desgraciadamente el segundo luchaba casi siempre en desventaja porque no habiéndose generalizado la ilustración en aquellos días, sus corifeos, con pocas excepciones, carecían de fe en el triunfo de los principios que proclamaba, porque comprendían mal la libertad y el progreso y abandonaban con facilidad sus filas pasándose al bando contrario, con lo que desconcertaban los trabajos de sus antiguos correligionarios, les causaban su derrota y retardaban el triunfo de la libertad y el progreso. Eso pasaba en lo general a la República en el año de 1827.

 

Siguiendo la huella de estos escritos hechos con la sinceridad de un corazón que ama a su patria, podemos ir entendiendo cómo es que Agustín de Iturbide tomó el mando de manera oportunista y estuvo a punto de seguir los pasos de Europa en crear emperadores y clases aristocráticas autóctonas, con todos los defectos de aquellas que había en el siglo XIX, en ese continente.

 

Desde la firma de nuestra independencia hay cosas que saltan a la vista, y nos hacen preguntar qué sucedía en esos días vitales para el nacimiento de un país. Dolor, caos, falta de principios, falta de respeto a los requerimientos de las grandes masas, que no sólo buscaban ser libres de los españoles, sino también, reiteradamente, tener justicia y buscar la igualdad entre los nacientes mexicanos: sueño guajiro. La desesperación del poeta y liberal independentista José María Heredia y Heredia, que vino desde Cuba a ver y vivir cómo se forjaba una patria independiente y democrática fue de fracaso en fracaso, habiendo tenido relación con don Guadalupe Victoria, o habiendo estado cerca del dictador Antonio López de Santa Anna, al que por cierto, siendo diputado por el estado de México, se atrevió a contradecir la propuesta de nombrar a sus correligionarios como hijos predilectos de la patria estando en vida. Su rechazo ya sabemos lo que causó en tal presidente —vituperado por muchos— y sin embargo ocupó la presidencia del país por once veces. Se dirá que negarle el permiso para nombrar a sus amigos estando en vida, como próceres de la nación muchas veces sin merecerlo y siendo diputado, no le daría enojo al dictador, pero ese tipo de hechos a quien desea hacer carrera política muy poco le puede favorecer. José María Heredia muere en la pobreza en el año de 1939 en ciudad de México, con un poco más 35 años de edad.

 

No contradecir en sus propuestas al gobernante en turno. Muchos menos en ese siglo bárbaro que fue en México en el XIX: recordemos que esas propuestas desde lo alto son intocables, como sucedió con Porfirio Díaz, quien puso el nombre de su suegro a Cuautitlán el viejo, estado de México, nombrando el distrito político mexiquense con ese título: Cuautitlán de Romero Rubio. El cronista municipal don Alberto Fragoso a finales del XX, le negó ese reconocimiento a su municipio, comprobando la clase de fichita que era el señor, por más que fuera el suegro del dictador.

 

México nació del dolor y en el dolor seguía en la primera década de los veinte ya independiente. Tal y como se venían sucediendo en países de Sudamérica con sus héroes: Francisco Miranda, Simón Bolívar, José de San Martín, Bernardo O’Higgins, Antonio José de Sucre y Alcalá, José Gervasio Artigas y muchos más, convencidos que era la hora de liberar a Venezuela, Colombia, el Perú, Bolivia, Uruguay y Argentina entre otros. La lectura de estas proezas en tan enorme territorio, nos enorgullece a todos los que hemos nacido en estas patrias. Fue el siglo XIX el despertar de nuevos pueblos y nuevas culturas, que hoy son prueba de la grandeza de sus habitantes.

 

Benito Juárez, que pertenece a esta generación de libertadores y creadores de naciones. Cuenta que en esos primeros años, su estado de Oaxaca, sufría los mismos problemas que la nación: En lo particular del Estado de Oaxaca donde yo vivían se verificaba también, aunque en pequeña escala, algunos sucesos análogos a los generales de la Nación. Se reunió un Congreso Constituyente que dio la Constitución del Estado. Los partidos liberales y retrógrado tomaron sus denominaciones particulares llamándose Vinagre el primero, y Aceite el segundo. Ambos trabajaron activamente en las elecciones que se hicieron de diputados y senadores para el primer Congreso Constitucional. Día a día, Juárez se iba preparando, nadie podía pensar que un indio zapoteca pudiera pasar de sus estudios elementales… luego eclesiásticos… y después en el mundo de los laicos, donde él sabía que estaba su destino.

 

Amar la educación y ser un hombre culto, que le permitiera comprender los sucesos de la vida, a partir de su pueblito de 20 familias en San Pablo Guelatao, hasta la capital que también día a día parecía comérselo de tan difícil que era salir adelante con todo en contra; Benito Juárez es una proeza en el mundo de la educación. Sin lisonjas vanas, ni elogios a quien sufrió desde el inicio toda su vida por alcanzar las altas metas que bien merecidas las tuvo, pues nunca cejó en ir hacia adelante: primero por los estudios de la lectura y escritura, después yendo a un espacio educativo de más amplia visión, teología, gramática, filosofía, fueron parte de la disciplina en su estudio, por eso con sencillez dice haber alcanzado las más altas calificaciones; y la final su decidido carácter para estudiar en el centro educativo que le ofrecía más extensas áreas de estudio, que no lo circunscribieran a los estudios reiterados de la teología pues bien sabía que ya la edad media había pasado en Europa, y los estudios de las nuevas ciencias era lo justo para quien aspirara a ser un profesionista digno en la sociedad que lo cobijaba. Así vemos a don Benito en esa primera década del México y la Oaxaca independientes. No dice a nadie que desde que nació aspira a ser presidente de la República, sólo aspira a poder estudiar fuera del Seminario, en lo que ha de ser una institución de gran reconocimiento en la historia educativa de México.

 

Así leo sus escritos: El partido liberal triunfó sacando una mayoría de diputados y senadores liberales, a lo que se debió que el Congreso diera algunas leyes que favorecían la libertad y progreso de aquella sociedad que estaba enteramente dominada por la ignorancia, el fanatismo religioso y las preocupaciones. Es interesante ver cómo Juárez resume el estado de la sociedad mexicana y de la entidad en donde vive. Con cuatro palabras: ignorancia, fanatismo religioso, preocupaciones. Nos pone a pensar cómo era que se vivía hace más de dos siglos en el país que hoy vivimos y en Oaxaca, donde las preocupaciones: pobreza y desigualdad social, están presentes hoy; como si no hubiera habido independencia, reforma y revolución. Nos dice algo que ha de ser al fin la base de su alta educación: le permitirá convivir con genios que la generación de la Reforma aporta al México independiente, escribe: La medida más importante por sus trascendencias saludables y que hará siempre honor a los miembros de aquel Congreso fue el establecimiento de un Colegio civil que se denominó Instituto de Ciencias y Artes, independiente de la tutela del clero y destinado para la enseñanza de la juventud. Divinas creaciones son las escuelas cuando se fundan bajo el espíritu de la ciencia y la cultura.